Picos Lourantín y Piedra de Miradelo desde Tejedo de Ancares (Circular por la Braña de Pereda y el Valle del río Seco)

FUENTE DE INFORMACIÓN: Cartografía del Instituto Geográfico Nacional, visor Iberpix 4.
FOTOGRAFÍA: iPhone 11 Pro.
ZONA: Ancares leoneses.
DESDE: Tejedo de Ancares (960 m), El Bierzo, León.
CERCA DE: Tejedo de Ancares, Pereda de Ancares, Candín, Balouta, Piornedo.
ÉPOCA: agosto de 2022.
TIPO DE RUTA: circular.
NIVEL DE DIFICULTAD: moderado-alto.
Datos descargados de GPS GARMIN Fénix 7: Longitud: 23,82 km. Desnivel acumulado positivo: 1087 m. Desnivel acumulado negativo: 1087 m. Cota máxima: 1793 m. Cota mínima: 913 m. Tiempo empleado: 8 h 40 min (con calma y con paradas para sacar fotos y marcar waypoints). Tiempo en movimiento: 4 h 53 min.
MATERIAL: GPS, senderismo. Raquetas, crampones (con nieve o hielo).
AGUA: sendas fuentes en Tejedo y Pereda de Ancares. Se cruzan los ríos Cuiña y Seco, así como el Arroyo de la Vineisa.
TIPO DE FIRME: sendero, canchal, senda cimera, pista forestal.
SEÑALIZACIÓN: letreros, indicaciones del Camino Natural de la Mirada Circular.

ITINERARIO:
Tejedo de Ancares (960 m) – Ermita de San Juan Bautista, Fuente «El Rubio» – Carretera LE-712 – Río Cuiña – Arroyo de la Vineisa – Camino de la Braña de Pereda – La Vineisa – Arroyo de la Vineisa – Braña de Pereda (1330 m) – Robledal de El Gobo – Pico Lourantín (cimas 1751 m, 1748 m y 1749 m) – Piedra de Miradelo (1793 m) – Alto del Llano de la Nagoda (1512 m) – Collado de Mirandelo (1388 m) – Camino Natural de la Mirada Circular – Llano de la Nagoda – Refugio Rioseco (1380 m) – Río Seco – Pereda de Ancares – Río Cuiña – Camino de Pereda a Tejedo – Tejedo de Ancares.

Descárgate la ruta y accede a más información (mapas, waypoints, altimetrías, fotos) en el siguiente enlace de Wikiloc:
Picos Lourantín y Piedra de Miradelo desde Tejedo de Ancares (Circular por la Braña de Pereda y el Valle del río Seco)

EL ENTORNO:
Descubre más acerca de la Sierra de Los Ancares en el siguiente enlace de nuestro blog:
Los Ancares

LAS MONTAÑAS:
Los Picos Lourantín (1751 m) y Piedra de Miradelo (1793 m) son dos montañas de Los Ancares leoneses que forman parte del cordal que, partiendo del Cuiña, se extiende en dirección SE y hace de divisoria entre los Valles de Ancares y de Burbia. Cuando bajamos en coche desde el Puerto de Ancares hacia Candín, se ven a mano derecha, alzándose sobre el margen derecho del río Cuiña. El Piedra de Miradelo es fácil de identificar por la caseta que hay en su cima.

LA RUTA:
La ruta de hoy discurre entre Tejedo de Ancares y los Picos Lourantín y Piedra de Miradelo, subiendo por la Braña de Pereda y bajando por el Valle del río Seco y Pereda de Ancares.

Partimos de Tejedo de Ancares (960 m), pequeña aldea ancaresa perteneciente al municipio de Candín (León), que cuenta con apenas 17 habitantes (datos de 2021). Dejamos el coche junto a la última casa del pueblo, en la salida hacia Pereda de Ancares. Comenzamos atravesando la aldea hasta la Ermita de San Juan Bautista, de cuya trasera, junto a la Fuente «El Rubio», sale el sendero por el que arranca realmente la ruta.

Se trata de una preciosa corredoira que abandona el pueblo en dirección O bajo una espesa arboleda. Entre dos cancelas de alambre, que se pasan fácilmente por un lateral, sale a la derecha el sendero hacia Bustiella y el Pico Miravalles, que hemos de ignorar. Poco antes de llegar a la carretera LE-712, donde muere el sendero, tenemos una muy buena vista de nuestro primer objetivo, el Pico Lourantín.

Continuamos por la calzada hacia la izquierda (en dirección al pueblo) y a los pocos metros, nos desviamos por un sendero que sale a la derecha y que baja hasta cruzar el río Cuiña por un puente.

Al otro lado, encontramos una bifurcación. El ramal de la derecha conduce a la Vertiente de Entrambosrríos y Brañoto. Nosotros seguimos por la izquierda (en dirección a la Braña de Pereda), vadeando fácilmente el Arroyo de la Vineisa poco antes de que éste entregue sus aguas al Cuiña.

Unos 500 m después, el camino se vuelve a bifurcar y esta vez giramos a la derecha por el Camino de la Braña de Pereda.

En este punto iniciamos una exigente subida de 3,8 km que nos llevará hasta la cuerda del Lourantín y en la que superaremos unos 700 m de desnivel (pendiente media del 18,7%). La senda es realmente bonita, ya que discurre bajo la impagable sombra (al menos en esta época) del espeso bosque autóctono de La Vineisa, en el que predominan los robles, pero en el que también encontramos hermosos acebos, abedules, arces, olmos de montaña y algún que otro castaño. Ocasionalmente, vemos señales rojas (flechas o estacas pintadas) que nos serán de más ayuda en la última parte de la ascensión que en este primer tramo bien definido.

Sobrepasados los 1300 m de altitud, cruzamos por segunda vez el Arroyo de la Vineisa, un buen lugar para recargar las botellas de agua.

Desde allí, en apenas 400 m sin apenas desnivel, llegamos a la Braña* de Pereda (1330 m), una bonita pradera donde se esconde un pequeño refugio. Se trata de un antiguo chozo de pastores, conocido también como «El Cabaño de la Braña«, que ha sido perfectamente acondicionado para pernoctar. Da gusto cuando las cosas se cuidan y éste es un claro ejemplo.

Braña: término utilizado en la Cordillera Cantábrica para referirse a prados o pastos de altura donde se alimenta el ganado en los meses de estío.

A partir de ahí, la cosa se complica y conviene tener al menos a mano el GPS para no perder el rumbo. Pasada la braña, el camino se difumina ligeramente entre escobas de gran tamaño y arbustos, bajo el Circo que conforman el Verdies, Piedra de Miradelo y el Lourantín.

Tras unos 700 m, coincidiendo con un giro a la izquierda, entramos en el espeso robledal de El Gobo. Una estaca con un punto rojo nos indica el inicio de un tramo de single-track que serpentea hábilmente y con fuerte pendiente entre brezo y carballos.

Sobrepasada la cota 1500, el avance se hizo más dificultoso porque el brezo se ha ido apoderando del sendero. Aún así, a día de hoy, se pasa bien, sin más contratiempo que algún que otro enganchón.

Rondando los 1600 m de altitud, dejamos atrás la carballeira y salimos a terreno despejado, por el que el sendero se torna más pedregoso antes de perderse definitivamente al pie del canchal que tapiza la ladera E de Lourantín. Mi hijo Carlos decidió seguir subiendo entre el brezo hasta la cima N, pero el resto preferimos ascender directamente por la pedrera. A nuestra izquierda, la cima principal del Lourantín, la más puntiaguda y llamativa de la cresta.

Alcanzamos la cuerda en el pequeño collado (1730 m) que separa la cima N de la principal. De frente, según llegamos, disfrutamos de una sublime vista del Mustallar, de las mejores que se pueden obtener del techo de los Ancares lucenses.

Girando a la izquierda, continuamos por la cuerda en dirección S. Se recorre sin problemas, aunque el tramo más farragoso es precisamente este primero, hasta la cima principal del Lourantín (1751 m), ya que hay que buscar el mejor paso entre matorral bajo y piedras. Las vistas desde arriba son espectaculares, tanto hacia el Valle del Burbia como hacia el Valle de Ancares. Sin duda alguna, uno de los mejores miradores de esta sierra.

A partir de ahí ya todo fue más fácil, ya que hay una senda cimera bastante bien definida que recorre la cuerda. Así que, en un visto y no visto, nos plantamos primero en la cima intermedia (1748 m) y luego en la cima S (1749 m), la más amesetada del conjunto.

Desde allí, tras una breve bajada, afrontamos la subida a Piedra de Miradelo (1798 m), cuyos últimos metros se hacen por una pista forestal que viene por la derecha.

La cima del pico está coronada por una antena y una caseta, que encontramos cerrada. La razón es que no es un refugio, sino un puesto de vigilancia. Las vistas son también impresionantes. Hacia el E tenemos el vecino Pico Verdies y hacia el SE podemos ver, bajo Chana Grande, la cabecera del Valle del río Seco, por la que bajamos.

Tras un breve parón para comer algo y reponer fuerzas, iniciamos el descenso por la misma pista por la que habíamos terminado la subida, que baja por la cuerda entre el Valle del Burbia (a la derecha) y el Valle del río Seco (izquierda).

A media bajada y bajo una fuerte tormenta, de esas que meten miedo y que nos dejó con una luz mortecina, abandonamos transitoriamente la pista para pasar por el Alto del Llano de la Nagoda (1512 m).

De vuelta en la pista, continuamos por ella hasta el Collado de Mirandelo (1388 m), antes del cual dejamos a mano izquierda la cima del Pico Mirandelo (1414 m), una pequeña elevación sobre la aldea de Burbia con más nombre que entidad.

En el Alto confluyen los caminos que suben de Pereda de Ancares, de Sorbeira (por Chana Grande) y de Burbia. Por él pasa, uniendo Pereda con Burbia, el «Camino Natural de la Mirada Circular«, un extraordinario recorrido que enlaza múltiples pueblos de la montaña berciana con dos itinerarios: uno «de verano», de 310 km y 11400 m de desnivel acumulado positivo, y otro de invierno de 220 km y 5700 m de desnivel.

Giramos a la izquierda (dirección Pereda) y enseguida ignoramos otro ramal que sale a la derecha, por el que también podríamos bajar al fondo del valle siguiendo el cauce del río Seco.

Sin apenas desnivel, sobrevolamos la cabecera del Valle del río Seco por el Llano de la Nagoda, al fondo del cual encontramos el Refugio Rioseco (1380 m), algo más modesto que el de Pereda pero también muy adecentado. Lástima de pintadas, reflejo del nivel intelectual y de la inmadurez de algunos, cuya única forma de dejar huella en la vida es emborronar las cosas de los demás. Por debajo de él hay un pequeño estanque para almacenamiento de aguas pluviales.

Un poco más adelante, cruzamos el Río Seco bajo su lugar de su nacimiento.

A partir de ahí ya todo es bajada hasta Pereda, primero suave y luego, tras dejar a la izquierda un ramal que sube hacia el Verdies, más pronunciada.

Llegando abajo, se nos muestra a la derecha la Vertiente de Fumeixín, que desciende por la cara N de Chana Grande y donde se esconde una preciosa chorrera (ver ruta).

Tras recibir por la derecha el sendero que bajaba por el río en un par de intersecciones, rodeamos la loma de El Loceo para enfilar ya hacia Pereda de Ancares.

Entramos al pueblo por su extremo S, entre castaños centenarios y dejando a la izquierda el camino que sube a la Braña. Ubicada la vera del río Cuiña, Pereda atesora la esencia y el encanto de las aldeas ancaresas: antiguas casas de piedra, hórreos, un taller de artesanía, la Palloza del Señor Antonio y una bonita Iglesia románica.

Callejeando entre sus casas, bajamos hasta la ermita y desde allí, por un sendero que pasa bajo la carretera, llegamos al río y lo cruzamos por un puente.

Al otro lado, abandonamos La Mirada Circular (que sigue por la derecha hacia Suertes) y giramos a la izquierda por el Camino de Pereda a Tejedo.

Bajo una nueva tormenta, afrontamos los últimos 2,5 km, en los que el precioso sendero remonta entre la espesura del bosque el curso del Cuiña por su margen izquierdo hasta llegar de vuelta a Tejedo de Ancares.