En el fondo de los valles ancareses o en lo alto de pequeños cerros que dominan los mismos, encontramos preciosos y recónditos pueblos, aldeas olvidadas donde pervive la verdadera esencia de esta sierra y donde el tiempo y la vida parecen haberse detenido hace muchos años.
En la vertiente lucense están, entre otros: Piornedo, Moreira, Donís, As Pontes, Vilarello, Xantes, Robledo, A Degrada y Deva.

En Los Ancares leoneses encontramos las 11 aldeas pertenecientes al municipio de Valle de Ancares (Balouta, Suárbol, Tejedo de Ancares, Pereda de Ancares, Candín, Suertes, Espinareda de Ancares, Villasumil, Sorbeira, Lumeras, y Villarbón) y además otros pueblos y despoblados como La Bustarga, Penoselo, Burbia y Balboa.
La arquitectura tradicional ancaresa, que hace años estaba presente en casi todas las construcciones de la sierra, resiste a duras penas el inexorable paso del tiempo. El motivo es doble: por un lado su deterioro natural y por otro el enorme sacrificio económico que exige su mantenimiento. Sus elementos más típicos son las pallozas y los hórreos de teito, ambos con techumbre de centeno. Las primeras estaban presentes en los pueblos de ambos lados de la sierra, pero actualmente sólo perviven en el lado lucense, mientras que en el lado leonés son casi anectódicas. Muchas perecieron a devastadores incendios (Balouta, Suárbol, Suertes, Campo del Agua), otras se han ido cayendo, y en no pocos casos sus propietarios han cambiado el techo vegetal por otro de uralita o chapa, con el fin de protegerlas a menor coste. Resulta paradójico y trágico que la Comunidad Autónoma de Galicia presuma de que las pallozas de Piornedo, el pueblo que cuenta con un mayor número (unas 14), son patrimonio histórico, pero que sin embargo su mantenimiento no esté subvencionado y corra íntegramente a cargo de sus dueños. Algunas se han reconvertido en museos, como la Palloza del Señor Antonio en Pereda de Ancares y la Palloza Casa do Sesto en Piornedo.









En cuanto a las casas, hay ciertas diferencias entre el lado gallego y el berciano. En Galicia predominan las casas de piedra con tejados de pizarra, siendo una de las más destacadas la Casa de Casoa de Donís, que cuenta con un escudo del S.XVI. En la zona leonesa son típicas las casas «de lousa», con corredor y patín.




La casa tradicional berciana está construida a base de piedra, pizarra y madera. Originalmente eran de una sola planta, aunque evolucionaron a dos, siendo la primera utilizada para el ganado, como almacén, despensa o bodega, y la superior para la vivienda. Solo ocasionalmente cuentan con una tercera planta, bajo cubierta, dedicada a desván o sobrado, en la que se solían guardar las uvas o la matanza ya curada. Los muros son de piedra obtenida de las zonas montañosas, generalmente roca pizarrosa, cuarcita y granito. Los tejados están hechos de losas irregulares de pizarra, que sustituyen a los tradicionales "teitos" de paja de centeno, utilizados en las pallozas hasta el S.XIX. De ahí lo de "casas de lousa". La pizarra también se emplea para recubrir la chimenea y el suelo de la planta baja. Siempre que se podía, la casa se construía con un corredor de madera de roble o castaño. Éste volaba sobre la calle con barandilla o tableteado, recorriendo la fachada principal, aunque en algunos casos prolongaba a otros lados de la casa. El corredor no era una terraza de recreo, sino que se empleaba para hacer labores manuales en tiempo de lluvia, para secar pimientos (guindillas que luego se molían para hacer pimentón), el maíz, y hasta las ramas de laurel que se utilizaban el Domingo de Ramos y luego como condimento esencial. El patín, o escalera de losa de piedra que subía a la planta alta, es otro elemento característico de estas viviendas.






Por lo que respecta a la arquitectura religiosa, casi todos los pueblos cuentan con pequeñas iglesias o ermitas, de estilo rural y con espadaña, habitualmente de doble campana.
En la vertiente lucense…





Y en la vertiente leonesa…















En ambos lados de la sierra encontramos preciosos molinos harineros, que han llegado hasta nuestros días en distinto estado de conservación. En el lado berciano hay 2 movidos por el Río Cuíña (los de Tejedo y Pereda) y otros 3 alimentados por el Arroyo de la Vega (los de Suertes). En el lado lucense destacan el Muíño da Barcia en Robledo y el de As Pontes, una aldea conocida por el sobrenombre de «La Aceña«, ya que los vecinos de la comarca acudían a ella para moler el centeno en su molino.







En el lado lucense de la sierra hay un castillo, el de Doiras, que data del S.XV.

Los puentes de piedra son otro elemento arquitectónico destacado de Ancares. En el lado berciano destaca en Puente romano de Burbia, y en el gallego los puentes sobre el Río da Veiga Cimeira por encima de Piornedo (O Cotarón y Teixidoira).



Y por último están las fuentes de piedra, mucho más presentes en el lado lucense que en el berciano debido a la mayor abundancia de agua.


























