Cuiña, Campanario, Peña da Bedual, Mortal de Galegos y Escamelao desde Tejedo por la Hoya de Ancares y la Braña de Pereda

FUENTE DE INFORMACIÓN: Cartografía del Instituto Geográfico Nacional, visor Iberpix 4. Plano de la Cabecera del Río Ancares de Casimiro Martínez Ferrero, primera edición (mayo de 1995).
FOTOGRAFÍA: Sony alfa 6700, iPhone 14 Pro.
ZONA: Los Ancares leoneses.
DESDE: Área Recreativa de Tejedo y Ermita de la Magdalena, Tejedo de Ancares, El Bierzo, León.
CERCA DE: Tejedo de Ancares, Pereda de Ancares, Candín, Balouta, Piornedo.
ÉPOCA: mayo de 2026.
TIPO DE RUTA: circular.
NIVEL DE DIFICULTAD: alto o muy alto (senderismo), moderado (alpinismo).
DATOS DESCARGADOS DE GPS GARMIN FÉNIX 7: Longitud: 19,95 km. Desnivel acumulado positivo: 1391 m. Desnivel acumulado negativo: 1391 m. Cota máxima: 1992 m. Cota mínima: 996 m. Tiempo empleado: 12 h 54 min (con calma y con paradas para sacar fotos y marcar waypoints). Tiempo en movimiento: 6 h 39 min.
MATERIAL: GPS, senderismo. Piolets, crampones (con nieve o hielo).
AGUA: Una fuente en el Área Recreativa de Tejedo. Se cruza el Río Cuiña y los Arroyos de La Caborca, El Caborcón, de Mortaldosos y de la Vineisa.
TIPO DE FIRME: sendero, canchal.
SEÑALIZACIÓN: hitos aislados.

ITINERARIO:
Área Recreativa de Tejedo, Ermita de la Magdalena – LE-4211 – Camino de las Minas del Cuíña – Puente sobre el Río Cuiña – Morequíus – Campa Cortello (1147 m) – Hoya de Ancares – Campa Cardeo (1250) – Cascada del Río Cuíña (1335 m) – Cuesta el Campanario (1410 m) – Canchal de la cara norte del Campanario – Pozo Ferreira (1815 m) – Campo de Suárbol (1833 m) – Pico Cuiña (1992 m) – Penas Apañadas (1930 m) – Verdia del Marco o Coladiña Fermosa (1832 m) – Horcado Perdido o Coladiña del Caleyón (1828 m) – Campanario de Ferreira, Hermanito Menor (1898 m) – Collado entre los Dos Hermanitos (1888 m) – Hermanito Mayor (1901 m) – Peña da Bedual (1846 m) – Pozo da Bedual (1645 m) – Collado de Mortal de Galegos (1733 m) – Alto de Mortal de Galegos (1755 m) – Escamelao oriental (1747 m) – Lombo das Porqueirizas – Robledal de Redesquibos – Braña de Pereda (1330 m) – El Acingadoiro – El Gobo – Puente sobre el Río Cuiña – LE-4211 – Ferrería de Tejedo – Área Recreativa de Tejedo.

Descárgate la ruta y accede a más información (mapas, waypoints, altimetrías, fotos) en el siguiente enlace de Wikiloc:
Cuiña, Campanario, Peña da Bedual, Mortal de Galegos y Escamelao desde Tejedo por la Hoya de Ancares y la Braña de Pereda

EL ENTORNO:
Descubre más acerca de la zona en los siguientes enlaces de nuestro blog:
Los Ancares
Valle de Ancares
Tejedo de Ancares
Picos: Cuíña, Penas Apañadas, Campanario de Ferreira, Peña da Bedual, Alto de Mortal de Galegos, Escamelao

LA RUTA:
En Ancares, esta es «LA RUTA» con mayúsculas, la joya de la corona, una circular que asciende al Cuíña y al Campanario de Ferreira por la Hoya de Ancares, bajando por la cuerda de Peña da Bedual, el Alto de Mortal de Galegos y el Escamelao, y por la Braña de Pereda.

Partimos del Área Recreativa de Tejedo, ubicada en el km 23,8 de la carretera que sube al Puerto de Ancares (LE-4211), kilómetro y medio por encima del pueblo que le da nombre. Allí, junto a una fuente y un merendero, se ubica la pequeña Ermita de la Magdalena, patrona del pueblo y en honor a la cual se celebra una romería anual el último domingo de julio. Este es uno de los dos templos con los que cuenta Tejedo. El otro, la Iglesia de San Juan Bautista, está dentro del caso urbano.

Arrancamos por asfalto en dirección al puerto, pero enseguida, tras apenas unos 200 m, nos desviamos a la izquierda por un sendero, el Camino de las Minas, y cruzamos el Río Cuiña por un puente de cemento.

De entrada caminamos por terreno llano y encontramos 3 bifurcaciones. En las 2 primeras hemos de ignorar sendos ramales que conducen a los prados que hay a uno y otro lado del sendero. En la tercera seguimos por la derecha, hacia donde apunta un cartel que reza “Minas”. Se trata de las Minas del Cuiña, que estaban emplazadas en la Hoya de Ancares: la mina del Acebalín o “Pilar” y La Venera o “Jesusa“. Ambas abastecían de hierro a la Ferrería de Tejedo. El ramal de la izquierda sube a Mortal de Galegos y al Pozo Bedual.

Un poco más adelante, en la zona conocida como Morequíus, pasamos por la izquierda una valla para el ganado y vadeamos el Arroyo de La Caborca, que baja desde el Chao das Trabas. Unos tubos de hormigón que canalizan el agua nos ayudan a hacerlo.

Al otro lado, el camino se cierra un poco por silvas y vegetación durante unos 600 m, por lo que es mejor ir por los prados de la derecha, salpicados en esta época de gamoncillos y desde los que divisamos al fondo La Venera, el pico más septentrional del Circo glaciar del Cuiña.

Cruzando un pequeño murete semi-derruido, nos reincorporamos al sendero en el punto en el que éste es atravesado por una valla y un pequeño riachuelo. No queda otra que saltar y hay que tener cuidado porque el vallado está electrificado, aunque la descarga es inofensiva.

Unos 200 m después, tras recibir por la derecha a otro sendero que viene desde la carretera, el camino se torna más ancho y comenzamos a subir suavemente, primero bajo la ladera de Mortal de Galegos y después bajo la de Mortaldosos. En el noroeste peninsular, las «mortales», «morteiras» o «abeseos» son términos para designar lugares de umbría y húmeda espesura. Bajo la segunda de ellas cruzamos el Arroyo de El Caborcón y acto seguido llegamos a la Campa Cortello (1147 m), puerta de entrada a la Hoya de Ancares. Antaño era un diáfano pastizal, pero hoy ya no lo es tanto por el crecimiento de la arboleda.

Al fondo de la misma nos topamos de frente con el Río Cuíña. El Camino de las Minas sigue de frente vadeándolo, cosa imposible en esta época de deshielo por el gran caudal (al menos sin mojarse). No es necesario ni planteárselo, porque justo antes del mismo, hemos de desviarnos a la izquierda por un sendero empinado y pedregoso, que sigue remontando el cauce por su margen derecho (tomando como referencia el sentido de la corriente).

Pasado un pequeño acebal y un tramo anegado por el Arroyo de Mortaldosos, contactamos de nuevo con el río y la pendiente afloja un poco en la Campa Cardeo (1250 m), desde la que ya comenzamos a divisar las escarpadas paredes del Circo del Cuiña.

A partir de ahí, el hasta ahora ancho sendero da paso a una senda estrecha e hitada, que asciende por el tupido bosque de Mortaldosos, rico en abedules, robles, acebos, y algún que otro arce y tejo. A nuestra derecha, el río se oye más que se ve, pero de vez en cuando aparece formando pequeños saltos de agua, última oportunidad para recargar nuestras cantimploras.

Sobrepasada la cota 1300 m, merece la pena desviarse apenas 50 m a la derecha de la senda para visitar la Cascada del Cuiña (1335 m), un bucólico rincón escondido entre la espesura. El río se precipita desde una altura de unos 10 m por un ancho talud recubierto de musgo, que según la luz y la cantidad de agua, adquiere diferentes tonalidades, verde, ocre y rojo, creando un precioso mosaico multicolor.

De nuevo en el trazado y con otro arreón, salimos del bosque para acceder a la gran pedrera de la Cuesta el Campanario, ubicada al pie del anfiteatro rocoso que enmarca la Hoya de Ancares.

Buscando el mejor paso entre los bloques y guiados todavía por algún que otro hito, progresamos inicialmente en dirección a la Grieta de Brañoto, una enorme brecha que quiebra verticalmente el farallón rocoso que tenemos enfrente y por la que se desprende el Río Cuiña formando otro longilíneo pero espectacular salto de agua.

Poco antes de llegar al pie del mismo, nos fuimos tirando a la izquierda por la transición entre el canchal y el bosque de Mortaldosos, por la que se avanza sin mayor problema que la pendiente. La referencia que tomamos es un árbol ubicado al pie de los cortados, bajo el que debemos pasar.

Sobrepasado éste, dejamos atrás la pedrera y nos topamos con una trocha, rudimentaria pero evidente, por la que continuamos subiendo con sorprendente facilidad bajo los escarpes rocosos. Habíamos visto otras 2 rutas que iban más a la izquierda, dejándose caer hacia Mortaldosos, pero hay bastante matorral y de esta forma se evita.

El único escollo, que no es tal, es el vado del Arroyo de Mortaldosos, que nos obliga a hacer un mínimo destrepe y a tener cuidado de no resbalar.

Unos metros más adelante salimos definitivamente del bosque y alcanzamos el extenso canchal que se extiende al pie de la cara N del Campanario de Ferreira, el pico que cierra por el SE el Circo del Cuiña, que enfilamos con un brusco giro a la derecha.

Iniciamos entonces una espectacular ascensión de 1,7 km que nos llevará hasta el Pozo Ferreira, en la que vamos a salvar 285 m de desnivel y que está dividida en 4 tramos bien diferenciados. Primero subimos por la pedrera en dirección a El Caleyón o Pala Manlol, el corredor más atractivo de Ancares con el permiso del de la cara N del Mustallar. Los bloques de piedra son en general grandes y relativamente estables, pero aún así hay que tener cuidado con las torceduras de tobillo.

Después lo hicimos por la linde entre el canchal y la franja verde de la derecha, teniendo como referencia un abedul que vemos en la distancia. Por encima de este último encontramos las ruinas de un antiguo chozo o vivac. De seguir de frente enfilaríamos El Caleyón, pero nosotros giramos a la derecha para llegar a un pequeño plateau (1665 m) ubicado al pie de la Coladiña Fermosa o Verdia del Marco, el collado que separa el Campanario y el Cuiña. Sobre la planicie vimos cantidad de ejemplares de rebeco ancarés correteando de un lado a otro.

En el tercer segmento, que combina tramos de pedrera fina con tramos herbosos, la pendiente vertical afloja, pero a cambio se incrementa la pendiente lateral, lo que nos obliga a asegurar el paso.

Al final de un largo de un kilómetro y medio, nos topamos de nuevo con el Río Cuiña en su descenso hacia la Grieta de Brañoto. En este punto giramos a la izquierda e iniciamos el cuarto y último tramo de la ascensión, en el que remontamos el cauce con la imponente cara NE del Cuiña asomando en la lontananza. La pendiente vuelve a ser dura, especialmente en la parte final, una endiablada rampa herbosa que antecede al plateau en el que se asienta la laguna.

Tras ignorar una senda que sale a la izquierda y que conduce directamente a la Coladiña Fermosa, llegamos al Pozo Ferreira (1815 m), hermoso, de origen glaciar, y de aguas gélidas y cristalinas alimentadas por el deshielo primaveral.

En el lado norte de la laguna arranca un sendero por el que continuamos ruta, que asciende suavemente en diagonal hasta el Campo de Suárbol (1833 m), nombre clásico por el que se conocía al collado que separa el Cuiña del Brañutín. Son apenas 500 m, en los que dejamos a la izquierda los neveros más duraderos del circo glaciar, nieves que dicen eran perpetuas allá por los años 80. De hecho, el más alto de ellos nos obligó a dar un pequeño rodeo para llegar al alto, ocupado hoy por vacas en busca de pasto. Abajo a la derecha podemos ver las lagunas glaciares inferiores y detrás, el Refugio del Cuiña o «Cabano da Braña de Teixeu».

Una vez arriba, giramos a la izquierda para afrontar la ascensión final al Cuiña por su arista N, unos exigentes 600 m en los que hemos de superar unos 160 m de desnivel (pendiente media del 26,5%). Durante la subida, tenemos una muy buena vista hacia la izquierda del CampanarioPenas Apañadas y el Pozo Ferreira.

La amesetada cima del techo de Ancares (1992 m) está coronada por un letrero metálico que reza “Cuiña 1997 m” sobre las siluetas de un rebeco y un lobo. La altura es 5 m más alta que la real, pero es bonito. Las vistas son espectaculares: hacia el SO, sobre la Colada de Soplar, vemos el Pena Longa y el Mustallar, y detrás el magnífico cordal principal de Ancares hasta el Penarrubia, identificado por su característico gancho; hacia el NE nos asomamos (con cuidado) a la Hoya de Ancares y al fondo vemos la Cordillera Cantábrica, en la que en un día claro podemos distinguir fácilmente picos como Peña Ubiña o el Catoute.

La bajada la hicimos por la arista E. Dejándonos caer un poco hacia el S encontramos la senda, que con más facilidad de la esperada, serpentea por los riscos de Penas Apañadas (1930 m) hasta la Verdia del Marco o Coladiña Fermosa (1832 m). Hacia la derecha vemos el Valle de Finolledo, uno de los 3 embriones del Burbia y hacia donde dicen se despeñó un pastor hace muchos años.

Y de frente tenemos nuestro siguiente objetivo, el impresionante Campanario de Ferreira, también llamado Dos Hermanitos, de cuya cima nos separa un estrecho y rocoso cresterío de unos 800 m, con vertiginosas caídas hacia ambos valles. Aunque parezca que no, lo mejor es ir por la cuerda, que ganamos rápidamente con una pequeña trepada. A los 200 m llegamos a Horcado Perdido o Coladiña del Caleyón (1828 m), la asombrosa portilla en la que termina El Caleyón y sobre la que se alza el escultural Cuerno del Campanario. Para salvar este último hemos de dejarnos caer un poco hacia la derecha y luego recuperar la cuerda con otra trepada que requiere ayudarse de las manos. A continuación, afrontamos un paso un tanto aéreo, en el que una rudimentaria senda cimera salva por la izquierda un pequeño risco. Es corto, pero hay que tener cuidado y mirar al frente. Superado el trago y ascendiendo ya sin dificultad por una pedrera, llegamos a la cima del Hermanito Menor (1898 m) o cima oeste. Desde allí, pasando por un pequeño collado intermedio (1888 m), se llega fácilmente al Hermanito Mayor (1901 m) o cima este, coronada por un sencillo hito y desde la que disfrutamos de unas magníficas vistas.

El descenso hasta la siguiente estación, la Peña da Bedual (1846 m), se hace por la cuerda y es espectacular, empinado y por terreno descompuesto, pero no requiere de alardes técnicos. La cima del que para mí es el «tercer Hermanito» es rocosa pero se alcanza sin problemas.

Desde allí, dejándonos caer un poco hacia la derecha, continuamos bajando con fuerte pendiente. Abajo a la izquierda, hacia Mortal de Galegos, vemos fugazmente el Pozo Bedual, la laguna glaciar más recóndita y desconocida de Ancares. La senda sigue de frente hacia un cerrillo sin nombre, pero no nos pudimos resistir a visitarla. Para ello hay que perder 120 m de altura, bajando entre matorral y por terreno pedregoso en el que a veces se intuye una trocha. El pozo, algo más pequeño que el Ferreira, se asienta en un plateau a 1645 m de altitud y tiene mucho encanto.

Tras retomar la cuerda, subiendo campo a través hasta el collado posterior al cerrillo sin nombre, subimos al Alto de Mortal de Galegos (1755 m), desde el que se tiene una muy buena vista atrás del Campanario y Peña da Bedual. Viendo las 3 cimas entenderéis por qué habría que hablar de «Tres Hermanitos» y no de dos.

Con un pequeño destrepe que requiere de algún apoyo, comenzamos el recorrido por la cuerda del Escamelao, un cresterío con múltiples cimas que sobrevuela el Valle de Finolledo hasta el Lourantín o Piedra de Miradelo. Hay senda y se avanza ya más cómodamente, aunque en ocasiones el brezo o algún brote de roble amenazan con taparla.

Del collado (1695 m) anterior al Escamelao oriental (1747 m) sale a mano izquierda la senda por la que vamos a descender a Tejedo. Nosotros coronamos el pico por ver las vistas y porque nos faltaba esta cima.

El descenso se hace entre brezo, inicialmente por el Lombo das Porqueirizas y luego por la Vertiente de Redesquibos, tributaria de la Vineisa, donde lidiamos con algún tramo corto algo más cerrado de vegetación.

La senda termina adentrándose en un robledal, en el que encontramos hitos y alguna estaca roja que nos sirven de guía.

Bajo la cota 1450 m desembocamos en un camino ancho al uso, que ya no vamos a dejar hasta llegar al pueblo. Un poco más abajo está la Braña de Pereda (1330 m), a la que llegamos pasando por varias campas, alguna con nombre propio, como el Chao Formigueiros. La cabaña está en muy buen estado y acondicionada para pernoctar, aunque el entorno amenaza con devorarla.

El último tramo de la ruta discurre cómodamente por el margen derecho del Barranco de la Vineisa, arroyo que cruzamos en El Acingadoiro. En la bajada atravesamos el precioso bosque de El Gobo y hemos de ignorar dos ramales que salen a la derecha, el primero hacia Pereda y el segundo hacia Tejedo.

Ya en el fondo del valle, cruzamos de nuevo el Arroyo de la Vineisa, vado que resulta difícil hacer sin mojarse en esta época, y luego el Río Cuiña, éste por un puente. El camino termina muriendo en la carretera LE-4211. Giramos por ella a la izquierda y en 400 m llegamos de vuelta al aparcamiento pasando por la antigua Ferrería de Tejedo, ubicada en un prado a orillas del río denominado “El Carrizal” y que estuvo operativa entre el año 1788 y finales del S.XIX.

Desde el punto de vista técnico, he catalogado el recorrido como «difícil» o «muy difícil» si se considera de «senderismo». Si hablamos de «alpinismo», sería de dificultad moderada. Las razones para hacerlo así son:

  1. El terreno nunca es cómodo, salvo los tramos inicial y final.
  2. La ascensión por la Cuesta el Campanario discurre en un gran porcentaje por canchal.
  3. El paso por la cuerda del Campanario es complicadillo, con alguna trepada en la que hay que ayudarse con las manos, y con un paso por senda un pelín aéreo.
  4. El descenso a Peña da Bedual y desde ésta a Mortal de Galegos en empinado y por terreno descompuesto.
  5. El posterior tránsito por la cuerda del Escamelao es un tanto incómodo, porque la senda cimera está en algún tramo bastante carcomida por el brezo y el matorral.
  6. La bajada desde el Escamelao hasta casi la Braña de Pereda está también tomada por el brezo y antes de meterse en el robledal, hay algún tramo un poco cerrado. Dicen que la van a desbrozar para el «Trail de Ancares» de septiembre. Ojalá lo hagan !!!

En mojado no es nada recomendable porque habrá tramos muy resbaladizos y con nieve y hielo es muy peligrosa por la acusada pendiente lateral bajo el Campanario y en la cuerda del mismo.

En resumen, una travesía espectacular que goza de todos los ingredientes que convierten a Los Ancares en un lugar tan especial: silencio, montaña en soledad, sendas olvidadas, dos valles preciosos (Ancares y Finolledo), bosques impenetrables (Mortaldosos, Redesquibos, El Gobo), una cascada multicolor de ensueño, un circo sobrecogedor y dos lagunas glaciares llenas de encanto (Pozos Ferreira y Bedual), 6 picos, entre los que están el techo de la sierra (Cuiña) y su cumbre más hermosa (Campanario de Ferreira), y la ascensión más alpina y virginal de esta sierra, por la Cuesta el Campanario y la cara norte de Dos Hermanitos.