El Río Lozoya y la historia del agua de Madrid

El Lozoya es un río enteramente madrileño que atraviesa transversalmente (de O a E) la Comunidad, a diferencia de la mayoría de los ríos de la región, que lo hacen verticalmente. Su curso, desde su nacimiento en el municipio de Rascafría, hasta su desembocadura en el río Jarama a escasos metros del Pontón de la Oliva (municipio de Uceda), tiene 91 km de longitud.

El río se origina en la Sierra de Guadarrama, bajo el Macizo de Peñalara y La Cuerda Larga, a partir de la fusión de varios arroyos: el arroyo de Peñalara, que nace en la Laguna Grande del mismo nombre; el arroyo de Guarramillas, que surge en la ladera septentrional de la Bola del Mundo; y el arroyo de las Cerradillas, que se origina bajo Cabeza de Hierro Menor y Valdemartín, se unen para formar el Río de la Angostura, embrión del Lozoya. Un poco más abajo, cerca ya de Rascafría, después de recibir las aguas de los arroyos de Barondillo, el Aguilón, la Umbría o Garcisancho, Santa María, Artiñuelo, La Saúca, Hoyo Claveles y la Cantera, el Angostura pasa a llamarse oficialmente río Lozoya.

Siendo puristas, el Lozoya se empieza a llamar como tal tras la fusión de las aguas del río de la Angostura con el Aguilón, el más caudaloso de los arroyos que lo alimentan. Esto sucede a unos 1533 m de altitud, cerca de Las Presillas y el Monasterio de Santa María de El Paular (Rascafría). Un poco más arriba del horcajo, el Aguilón forma uno de los saltos de agua más espectaculares y emblemáticos del Valle del Lozoya, las Cascadas del Purgatorio.

Por el carácter granítico de su fuente y curso, que impide la filtración de residuos, el agua del Lozoya está considerada como una de las de mayor pureza y calidad de España.

Durante su curso, su agua se remansa en 5 embalses antes de terminar en el Jarama, a saber (en el sentido de la corriente): Pinilla, Riosequillo, Puentes Viejas, el Villar y El Atazar. Dichos embalses y sus presas forman parte de la red de abastecimiento de agua del Canal de Isabel II; de hecho, son su fuente principal, albergando el 62% del agua embalsada de la Comunidad. El más grande es El Atazar, que alberga el 46% del agua de la región. Entre las 6 presas que hay en su trayecto destacan la del Pontón de la Oliva (año 1857), las más antigua y actualmente en desuso, y la del Villar (1873 m), la más antigua de las que están actualmente en funcionamiento.


Tramos del río Lozoya

El cauce del río Lozoya se divide en 3 tramos: curso alto, curso medio y curso bajo.

Curso Alto (Valle Alto del Lozoya)

Este primer tramo del río va desde su nacimiento hasta su paso por el municipio de Villavieja. Por su Valle Alto, el Lozoya recorre unos 37 km en dirección NE, que discurren entre la ladera S del Macizo de Peñalara y los Montes Carpetanos, y la ladera N de La Cuerda Larga y las Sierras de la Morcuera y de Cancho de la Zorra. En su descenso, pierde unos 520 m de altitud, cruza 13 puentes, se remansa en el Embalse de Pinilla, y pasa por los terrenos de 13 localidades: Rascafría, Oteruelo del Valle, Alameda del Valle, Pinilla del Valle, Lozoya, Canencia, Garganta de los Montes, El Cuadrón, Gargantilla del Lozoya, Pinilla de Buitrago, Navarredonda, San Mamés y Villavieja de Lozoya.

Curso Medio (Valle Medio del Lozoya)

En su curso medio, el cauce del río se horizontaliza, discurriendo de O a E por la amplia llanura que se extiende entre la Sierra de la Cabrera (al S), Somosierra (al N) y la Sierra del Rincón (al E). En este tramo, el más corto de los tres, el río acumula su agua en el Embalse de Riosequillo y cruza la villa amurallada de Buitrago del Lozoya, para luego atravesar los pinares al E de la misma en busca de Puentes Viejas.

Curso Bajo (Valle Bajo del Lozoya)

El último tramo del Lozoya va del Embalse de Puente Viejas hasta las tierras de Uceda, donde, después de haber bajado su cota otros 307 m, vierte sus aguas al Jarama. En el camino, el río descansa en 3 embalses (el mencionado de Puentes Viejas, el del Villar y el de El Atazar) y pasa por los territorios de los pueblos de: Paredes de Buitrago, Serrada de la Fuente, Berzosa del Lozoya, Robledillo de la Jara, Cervera de Buitrago, Manjirón, Lozoyuela, El Berrueco, El Atazar y Patones. Si el Cauce Alto destaca por ser el más alpino, el Cauce Bajo es para mí el más espectacular, porque la enrevesada orografía del terreno obliga al Lozoya a serpentear por preciosos cañones.

Primero, a la altura de Puentes Viejas, el cauce gira hacia el SE, para discurrir entre la Sierra de la Cabrera (al SO) y el Cordal de Peña del Águila y El Picazo (al NE) hasta el Embalse de El Villar. Entre ambos embalses está el Azud del Tenebroso.

Retenido en la Presa del Villar, el Lozoya sigue su camino por el llamado Canal del Villar, que en su parte inicial es una estrecha e impresionante garganta de rocosas paredes verticales y luego se hace más ancho antes de desembocar en El Atazar, que lo recibe por su cola NO a la altura de Cervera de Buitrago.

En El Atazar, el cauce gira hacia el E siguiendo el eje largo del embalse, entre la Serranía de Patones (al S) y el Cerro Matachines (al N).

Pasada la presa, vuelve a encajonarse, rodeando primero el Cerro de Navalejos hasta la Presa de la Parra, y después Cabeza del Molino hasta el Azud de Navarejos.

Posteriormente, tras hacer varios meandros, alcanza el Pontón de la Oliva, donde pasa bajo las verticales y altas paredes calizas entre las que, mediado el S.XIX, se construyó la presa más antigua del Canal de Isabel II.

Desde la pista que discurre sobre los impresionantes farallones de la pared oriental (por dónde va el Canal del Alto Jarama) y si no se tiene vértigo, se disfruta de una espectacular vista del Lozoya a su llegada al Pontón.

Y finalmente, unos metros más abajo, en tierras ya de Uceda, el Lozoya entrega lo que le queda de agua, que no su honor, al río Jarama. El encuentro de los ríos se llama, como no, El Horcajo.


La apasionante historia de la traída del agua a la ciudad de Madrid

Aunque hoy en día la gestión del agua de la ciudad de Madrid se considera un ejemplo por la pureza del agua y la eficiencia de su canalización, las cosas no siempre fueron así. La historia del agua de Madrid es una increíble historia de supervivencia, ingenio, épica, progreso, fracasos y superación.

En la primera mitad del S.XIX, la urbe contaba con unos 200000 habitantes, y tan sólo una minoría de ellos disfrutaba de agua en sus casas. El resto tenía que sobrevivir cogiendo agua de alguna de las 54 fuentes esparcidas por la ciudad. Inseparables de las fuentes vivían los aguadores, oficio agremiado en Madrid desde el siglo XV y que perduró hasta principios del S.XX. Los aguadores, unos 920 por aquella época, se dedicaban a la venta ambulante de agua, la cual transportaban hasta los aljibes de las viviendas. El gremio tenía reservado para su uso una serie de fuentes en la ciudad. Las fuentes de Madrid se clasificaban por entonces en: fuentes vecinales (sólo para los vecinos), fuentes de vecindad (al menos un caño exclusivo para los vecinos y el resto se reservaba a los aguadores), fuentes de aguadores, fuentes volantes (cuyo uso podía variar según las necesidades) y fuentes ornamentales. La mayoría de las fuentes se nutrían por los llamados «viajes del agua» o mayras, una hilera de pozos unidos por una galería subterránea que canalizaba el agua del subsuelo desde la sierra hasta la ciudad, tanto para consumo humano como para regadío y ornamento. El invento, desarrollado en el desierto por los persas, fue importado a Madrid por los ingenieros musulmanes, siendo el método de suministro de agua desde la fundación de la ciudad hasta la creación del Canal de Isabel II en el siglo XIX. El trazado de un viaje podía alcanzar los 14 kilómetros de longitud, y sus galerías estaban construidas principalmente con barro cocido sin vidriar. La calidad de las aguas variaba de un viaje a otro en función de los terrenos por donde circulara. De hecho, se distinguían dos clases de agua de acuerdo con su calidad: “agua fina”, la que se podía beber, y “agua gorda”, que podía servir para cualquier otro uso. No obstante, este sistema resultaba insuficiente para la creciente población de Madrid, ya que solo alcanzaba para unos 6,5 litros diarios por habitante, una cantidad muy escasa en comparación con otras grandes ciudades de la época.

Los 124 km de «Viajes del Agua» distribuidos por la ciudad de Madrid, fuente principal de abastecimiento de agua durante 10 siglos (S.IX-S.XIX).

Fuente: Ayuntamiento de Madrid, Canal de Isabel II, El Pais (Nacho Catalán).

Ante esta situación de precariedad y reinando en España Isabel II, su por entonces Ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas, Juan Bravo Murillo, decidió afrontar el problema encargando varios estudios técnicos. Un proyecto inicial proponía seguir el modelo parisino y excavar hasta dar con un acuífero subterráneo como el que nutría a la capital gala. A pesar de que se llevaron a cabo loables intentos (dada la precaria tecnología de la que se disponía) perforando cientos de metros, la empresa fracasó y no dio ni una sola gota de agua. Hoy se sabe que la línea de agua bajo Madrid está, nada más y nada menos, que a 1500-2000 m de profundidad. A finales de 1848, los ingenieros Juan Rafo y Juan de Ribera, esbozaron la que al fin y a la postre iba a ser la solución definitiva. Lo hicieron en un informe titulado «Memoria razonada sobre las obras necesarias para el abastecimiento de agua de Madrid«. En él se proponía el río Lozoya como fuente principal del suministro, por su caudal, y por la calidad y pureza de su agua. Hay que tener en cuenta que por aquel entonces, el otro de los candidatos, el río Manzanares, era conocido como “el inútil Manzanares” por tres motivos: primero, porque en épocas de estiaje, cuando más agua hacía falta, su caudal era mínimo; segundo, por su condición de «vertedero»; y tercero, por su propia ubicación en la zona más baja del valle, lo cual era un handicap dada la falta de medios para bombear el agua hacia el alto Madrid. El proyecto fue aceptado por Bravo Murillo en 1851.

La Presa del Pontón de la Oliva (1858), el Primer Depósito y el Gran Canal (Canal de Isabel II primitivo)

El sistema originalmente diseñado consistía en la construcción de un canal de 77 kilómetros de longitud (el Gran Canal), que traería el agua desde una presa ubicada cerca de la desembocadura del Lozoya en el Jarama, en un valle conocido como el «Cerro de la Oliva», hasta un gran depósito en el Campo de las Guardias de Madrid («Primer Depósito«). El elevado coste de las obras obligó a buscar fuentes de financiación a cambio de dividendos por la distribución del agua, siendo la Reina Isabel II una de las mayores inversoras. Este fue realmente el punto de partida del actual «Canal de Isabel II». Los trabajos comenzaron en agosto de 1851, una obra faraónica que involucró a 2000 presos de las guerras carlistas, 200 obreros libres y unos 400 animales de carga. Fueron 5 años de obras bajo unas condiciones durísimas, con múltiples accidentes, e incluso una epidemia de cólera en el campamento. Como curiosidad, decir que para la comunicación entre obras se emplearon palomas mensajeras, un método bautizado como «telegrafía alada». Aunque la presa estaba concluida en 1856, no fue hasta 1858 cuando, el día de San Juan y con la presencia de la Reina, se llevó a cabo la inauguración de la misma (junto con el Primer Depósito y el Gran Canal) en la carrera de San Bernardo.

Paralelamente al proyecto del Gran Canal, la presa y el primer depósito, en 1856 se comenzó a construir en Madrid una red de distribución y en paralelo, una red de alcantarillado. En 1858, la red de distribución alcanzaba los 5 km de longitud y la de alcantarillado contaba con 25 km.

Con la llegada del agua del Lozoya, Madrid experimentó una evidente transformación. Se hicieron jardines y fuentes que adornaban el paisaje y la higiene mejoró notablemente entre la población, que pasó de los 200000 habitantes de 1850, a los casi 300000 de principios de la siguiente década. Sin embargo, con el tiempo surgieron problemas que hicieron que el funcionamiento de la presa fuera inadecuado. La composición del terreno sobre el que estaba construida, sumamente calizo y propenso a la erosión del agua, fue la responsable de que a partir de 1867, cuando el embalse se llenaba por las lluvias durante los meses de invierno, se abriesen galerías o cuevas en sus paredes por las que se escapaba el agua, haciendo que el nivel de entrada fuese incluso más bajo que el del canal de salida. Este fue el motivo por el que el Pontón de la Oliva cayó en desuso y a los pocos años fue abandonado, siendo finalmente desaguado en 1894. En 1990 fue rehabilitado para que albergase el Archivo General del Canal. Hoy en día, la pared oriental del antiguo embalse es punto habitual de encuentro para los amantes de la escalada, que ven en ella un pequeño paraíso donde desarrollar su afición.

Presa de Navarejos (1860), la solución temporal

La construcción urgente de una nueva presa río arriba fue la solución temporal que se adoptó para poder seguir canalizando el agua del Lozoya. Ésta fue el Azud de Navarejos, inaugurado en 1860.

Embalse y Presa de El Villar (1882), la solución definitiva al bajo caudal del verano, y el Segundo Depósito

El nuevo embalse de Navarejos garantizaba el envío de agua a Madrid, pero con las limitaciones inherentes al bajo caudal del río durante el estío. Para solventar este problema, se decidieron varias medidas. Primero, se construyó un canal que llevase el agua desde el río Guadalix al Gran Canal (1859). En segundo lugar, se decidió la creación de un «Segundo Depósito» en Madrid, de mayor capacidad («Depósito Mayor«), ubicado entre las Calles de Bravo Murillo y Santa Engracia. Las obras empezaron en 1865 y se prolongaron durante 14 años. Por último, se acordó construir un nuevo embalse más grande 22 km aguas arriba del Pontón de la Oliva, el Embalse de El Villar.

La Presa de El Villar fue inaugurada en 1882. Es de gravedad, tiene una longitud de 107 m y una altura de 50 m. En su momento fue la más alta de España. Fue también la primera presa de gravedad de planta curva construida en el mundo, por lo que se convirtió en un referente de las obras hidráulicas del momento. En 1911 comenzó a funcionar el «Canal de El Villar«, entonces llamado «Canal Transversal», a través del cual se podía suministrar agua a Madrid directamente desde este embalse. En 1994 se puso en servicio una minicentral eléctrica alojada en una caverna excavada junto a la presa, cuyo fin es aprovechar la energía del agua al ser desembalsada hacia El Atazar.

El Azud de La Parra (1904), la solución al enturbiamiento del Azud de Navarejos

Desde el inicio del funcionamiento del Azud de Navarejos, se observó que algunos de los arroyos (Robledillo y de la Parra) que drenaban en él enturbiaban el agua procedente del Embalse de El Villar. Además, los arrastres del río acumulaban una gran cantidad de residuos dentro del azud, obligando a frecuentes limpiezas para evitar el enterramiento del dique. Para evitarlo, en 1904, se construyó otro embalse, el Azud de La Parra, 2 km por encima de Navarejos. Asimismo, se prolongó el canal hasta el nuevo embalse, tramo que recibió el nombre de «Canal de La Parra«. La posterior construcción del Canal de El Villar y del Embalse y el canal de El Atazar han hecho que este azud haya quedado habitualmente sin uso. No obstante, el Canal de Isabel II lo conserva «funcionante», con objeto de poder utilizarlo para el abastecimiento en caso de sequía. Su función es poder utilizar los últimos 50 hm³ almacenados en el Embalse de El Atazar, que no pueden ser extraídos desde su torre de toma. La pasarela que cruza sobre la presa da continuidad a las rutas que recorren la zona, tales como la Senda del Genaro.

El Tercer y el Cuarto Depósitos del Canal

A finales del S.XIX, la población de Madrid seguía aumentando y con ello la necesidad de agua, por lo que se decidió levantar un Tercer Depósito. Como emplazamiento se escogió el Campo de Guardias, entre lo que hoy son las Avenidas de Islas Filipinas y Pablo Iglesias, San Francisco de Sales y la Calle Santander. Durante su construcción, concretamente el 7 de abril de 1905, se produjo un derrumbamiento que causó 30 muertos. Las obras se concluyeron en 1915 y hoy en día es el segundo depósito más antiguo de Madrid. Paralelamente, entre los años 1907 y 1911, se levantó un Cuarto Depósito (que fue el primer depósito «elevado») entre la Calle Santa Engracia y el Depósito Mayor. En la actualidad, éste se ha convertido en la Sala de Exposiciones del Canal de Isabel II.

El Canal de Isabel II durante la Segunda República y la Guerra Civil: En 1931, coincidiendo con la declaración de la II República, el Canal cambia su nombre por el de "Canales del Lozoya". Posteriormente, durante la Guerra Civil se paralizan las obras y las entonces vigentes, como la Presa del Villar, sufren bombardeos. Por entonces, se crean "Las milicias del Canal" para proteger las infraestructuras y un hospital en Somosierra para atender a los heridos. Los problemas de abastecimiento llevan a la unificación de la red del Lozoya con la de Santillana, que por aquel entonces era una red menor privada. Terminada la guerra, el Canal recupera su nombre y pasa a estar controlado por la "Delegación Militar de abastecimientos".

Embalse de Puentes Viejas (1939)

La construcción del Embalse de Puentes Viejas fue promovida por Ramón de Aguinaga, nombrado director del Canal de Isabel II en 1907. El motivo: el crecimiento progresivo de la población de Madrid, que hizo que el agua almacenada en El Villar fuese insuficiente para hacer frente a los periodos de sequía. Otro de los problemas que se pretendía solventar con el nuevo embalse, era el de derivar las aguas turbias hasta debajo del Embalse del Villar a través de un nuevo canal. Este «bypass» se llevó a cabo a través del Azud del Tenebroso, ubicado unos metros río abajo. Las obras se iniciaron en 1914, se interrumpieron por la Guerra Civil y se terminaron en 1939. La presa es de gravedad con planta curva, de 66 m de altura, está hecha de hormigón y tiene anexa una minicentral eléctrica.

Embalse de Riosequillo (1958)

El Embalse de Riosequillo se extiende por el Curso Alto y Medio del Lozoya. Después de la Guerra Civil, la población de la capital aumentó considerablemente y con ello la demanda de agua, haciendo mandatoria la construcción de este nuevo embalse aguas arriba de El Villar y Puentes Viejas. Entró en funcionamiento en 1958.

La Presa de Riosequillo es de gravedad y está hecha de hormigón. Tiene una altura de 56 m y una longitud de más de 1 km (1060 m), que la convierte en una de las más largas de España. En 1994 se la dotó de una minicentral eléctrica.

Embalse de Pinilla (1967)

El Embalse de Pinilla es el más alto de los 5 que alberga la cuenca del Lozoya. Está situado a la vera de los pueblos de Lozoya y Pinilla del Valle. Su construcción fue fruto de la fuerte sequía de 1964, que motivó serias restricciones de agua en Madrid y que convirtió en «cuestión de Estado» la búsqueda de soluciones sostenibles. Fue inaugurado en 1967.

La Presa de Pinilla es de gravedad y está hecha de hormigón. Tiene una altura de 33 m y lleva asociada una minicentral eléctrica y una ETAP (Estación de tratamiento de agua potable).

Embalse de El Atazar (1972)

Este embalse, el más grande de la Comunidad de Madrid, el último en construirse y el único con una presa de «doble curvatura», es objeto de una página aparte de este blog por su relevancia y enorme valor como ecosistema y fuente de recursos.

El Embalse de El Atazar

En la actualidad, el Canal de Isabel II es una compleja y amplísima red de infraestructuras dedicada a la extracción, transporte, tratamiento, almacenamiento y distribución del agua. Cuenta con 13 embalses, los 5 mencionados de la cuenca del Lozoya y otros 8 repartidos por las cuencas del Jarama, Guadalix, Manzanares, Guadarrama y Alberche. Asimismo, dispone de 78 instalaciones de captación de aguas subterráneas con 6 zonas de extracción, que incorporan el agua a las grandes conducciones y depósitos del sistema general de abastecimiento. La Comunidad de Madrid cuenta con 33 grandes depósitos reguladores y 288 de menor tamaño, siendo los dos más antiguos el Depósito Mayor (1879) y el Tercer depósito (1915). El Canal tiene en funcionamiento 14 estaciones de tratamiento de agua potable (ETAP) para incrementar la calidad del agua y asegurar que es apta para el consumo humano, así como 141 estaciones de bombeo de agua potable que permiten el abastecimiento a las zonas más altas de la Comunidad. 

Bibliografía: