Rutas de senderismo y alpinismo

En busca de las Fuentes del Burbia por el Valle de la Grandela, los Picos Mustallar y de Lagos, y las Lagunas de Vilouso

Esta semana os invito a conocer una de las travesías más hermosas y espectaculares de las que se pueden hacer por Los Ancares, y desde luego, una de las que mejor encarna el encanto, el olvido y la verdadera esencia de esta maravillosa tierra compartida por León, Galicia y Asturias.

La ruta que os propongo asciende a los Picos Mustallar y dos Lagos desde Burbia, subiendo por el Camino de Piornedo y bajando por el Camino de los Gallegos y las Lagunas de Vilouso. En los itinerarios del concello se refieren a ella como la «Ruta de las Lagunas de Villouso«. El recorrido son 22,4 km y tiene un desnivel acumulado positivo de 1226 m, por lo que hay que considerarlo como muy exigente.

Ruta de Burbia a la Mallada del Mustallar por el Valle del Burbia (Autor: Gerardo García Pardo).
Ruta dos Bois Galegos por el Valle de Vilouso (Autor: Gerardo García Pardo).

Partimos de Burbia (900 m), una recóndita aldea berciana ubicada en el fondo del valle del mismo nombre, al abrigo de las grandes cumbres de Los Ancares leoneses.

A ella se accede por una carretera que parte de Vega de Espinareda (LE-4210) y que muere en el pueblo. Desde la entrada podemos divisar en la cabecera del valle nuestro objetivo, el Pico Mustallar, y a su derecha, el Penalonga y el Cuíña, techo de la sierra.

Arrancamos nuestra ruta en la Plaza de la Fuente, donde nos aprovisionamos de buena agua. Obviando las indicaciones del Camino Natural «La Mirada Circular», que hacia la derecha conduce a Pereda de Ancares y hacia la izquierda al Puente Medieval y Campo del Agua, enfilamos la Calle General. Enseguida nos topamos con el Bar La Casa Vieja y lo dejamos a la derecha, siguiendo por la Calle La Poza de Abajo.

Tras dejar a la derecha otra fuente de piedra, la de la Travesía Tercera, encontramos información sobre la Reserva Fluvial del Burbia junto a un desvío al camping que hemos de ignorar.

El Río Burbia se origina de 3 vientres, que de S a N son: el Arroyo de Vilouso, que nace en las Lagunas de Vilouso o Lagos de Burbia, al pie de Corno Maldito; el Río La Grandela, que se origina bajo la Mallada del Mostallar o Collado da Pedra; y el Arroyo Valle de Finolledo, que nace al pie del Pico El Campanario y baja a unirse al Grandela por el Valle de Murias. El nacimiento del Burbia como tal es controvertido. Muchos vecinos nos dirán que el verdadero manadero son las Lagunas de Vilouso, otros dicen que se llama realmente Burbia a partir de la confluencia de los Arroyos de Vilouso y La Grandela. Yo me quedo con lo que dice el mapa del IGN, que el Burbia nace bajo el Collado da Pedra, y en su tramo alto recibe el nombre de Río La Grandela. Realmente, la discusión es más filosófica que otra cosa, porque el río no tiene realmente entidad hasta su paso por el pueblo, tras haberse enriquecido con las aguas de los 3 arroyos.

Saliendo de la aldea desembocamos en un sendero ancho, prolongación de la Calle La Poza de Arriba, por el que giramos a la izquierda. Por delante, el tramo más cómodo de la ruta, unos 5,5 km sin apenas desnivel que nos conducirán hasta el Prado del Carqueixal, y que para nada hacen presagiar lo que nos espera después.

A los pocos metros hay una bifurcación, en la que encontramos un panel informativo sobre nuestro recorrido y otros itinerarios por la zona. Seguimos por la izquierda, adentrándonos en un precioso «souto» de castaños con hermosos ejemplares centenarios, de troncos hercúleos y poderosas raíces que se agarran a la tierra cual patas de un pulpo gigante.

Seguimos paralelos al Río Burbia, que se oye más que se ve, dejando a la izquierda la escarpada pared de La Penouta, estribación oriental del Pico Vedual, y a la derecha el Pilo de Lamas, una antigua fuente-abrevadero. Dicen de ella que tuvo mejores tiempos, aunque nosotros la encontramos manando un chorro más que digno.

Después de un paso canadiense que salva un riachuelo, el camino se bifurca. Aquí tenemos que decidir si hacer la ruta en sentido horario o anti-horario (como hicimos nosotros). El ramal de la izquierda remonta el Valle de Vilouso hasta la Golada de Boca de Campo siguiendo la Ruta dos Bois Galegos, por donde nosotros bajamos a la vuelta. El de la derecha es el Camino de Piornedo, que asciende por el Valle de la Grandela hasta la cuerda principal de Ancares en busca del lucense Valle da Veiga Cimeira.

Seguimos por este último en ligera cuesta arriba y enseguida encontramos las ruinas de la Cabaña de Pena da Folgueira y a los pocos metros una bocamina, por la que nos adentramos hacia las galerías con más miedo que vergüenza. Cuentan por ahí que esta antigua Mina de A Folgueira se explotó para obtener oro, pero lo cierto es que no fue así. Según Casimiro Martinferre, gran conocedor de estos lares, las opiniones al respecto de los burbianos son dispares. Hay quien dice que se extrajo hierro, otros que wolframio, europio o plomo. Vaya usted a saber !!!

A continuación, vadeamos un par de arroyos, el da Cavorca dos Paleirois y el de Valdecabana. Entre ambos, en el Campo del Corralín, dejamos a la izquierda la Senda de la Azureira, que cruza el Burbia en Chaogazosa por un puente de hormigón, por debajo del cual mana una fuentecilla anunciada en el letrero. Al fondo a la derecha vemos el Valle de Finolledo, sobrevolado por las cumbres del Cuíña, Penas Apañadas y El Campanario.

Poco después del segundo de los regatos, vemos a la izquierda la Cabaña del Prado das Fontes, ubicada a la vera del río y en buen estado, pero cerrada a conciencia.

Unos 600 m más adelante hay una nueva bifurcación en la que seguimos por la izquierda, obviando un ramal que sube a la Fuente del Cura y la Braña de Murias.

Un poco más arriba, en la zona de confluencia de los Valles de Finolledo o Murias y La Grandela, conocida como El Carqueixal, hay otras cabañas, apodadas también «del Carpintero» en honor al afamado artesano de la madera que las construyó.

Un puente metálico permite cruzar el Arroyo Valle de Finolledo escasos metros antes de que éste entregue sus aguas al Río La Grandela (o Burbia, según le quiera uno llamar).

Este es el punto de inflexión de la ruta, ya que a partir de aquí el perfil cambia por completo. De entrada solo en lo que respecta a la pendiente, que se endurece considerablemente por el Bosque de Soleíñas, desde el que tenemos una vista privilegiada de las verticales paredes de las Peñas de los Bodegois.

Al final de una exigente rampa de casi 1 km, en el paraje conocido como El Reventón, afrontamos el punto más crítico de la ruta desde el punto de vista técnico. Se trata del vado del Arroyo de Sedara o de Os Correlos, que desciende por la ladera del Pena Longa y desemboca aquí en el Río La Grandela. Como no sale en los mapas del IGN, muchos piensan que el que se cruza es el titular del valle, pero no es así, ya que aquel queda ligeramente a la izquierda formando una pequeña cascada. El paso está facilitado por un par de troncos y en pleno verano no supone mayor problema. Sin embargo, en época de deshielo, puede ser hasta imposible de cruzar por la fuerte corriente. A finales de junio no lo tuvimos difícil, aunque uno de los troncos se había desprendido y el remojón de botas fue inevitable.

Al otro lado nos espera la Cuesta del Reventón, donde el hasta ahora ancho camino se torna en un estrecho sendero que zigzaguea con fuerte pendiente por un precioso y frondoso robledal, abriéndose paso entre helechos exuberantes que amenazan con cubrirlo.

Rondando los 1400 m de altitud, el valle se nos abre en la Braña del Mostallar (1390 m), otrora frecuentado pasto de altura y hoy camposanto de reliquias. Allí encontramos dos chozos en ruinas ubicados a diferente altura y los restos de un viejo corral. Que pena da verlos así, víctimas del abandono y devorados por la vegetación, la dura climatología y el inexorable paso del tiempo. Ligeramente a la derecha, un viejo cartel, que reclavamos en un árbol, nos anuncia el camino que desde aquí se dirige hacia el Cuíña por la Colada de Soplar y la Braña de Os Correlos.

Sobre la campa vemos a la derecha un gran canchal. Lo intuitivo es seguir por él enfilando la Mallada del Mostallar, el collado que vemos al fondo, pero la senda va por la izquierda atravesando el bosquecillo que acompaña al río en su descenso. En él encontramos de entrada dos manantiales, uno sin caño ligeramente apartado de la senda, que es realmente el incipiente Río La Grandela, y otro que es una fuente como tal.

Nos habían advertido de que de la braña para arriba estaba bastante cerrado, pero lo cierto es que no fue el caso. Encontramos la senda razonablemente despejada y fácil de seguir con la ayuda de algunos hitos que sirven de referencia. Saliendo de la arboleda afrontamos la Cuesta de la Retunvia, la parte más exigente de la ruta, en la que tramos por monte bajo se alternan con el paso de 3 o 4 pedreras. A nuestra izquierda dejamos O Calello do Mostayal, el mítico canal de la cara N, con su expuesto diedro Ana María.

A unos 1475 m de altitud nos encontramos con una gran piedra roja, otra vuelta de tuerca en la ascensión, ya que a partir de ahí la pendiente se endurece todavía más.

Primero por un extenso canchal, por el que se progresa sin más dificultad que el habitual bailoteo sobre las piedras inestables.

Y finalmente, tras una resbaladiza rampa térrea, por una densa área de brezo, entre la que la senda serpentea hábilmente trazando unas empinadas zetas.

La cuesta termina en el alto (1709 m) que separa el Mustallar del Pena Longa, a caballo entre León y Galicia, el cual probablemente sea el collado con más nombres de esta sierra. En la vertiente gallega se lo conoce como Mallada del Mostallar, en El Bierzo lo suelen llamar Collado da Pedra, y en otros textos se refieren a él como Golada do Porto o Collado del Marco.

Aquí abandonamos el Camino de Piornedo, que sigue de frente hacia la aldea de las pallozas, y giramos a la izquierda por la senda cimera que recorre la cuerda principal de Ancares. Por delante, otros 600 m muy duros en los que salvamos los 225 de desnivel que nos separan de la cumbre del Mustallar (pendiente media del 37,5%). La trocha discurre paralela a la vieja valla oxidada que hace de frontera entre comunidades y que dicen fue obra de los vecinos para evitar que las vacas se despeñasen. 

Al llegar a la cota 1900 m, merece la pena cruzar la alambrada y asomarnos a la Portilla de O Calello do Mostayal (1891 m), uno de los lugares más espectaculares de esta sierra. Se trata de una estrecha brecha abierta entre dos imponentes cornisas sobre paredes verticales, en la cual finaliza el corredor. Abajo identificamos perfectamente la Cuesta de la Retunvia, por la que hemos subido.

Bajando un poco más y si no tenemos vértigo, nos podemos encaramar a la cornisa norte y disfrutar de una vista única del Valle de la Grandela.

La cima del Pico Mustallar o del Mostallar (1935 m) está rematada por un gran hito y un monigote similar a los que coronan otros picos de la Cordillera Cantábrica, como el vecino Miravalles o Peña Orniz.

Las vistas son soberbias, haciendo honor a su condición de techo de Los Ancares gallegos. Desde el extremo NE, que coincide con la cornisa sur de O Calello, podemos admirar las cumbres de la cabecera del Valle de Finolledo y las Peñas de los Bodegois.

Hacia el S vemos los Circos glaciares del Campo Longo y de Corno Maldito, bajo el que se ubican las Lagunas de Vilouso; y hacia el SO la cuerda de Ancares hasta el Penarrubia.

Tras una breve bajada nos topamos con el segundo escollo técnico de la ruta, la Pena del Castillín o del Portillín (1881 m), una escarpada mole rocosa que se interpone en nuestro camino. Se puede pasar por su cima, pero ello supone hacer alguna que otra trepada y un curioso destrepe final. Lo habitual es rodearla por la derecha (por la izquierda imposible), lo que en época no invernal no supone más problema que el tener cuidado de no resbalar en el cervuno. Aunque fastidie un poco, es mejor perder algo de altura y seguir la senda que ir pegados a las rocas. En invierno, sin embargo, hay que extremar las precauciones porque suele haber hielo y la pendiente lateral es acusada, por lo que un resbalón nos manda al fondo de la Meixón Vella.

Superado el trago y pasando por el Portillo de Burbia (1820 m), alcanzamos el Pico dos Lagos o Lanza (1867 m), que toma su primer nombre de los cercanos Lagos de Burbia.

Desde allí descendimos a la Golada de Boca de Campo (1746 m), conocida tradicionalmente en El Bierzo como Boca de Tormantes. En este alto, al pie del Corno Maldito o Pico Ortigal, recibimos por la derecha a la Ruta dos Bois Galegos o Camino de los Gallegos, una travesía ancestral que enlazaba Vilarello (Lugo) con Burbia (León) y por la que va a discurrir el último tramo de nuestra ruta.

La senda desciende del collado en dirección E hacia el Valle de Vilouso, regalándonos una muy buena vista de la cara S del Mustallar y de la Pena del Castillín, que desde aquí se muestra como un risco imponente.

Al pie de la cara E de Corno Maldito encontramos la Fonte do Crego, un humilde manantial donde nace el Arroyo de Vilouso.

Y un poco más abajo, las Lagunas de Vilouso o Lagos de Burbia (1610 m), de origen glaciar. En pleno apogeo del deshielo hay 3, pero hoy la más pequeña estaba prácticamente colmatada.

Entre las dos más grandes, el camino se bifurca. El ramal de la izquierda baja por la Braña de Acebalín y el de la derecha por la Braña Vella y el prado del Campazón. Ambos se juntan más abajo en el Teixedal, a la altura de Pena da Bouga. Nosotros escogimos el primero, que tras pasar por la laguna inferior, desciende bajo el talud rocoso de Pena Osa hasta internarse en el bosque.

Entre la densa arboleda, vadeamos por primera vez el Arroyo de Vilouso para acceder al Refugio del Acebalín o de Burbia (1467 m). Propiedad de los vecinos del pueblo, el chozo es, a día de hoy, todo un ejemplo de como debe mantenerse y equiparse un refugio de montaña. Tiene de todo, no le falta detalle y apetece quedarse a pernoctar. Desde él se tiene una estupenda vista del Pico de Campo Longo, también llamado Pico de San Payo o Veladoiro.

Un poco mas abajo volvimos a cruzar el río y atravesando un pequeño acebal, llegamos al escondido Corral de Vilouso o Braña del Muro, una extraordinaria terraza sobre el Valle de Vilouso.

Al fondo de la campa, una oquedad abierta entre el follaje nos da paso al mágico bosque del Teixedal, en el que un exuberante musgo convive con tejos, robles, abedules, avellanos, acebos, arces, serbales y mostajos. La frondosidad es tal que caminamos casi en penumbra. Allí el sendero se aleja momentáneamente del barranco para cruzar uno de sus afluentes, el Arroyo da Murteira.

De vuelta en el desaguadero, pasamos junto a unos rápidos antes de cruzar por tercera y última vez el arroyo por un puente metálico.

Al otro lado, la estrecha senda resucita en forma de ancho camino carretero, por el que se baja cómodamente y ya con menos desnivel. A nuestra derecha vemos la rocosa ladera que se desprende del espigón del Pico de San Payo, que de oeste a este toma los nombres de Leirosa Prao Xorxe, Soupenameda y Penediños de «A Faz». Dicen que en su parte alta, bajo la cima del pico, se hallan los restos de una pequeñísima ermita, donde los monjes de Campo del Agua guardaban una campana que tocaban en ocasiones para espantar tormentas o velar ánimas.

Unos 500 m después de dejar a la derecha un chozo de uralita y tejado verde, está el desvío a El Pozón, una preciosa cascada que cae a una profunda cueva labrada en roca viva. Son apenas 100 m de bajada y el rincón merece la pena.

De vuelta en el camino, pasamos junto a otra cabaña de piedra y dejamos a derecha e izquierda las sendas hacia Murteira y A Zureira, respectivamente.

A continuación, rodeando los Penedos Do Campo, llegamos de nuevo a orillas del Río La Grandela, que bajo la ladera S de Piedra de Miradelo forma unos preciosos saltos de agua.

Escasos metros más abajo encontramos el Área Recreativa El Rexistro, a la que da nombre la antigua Fábrica de Luz que durante años iluminó las aldeas del valle. Junto al viejo edificio hay una refrescante fuente de piedra y un merendero techado.

Por el puente anexo cruzamos el Río La Grandela, justo antes de que éste una sus aguas a las del Vilouso para dar lugar, ahora sí indiscutiblemente, al Río Burbia.

Finalmente, tras enlazar con el camino de ida, regresamos por él a Burbia, en la que el tiempo parece haberse detenido, y en cuyo Bar La Casa Vieja disfrutamos de una estupenda Pizza Berciana y una Estrella.

Agradecimientos:

A Casimiro Martinferre, de cuyo excelente libro "Ancares y Burbia, Un Viaje al Pasado" he obtenido gran parte de los topónimos para describir la ruta.

A Daniel Alonso Cerezales, de Ancares Activa-Camping Valle de Ancares, gran conocedor y enamorado de esta sierra, por su información y consejos sobre el estado de ésta y otras rutas por la zona.

Y a Xan Ramírez, del Club de Montaña de Ferrol, todo un referente en Ancares e inspiración en la montaña.

Descubre más detalles acerca del recorrido y de la zona en los siguientes enlaces de nuestro blog y de Wikiloc:
Picos Mustallar y Lagos desde Burbia por los antiguos Caminos de Piornedo y de los Gallegos
La ruta en Wikiloc

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