Suárbol

Suárbol es un pequeño pueblo leonés localizado en la Sierra de los Ancares. Administrativamente, pertenece al municipio de Candín (Comarca de El Bierzo). Está ubicado a unos 1120 m de altitud, en la parte baja del Valle del Arroyo de la Vega, al pie de las caras noroccidentales de los Picos Brañutín y Peña Venera, y a escasos metros de la frontera con la provincia de Lugo. De hecho, el pueblo vecino, Piornedo, pertenece ya a Galicia.

Dicen que antiguamente la aldea se llamaba «Ambasaguas«, en referencia a los dos ríos que confluyen en ella: el de Riocovo al N y el de Barrialín (al S). Ambos regos desembocan al O del pueblo en el Río de la Vega para dar lugar al Río de Moreira.

En el S.XIV se cambió el nombre por el actual. El motivo hay que buscarlo en una vieja leyenda, creíble o no, pero en cualquier caso preciosa. Ambasaguas y Balouta compartían iglesia, la cual estaba emplazada en un lugar conocido como «O Coladín». La Virgen (Santa María), aparecía cada mañana lejos de la misma, debajo de un árbol ubicado en Ambasaguas. Los vecinos, creyendo interpretar los deseos de la Virgen, trasladaron piedra a piedra el templo hasta el lugar donde se levanta hoy la Iglesia de Santa María y el pueblo pasó a ser «Su-árbol«. El edificio que hoy contemplamos es del S.XVII y es de estilo barroco clasicista.

Tradicionalmente, al igual que sus vecinos Balouta y Piornedo, el pueblo contaba con múltiples pallozas y hórreos de teito típicos de Ancares. Es más, Suárbol presumía de tener la palloza más grande de la sierra, la llamada «Gran Palloza de Suárbol«. Por desgracia, en 1957, un devastador incendio arrasó con todo y la reconstrucción posterior ya no las recuperó, sino que las sustituyó por viviendas y hórreos con tejado de pizarra.

Una de las viviendas históricas de la aldea es la llamada «Casa dos das Cadeas«, que cuenta con unos curiosos bajorelieves sobreimpresionados en su fachada principal. El simbolismo de los mismos le fue explicado a Xan Ramírez* por Doña Pilar y su marido Maximino, quienes tiempo ha eran, en contra de la voluntad de sus hijos que vivían en Barcelona, los últimos habitantes de un pueblo víctima de la despoblación rural.

«Miré, hai monto tempo, eu xa non recordó, de cando o tempo dos mouros, estamos a falar de antes do século XV, os homes de está casa foron a loitar contra eles (os mouros), e na porta da sua cidade cortaron a cadea que a protexía, e ahí está el dicindo con unha mau “os teño ben postos”, e coa outra espada en alto (que case non se aprecia hoxe)»

Y otra de sus joyas es la Calzada Romana, que en el pasado unía las minas de oro de Ibias (Asturias) con las del Bierzo. Actualmente, en el pueblo viven de forma habitual unas 15 personas, dedicadas a la ganadería y a la agricultura de subsistencia.

(*) Agradecimientos: a Xan Ramírez, del Club de Montaña de Ferrol, quien amablemente me ha cedido las fotos más antiguas y me ha contado tantas historias.