La Bustarga es una pequeña aldea berciana perteneciente al municipio de Vega de Espinareda, aunque antiguamente dependía de Burbia. Está ubicada a unos 911 m de altitud, en el margen derecho del Valle de Ancares, al S de Villarbón y al N de San Martín de Moreda. En ella confluyen dos arroyos, del Cuvial y del Amor de la Presa, para dar lugar al Arroyo del Penedón, afluente del Ancares. Según Pascual Madoz, en el S.XIX La Bustarga tenía tenía 48 vecinos y 10 casas habitadas. Con anterioridad, el en Catastro de la Ensenada se registraron 40 casas habitadas, y el diccionario de Miñano describía una población de 66 habitantes y 20 casas ocupadas. Al igual que el vecino Villarbón, la aldea fue víctima del éxodo masivo que experimentó el medio rural en los años 60 y 70, quedando prácticamente deshabitada. De acuerdo con los datos del INE, desde el año 2000 el número máximo de habitantes que ha tenido es 5, y en 2023 eran 2.



Cuando nosotros la visitamos en el año 2024, encontramos muchas casas semi-derruidas, pero también otras bien restauradas, una incluso con piscina. La mayoría de las viviendas se acumulan en el barrio oeste, por el que baja la Regueira de Valdacasa (Arroyo del Cuvial).









En la calle de abajo hay varias casas tradicionales bercianas con corredor rehabilitadas, uno de los grandes tesoros del pueblo.




La casa tradicional berciana está construida a base de piedra, pizarra y madera. Originalmente eran de una sola planta, aunque evolucionaron a dos, siendo la primera utilizada para el ganado, como almacén, despensa o bodega, y la superior para la vivienda. Solo ocasionalmente cuentan con una tercera planta, bajo cubierta, dedicada a desván o sobrado, en la que se solían guardar las uvas o la matanza ya curada. Los muros son de piedra obtenida de las zonas montañosas, generalmente roca pizarrosa, cuarcita y granito. Los tejados están hechos de losas irregulares de pizarra, que sustituyen a los tradicionales "teitos" de paja de centeno, utilizados en las pallozas hasta el S.XIX. De ahí lo de "casas de lousa". La pizarra también se emplea para recubrir la chimenea y el suelo de la planta baja. Siempre que se podía, la casa se construía con un corredor de madera de roble o castaño. Éste volaba sobre la calle con barandilla o tableteado, recorriendo la fachada principal, aunque en algunos casos prolongaba a otros lados de la casa. El corredor no era una terraza de recreo, sino que se empleaba para hacer labores manuales en tiempo de lluvia, para secar pimientos (guindillas que luego se molían para hacer pimentón), el maíz, y hasta las ramas de laurel que se utilizaban el Domingo de Ramos y luego como condimento esencial. El patín, o escalera de losa de piedra que subía a la planta alta, es otro elemento característico de estas viviendas.

En la parte alta está la Ermita de Santa Ana, una reliquia en tan lamentable estado de conservación que figura en la lista roja del Patrimonio. El templo original data de los siglos XV y XVI, pero fue erigido sobre otro medieval. Es de planta rectangular y su elemento más destacado es la espadaña, con hueco para dos campanas. El cuerpo central se ha derrumbado y el ábside está en peligro de hacerlo.





Bajo la aldea corre el Arroyo del Amor de la Presa, utilizado tradicionalmente por los vecinos para el riego.


A las afueras, camino ya de Villarbón, hay una fuente-abrevadero del año 1965.



