Las Fragas del Eume

En Galicia se le llama fraga a un bosque denso de diferentes especies, en el cual casi no entra la luz al no poder atravesar la tupida capa de ramas y hojas. Wencesalo Fernández Flórez describió la Fraga de Cecebre, en la que está ambientada su novela “El Bosque Animado” (1943), como un lugar que “es toda vida: una legua, dos leguas de vida entretejida, cardada, sin agujeros, como una manta fuerte y nueva, de tanto espesor como el que puede medirse desde lo hondo de la guarida del raposo hasta la punta del pino más alto”. En el interior de una fraga hay una humedad muy alta y una temperatura muy homogénea, lo que favorece la frescura y sobre todo, la vida.

Las Fragas del Eume, que albergan uno de los bosques atlánticos de ribera mejor conservados de Europa, son un ejemplo perfecto de este tipo de ecosistema y un rincón privilegiado de la naturaleza. Declarado Parque Natural en 1997, las Fragas se extienden a ambos lados del Río Eume dentro del triángulo isósceles cuyos vértices son Pontedeume, As Pontes y Monfero, aunque también abarca parte de los municipios de Cabañas y A Capela, todos ellos en la provincia de La Coruña. El parque consta de poco más de 9000 hectáreas, en las que apenas vive gente (solo unas 500 personas), lo que da una idea de la virginidad y aislamiento de este paraje.

En su exuberante bosque conviven multitud de especies arbóreas, siendo el roble la predominante. Además hay castaños, pinos, abedules, alisos, fresnos, tejos, avellanos, chopos, olmos, cerezos, laureles, acebos, madroños y alcornoques. Y por supuesto, no faltan los controvertidos eucaliptos blancos (13,3% de los árboles del parque). Esta especie fue introducida en Galicia por Fray Rosendo Salvado, que envió semillas a Tuy desde su misión Australiana. Por su rápido crecimiento y su utilidad en la industria maderera y papelera, son muy empleados en Galicia para la reforestación. No obstante, hay estudios que constatan su capacidad para reducir la biodiversidad de su entorno y empobrecer el suelo y su mesofauna, así como su gran propensión a propagar el fuego (el último asoló 750 hectáreas en la primavera de 2012). Aunque estos trabajos son criticados, no hace falta más que mirar bajo una plantación de eucaliptos para darse cuenta que a su sombra que no crece nada. En las riberas húmedas y sombrías de la Fraga también se conserva una amplia colección de líquenes (unas 200 especies), musgo y helechos (más de 20 especies). Todos juntos conforman una heterogénea y espesa selva en la que cada especie ocupa su lugar.

En el medio de este bosque umbrío corre el agua, en forma de pequeños riachuelos que originan fuentes y cascadas y que terminan en el gran río Eume, que ha labrado en su curso por las Fragas un espectacular cañón cuyas abruptas laderas llegan a tener 300 m de altura.

Pequeña cascada en el río Sesín (Rego da Mazoca).
Puente románico sobre el río Sesín o Puente de Caaveiro.
Las aguas cristalinas del Eume a su paso por las Fragas.
Represa.
Río Eume.
Puente colgante sobre el Eume.
El Eume a su paso por As Fragas.
Cañón del Eume visto desde el Mirador de Teixido. Abajo, la Presa do Eume.
Cañón del río Eume visto desde el Mirador de Pena do Teixo.

Pero no todo es verde en Las Fragas. Escondido en lo más profundo del bosque, se alza el Monasterio de Caaveiro, un cenobio con más de 10 siglos de historia desde el cual se tienen unas magníficas vistas del entorno.

En el centro, perdido en la espesura de las Fragas, el Monasterio de Caaveiro.

Y luego está el tiempo. Ese clima gallego que llevó a la desesperación a San Rosendo y fue motivo de la “Leyenda del Salmón y el Anillo”, es sin embargo el gran protagonista y cómplice de Las Fragas. Si bonito es visitarlas un día soleado, para mi es mucho más impresionante sumergirse en ellas en un día gris, con el orvallo empapándonos silenciosamente, en el que el vapor de agua en forma de neblina se levanta suavemente desde la superficie del río y crea una aureola de misterio y fascinación.

Pues todo esto y más son las Fragas del Eume. Un lugar mágico en el que todos los árboles, sea cual sea su especie, forma y edad, tienen protagonismo, luchando y relacionándose entre ellos, entablando conversaciones como si de seres humanos se tratara y dejando juguetear a su lado a meigas y saltones duendes que uno solo puede ver con la mirada de un niño.