Peñalba de la Sierra

Peñalba, o como se la conoce desde 1916, «Peñalba de la Sierra«, es la última aldea de la Tierra Media o Entorno de los pueblos abandonados de Ayllón. Final de trayecto de la carretera GU-187, Peñalba es un pueblo perdido, recóndito, aislado del mundo, y lejos de todo y de todos.

Administrativamente es una pedanía de El Cardoso de la Sierra y pertenece a la provincia de Guadalajara. Está ubicada en el fondo del valle surcado por el Arroyo de Cañamar, a unos 1278 m de altitud, y se resguarda de los fríos del invierno al abrigo de las cumbres que la circundan (Morra del Segoviano, Peña de Carrasquilla, Majalhoyo, Cerro de la Dehesa y Cerro Águila).

La Tierra Media de Ayllón estuvo probablemente ya habitada en la época prerromana, pero de forma muy dispersa y errática. Esta situación se mantuvo en tiempos de los romanos, así como durante el periodo visigodo. Bajo la dominación musulmana, se inició una incipiente repoblación con tribus de bereberes de carácter pastoril. A partir de los siglos IX y X comenzó la Reconquista, liderada por el Conde de Castilla Fernán González, quien recuperó Sepúlveda pugnando con Almanzor y le concedió su Fuero, por su nieto Sancho I, y por Alfonso VI (S.XI). En los siglos sucesivos (XII y XIII) comenzó a repoblarse la sierra con cristianos procedentes de Sepúlveda (Segovia) y comenzaron a establecerse los núcleos de población que hoy conocemos. Los más potentes por aquel entonces eran El Cardoso y Colmenar de la Sierra, que desde 1278 tenían la condición de «Villa» y estaban integrados en la «Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda». De Colmenar dependían la mayoría de pueblos de la zona: La Hiruela, Bocígano, Cabida, Corralejo, La Vihuela, La Hiruelilla o Hiruela Vieja y Peñalba de la Sierra. En el año 1368 o 1373, según las fuentes, el territorio pasó a manos de la Casa de Mendoza, incorporándose al Señorío de Buitrago. Ya en el S.XVII, se asoció al Marquesado de Montes Claros, y así permaneció hasta el final del Antiguo Régimen y los Señoríos que propiciaron las Desamortizaciones del S.XIX. Dichas desamortizaciones produjeron graves desavenencias por la titularidad de las tierras entre los vecinos de El Cardoso, Colmenar y El Vado y el Marqués de Montesclaros. En 1834, La Hiruela, Peñalba y Bocígano dejaron de depender de Colmenar de la Sierra y obtuvieron su propio ayuntamiento, mientras que las desaparecidas aldeas de El Bustar y Pinarejo pasaron a depender de Bocígano. En ese mismo año se realizó la actual división provincial española, en la que Colmenar, Bocígano, El Cardoso y Peñalba quedaron incluidas en la provincia de Guadalajara. En la primera mitad de S.XX, la comarca perdió muchos habitantes a causa de enfermedades y epidemias como la gripe española de 1916. Durante la Guerra Civil Española (1936-39), Peñalba quedó en territorio republicano hasta que fue recuperada por el bando nacional en 1939. A partir de los años 60, coincidiendo con la industrialización de Madrid, los habitantes de toda la zona comenzaron a emigrar hacia la capital, lo que condujo a una progresiva despoblación. La diáspora tuvo como consecuencia que en 1973 se reorganizasen los municipios, de forma que Colmenar, Corralejo, La Vihuela, Bocígano, Cabida y Peñalba pasaron a depender de El Cardoso. En 1981 llegó por fin a Peñalba la carretera asfaltada, la luz, el teléfono y el agua corriente.

Algunos datos y fotografías antiguas han sido tomados de: Historia de la Serranía de El Cardoso, Peñalba de la Sierra, country of my love.

Hoy por hoy, Peñalba es una aldea semi-abandonada, que permanece un tanto inmune a la recuperación económica y demográfica que si han experimentado otros pueblos vecinos. Otrora habitada por unas 70 familias, actualmente viven en ella solo 4 personas de forma permanente. Ellos dicen que «el pueblo es aburrido, ventoso y fresquito en verano«, pero también que les encanta el aburrimiento y que no quieren que nadie venga a cambiarles su pequeño paraíso y a privarles del delicioso tedio que pone paz a su tiempo y calidad de vida en sus años. Los «peñalberos«, que así se hacen llamar, reparten su vigilia entre cuidar las vacas y la apacible vida contemplativa, en palabras suyas, «un paseo, apañar el huerto, atender el ganado, alguna que otra reparación y sobre todo, alternar«. En el arte de alternar son maestros, al igual que en el de arreglar los problemas del país a la sombra del Guernika. Como anécdota, hay que decir que a raíz de un programa televisivo del año 2010, a Peñalba se le conoce como el «Pueblo de los solteros«. Ello fue en honor a Luis, Isaías, Alberto y Marcelino, que por entonces todavía no habían encontrado mujer con quién compartir su vida.

La aldea se articula en torno a su alargada Plaza del Ayuntamiento, que alberga la Casa Consistorial, un anciano nogal apodado «El Guernika» y la Iglesia Parroquial de San Pedro*, de torre cuadrangular reforzada con sillares en las esquinas y donde se celebra una misa mensual. Dice otro de sus vecinos que «una de sus dos campanas fue atravesada por una bala de fusil en la guerra y ahí sigue«.

(*) Nota aclaratoria: En torno al nombre de la Iglesia de Peñalba reina cierta confusión, motivada por las maldades de Internet, que trasmite las mayores falsedades tan rápidamente como las mayores verdades. Muchas publicaciones se refieren a ella como la "Iglesia de San Ramón Nonato". Falso. Es la Iglesia de San Pedro. La razón del error está relacionada con las fiestas que celebra Peñalba. Tradicionalmente eran dos, las de San Pedro a finales de junio, que duraban 2 días, y las de San Ramón a finales de agosto, que se prolongaban durante 3 días. Poco a poco, las primeras fueron cayendo en el olvido en detrimento de las segundas, quizá porque en agosto había más gente en el pueblo, quizá porque coincidían con las de las aldeas vecinas (Bocígano celebra "La Machada" el penúltimo fin de semana de agosto), o tal vez porque duraban un día más. El caso es que, hoy por hoy, cuando se habla de las fiestas de Peñalba se piensa en las de San Ramón. Como quiera que en estos pueblos, el titular de la iglesia suele coincidir con el patrón de las fiestas, pues se cree que la Parroquia es San Ramón. Pero no, es San Pedro.

Muy cerca del templo, Calle de la Plaza abajo, encontramos la curiosa estatuilla de San Tragazán, patrón de La Hiruela, que descansa sobre el tronco de un olmo seco. Al parecer, como reza la inscripción que hay bajo la misma, se trata de una donación que se hizo al pueblo en el año 1911.

Tirando de un escondido bar que, según nos dijo otra de sus vecinas estacionales «sólo sirve botellines«, el pueblo celebra sus fiestas de San Ramón el último fin de semana de agosto, las de San Pedro a finales de junio y la «Quema del Judas» en Semana Santa. Últimamente, la comentada pugna entre las dos fiestas se está intentando equilibrar tratando de recuperar las fiestas de San Pedro.

Con respecto a sus casas, hay de todo. Algunas están medio o prácticamente derruidas, otras no están ni siquiera enfoscadas, y algunas, cada vez más, están bien restauradas y cubiertas de la piedra típica de la zona.

En la parte alta de la aldea, sumergido en el robledal que envuelve el arroyo que baja por la falda de la Morra del Segoviano, está su precioso camposanto, uno de los pocos que he visto que «invitan» a morirse.

En las afueras orientales se halla la Dehesa Boyal, un precioso bosque de robles melojos que tapizan la Loma de las Cabezadas antes de que ésta muera en el Arroyo de Cañamar.

Dos joyas en las inmediaciones de Peñalba: la Cascada del Cañamar y la aldea abandonada de La Hiruelilla

No muy lejos de Peñalba, unos 2 km al E, se localiza uno de los rincones más bellos de la Sierra de Ayllón, la Cascada del Cañamar, un espectacular salto de agua de unos 15 m de altura. A pesar de estar escondida en las profundidades del cañón por el que el arroyo se escapa del pueblo en busca del Jaramilla, se puede llegar relativamente fácil hasta ella siguiendo la Vereda del Puente.

El otro de los tesoros de Peñalba es La Hiruelilla (1370 m), también conocida como Hiruela Vieja, un despoblado ubicado unos 4 km al NE del pueblo. El paraje en el que se asienta es una auténtica preciosidad, una bucólica pradera al pie de la falda E del Cerro Águila, colgada literalmente sobre el Cañón del Jaramilla y enfrentada al Barranco Malo y al Cabezo de San Pedro. Por desgracia, de la pequeña aldea, que llegó a contar con 13 «vecinos pecheros» en el año 1750* y que fue abandonada a mediados del S.XX, solo quedan las ruinas. El mazo del tiempo y la Madre Naturaleza es implacable y actualmente solo siguen en pie las partes bajas de los muros de las antiguas casas y «tainas«, como se le llama en esta sierra a los cobertizos o apriscos utilizados para resguardar el ganado o como parideras. Aunque hoy nos puede parecer un sitio aislado e inhóspito para asentarse, lo cierto es que en el pasado no lo debía ser tanto, ya que estaba relativamente cerca del Camino Viejo de Peñalba, una antigua ruta que unía Peñalba con Riofrío de Riaza, comunicando las vertientes guadalajareña y segoviana de Ayllón.

(*) Bibliografía: El Bocígano - Blogia. 

La tragedia que puso a Peñalba en el mapa

Un dato curioso acerca de este pueblo es que el 1 de febrero de 1956, un avión Junkers Ju 52 del Ejército del Aire español, que realizaba un servicio postal entre los aeródromos de Villanubla (Valladolid) y de Valenzuela (Zaragoza), se estrelló en las proximidades de Peñalba muriendo sus 7 ocupantes. Bajo uno de los mayores temporales de frío de la historia de España, los restos del aparato y sus ocupantes se buscaron infructuosamente durante días en la zona del Alto del Rey, el Ocejón, el Moncayo y los Picos de Urbión, donde se pensaba que se había estrellado. Casi una semana después, el día 7, el aparato fue localizado en la Majada del Cacho, entre Peñalba de la Sierra y Riofrío de Riaza. En este recóndito paraje, ubicado al S de Peña la Silla y en las inmediaciones del nacimiento del río Jaramilla, hay hoy una cruz conmemorativa. La difícil orografía del terreno, la nieve y el hielo complicaron sobremanera la evacuación de los cadáveres, que hubo de hacerse a hombros de camilleros durante 1 km, luego a lomos de caballería por pista y finalmente en ambulancia hasta Riaza, desde donde fueron trasladados al Hospital General del Aire en Madrid para la instalación de la capilla ardiente. No deja de ser curioso que, a pesar de los enormes atractivos mencionados de Peñalba, tuvo que ser una tragedia la que la diese a conocer al resto de España y del mundo.

Rutas de senderismo desde el pueblo

En los siguientes enlaces de nuestro blog puedes descubrir algunas de las muchas rutas de senderismo que se pueden hacer desde Peñalba: