Del Pontón de la Oliva a la Presa de la Parra (Circular por el Cañón del Lozoya y el Barranco de Reduvia)

FUENTE DE INFORMACIÓN: Cartografía del Instituto Geográfico Nacional, visor Iberpix 4.
FOTOGRAFÍA: iPhone 11 Pro.
ZONA: Entorno del Pontón de la Oliva, Cañón del Lozoya - Sierra Norte de Madrid y Parque Natural Sierra Norte de Guadalajara.
DESDE: Aparcamiento de las Casas del Pontón de la Oliva, provincia de Madrid.
CERCA DE: Patones, Uceda, Alpedrete de la Sierra, Valdepeñas de la Sierra, El Atazar.
ÉPOCA: abril de 2022.
TIPO DE RUTA: circular.
NIVEL DE DIFICULTAD: moderado.
Datos descargados de GPS SUUNTO Ambit3: Long: 19,02 km. Desnivel acumulado positivo: 404 m. Desnivel acumulado negativo: 404 m. Cota máxima: 903 m. Cota mínima: 704 m. Tiempo empleado: 6 h 32 min (con calma, paradas para fotos y para marcar waypoints). Tiempo en movimiento: 4 h 24 min.
MATERIAL: GPS, senderismo.
AGUA: Pequeño manantial entre las minas de ataque. Se cruza el río Lozoya y los Arroyos de Los Laderones, del Vizuerco, del Casucho, de Robledillo, de Reduvia y de la Cañada.
TIPO DE FIRME: sendero, single-track, pista forestal, pista asfaltada.
SEÑALIZACIÓN: marcas del GR-88 y GR-10.

ITINERARIO:
Aparcamiento de las Casas del Pontón de la Oliva – Cruce de la M-134 – Presa del Pontón de la Oliva – Cañada de la Caleriza (GR-88) – Arroyo de Los Laderones (Dehesa de la Oliva) – Camino de Servicio del Azud de la Parra – Minas de ataque – Barranco del Vizuerco – Almenara de Sedimentación – Azud de Navarejos – Almenara de Navarejos – Refugio de Navarejos – Azud de la Parra – Puente sobre el Arroyo del Casucho – Vado del Arroyo de Robledillo – GR-88 – Collado de la Pedriza (897 m) – Puente sobre el Barranco de Reduvia – GR-10 – Barranco de la Cañada – Camino de Servicio del Canal del Alto Jarama – Casilla de La Lastra – Sifón de El Pontón, Almenara de entrada – Mirador del Cañón del Lozoya – Portilla de los cortados calizos del Cañón del Lozoya – Presa del Pontón de la Oliva – Cruce de la M-134 – Aparcamiento de las Casas del Pontón de la Oliva.

Descárgate la ruta y accede a más información (mapas, waypoints, altimetrías, fotos) en el siguiente enlace de Wikiloc:
Del Pontón de la Oliva a la Presa de la Parra (Circular por el Cañón del Lozoya y el Barranco de Reduvia)

EL ENTORNO:
Descubre más acerca de la zona en el siguiente enlace de nuestro blog:
El río Lozoya y la historia del agua de Madrid

LA RUTA:
La ruta de hoy es una circular entre el Pontón de la Oliva y la Presa de la Parra, yendo por el Canal de la Parra (Cañón del Lozoya) y volviendo por el Barranco de Reduvia y el Camino de Servicio del Canal del Alto Jarama.

Salimos del Aparcamiento de las Casas del Pontón de la Oliva cruzando la carretera M-134. Al otro lado, atravesamos una cancela con la marca del GR-88 que nos dio acceso a la Presa del Pontón de la Oliva.

La Presa del Pontón de la Oliva

La Presa del Pontón de la Oliva es la presa más antigua de Madrid. Tiene 27 metros de altura, es de gravedad y está construida con sillería de grandes bloques de piedra unidos mediante mortero de cal.

El Pontón de la Oliva antes de hacer la presa, en la revista española El Museo Universal (Wikipedia).
Fotografía de la presa del Pontón de la Oliva publicada en 1858 (Biblioteca Nacional).

El proyecto originalmente diseñado para abastecer de agua a la cuidad de Madrid (1848) consistía en la construcción de un canal de 77 kilómetros de longitud (el Gran Canal), el cual traería el agua desde una presa ubicada cerca de la desembocadura del Lozoya en el Jarama, en un valle conocido como el «Cerro de la Oliva», hasta un gran depósito localizado en el Campo de las Guardias de Madrid («Primer Depósito«). El elevado coste de las obras obligó a buscar fuentes de financiación a cambio de dividendos por la distribución del agua, siendo la Reina Isabel II una de las mayores inversoras. Este fue realmente el punto de partida del actual «Canal de Isabel II». Los trabajos comenzaron en agosto de 1851, una obra faraónica que involucró a 2000 presos de las guerras carlistas, 200 obreros libres y unos 400 animales de carga. Fueron 5 años de obras bajo unas condiciones durísimas, con múltiples accidentes, e incluso una epidemia de cólera en el campamento. Como curiosidad, decir que para la comunicación entre obras se emplearon palomas mensajeras, un método bautizado como «telegrafía alada». Aunque la presa estaba concluida en 1856, no fue hasta 1858 cuando, el día de San Juan y con la presencia de la Reina, se llevó a cabo la inauguración de la misma (junto con el Primer Depósito y el Gran Canal) en la carrera de San Bernardo.

Con la llegada del agua del Lozoya, Madrid experimentó una evidente transformación. Se hicieron jardines y fuentes que adornaban el paisaje y la higiene mejoró notablemente entre la población, que pasó de los 200000 habitantes de 1850, a los casi 300000 de principios de la siguiente década. Sin embargo, con el tiempo surgieron problemas que hicieron que el funcionamiento de la presa fuera inadecuado. La composición del terreno sobre el que estaba construida, sumamente calizo y propenso a la erosión del agua, fue la responsable de que a partir de 1867, cuando el embalse se llenaba por las lluvias durante los meses de invierno, se abriesen galerías o cuevas en sus paredes por las que se escapaba el agua, haciendo que el nivel de entrada fuese incluso más bajo que el del canal de salida. Este fue el motivo por el que el Pontón de la Oliva cayó en desuso y a los pocos años fue abandonado, siendo finalmente desaguado en 1894. En 1990 fue rehabilitado para que albergase el Archivo General del Canal. Hoy en día, la pared oriental del antiguo embalse es punto habitual de encuentro para los amantes de la escalada, que ven en ella un pequeño paraíso donde desarrollar su afición.

Pasando por la Almenara de El Pontón (Canal de la Parra), desde la que tenemos una buena vista del Lozoya abandonando la presa en busca del Jarama, llegamos a la parte trasera de la misma. Al otro lado del río, observamos multitud de escaladores pugnando con las imponentes paredes calizas que ascienden hacia el Canal del Alto Jarama.

Tras caminar por un estrecho pasillo labrado bajo las verticales paredes rocosas del Cerro de la Oliva y protegido por una barandilla, desembocamos en un camino al uso. Se trata de la Cañada de la Caleriza, una vía pecuaria que viene desde las afueras de Torremocha de Jarama y por la que en este tramo discurre el GR-88.

A nuestra derecha, acompañando con sus amplios meandros nuestros pasos, el Lozoya, frontera natural entre la Comunidad de Madrid (margen derecho del río) y la provincia de Guadalajara (margen izquierdo). En esta época de primavera incipiente, el río surca hermosos prados teñidos de un verde intenso, en los que pastan apaciblemente multitud de vacas. Los calores del estío apagarán pronto esta explosión de color, pero da gusto ver el Valle Bajo del Lozoya así.

Sobrepasada la Vertiente de Los Laderones, el estrecho sendero discurre frente a los Cortados de La Lastra, entre los que distinguimos su inconfundible portilla (por la que pasaremos a la vuelta).

Dejando atrás las calizas, pasamos bajo la ladera de Las Chozas, donde atravesamos una preciosa arboleda frente a la desembocadura del Barranco de Reduvia. La preside un inmenso árbol con ramas kilométricas que semejan los tentáculos de un pulpo gigante.

Poco a poco nos adentramos en un bosque de ribera en el que predominan fresnos y sauces, y el Lozoya, que hasta ahora se mostraba inaccesible 20 o 30 m por debajo de nosotros, se acerca progresivamente al nivel del camino. Merece la pena descender unos metros para contemplar la belleza de sus aguas cristalinas y puras.

Bajo la Casilla de la Tejera (que no llegamos a ver porque queda ligeramente más arriba en la ladera), encontramos una construcción del Canal de la Parra cuya trasera desagua al Lozoya formando un curioso salto de agua.

Un poco más adelante, casi a la vera del río y tras pasar junto a un cercado para protección del ganado, desembocamos en el ancho Camino de Servicio del Azud de la Parra.

Seguimos por el hacia la derecha y enseguida nos topamos con 2 minas de ataque separadas por apenas 900 m. Estas galerías horizontales que se dirigen hacia el interior de la montaña, donde se encuentra el Canal de La Parra, servían como accesos al mismo, facilitando el transporte de materiales durante su construcción y la entrada de los trabajadores.

Pasado el Barranco del Vizuerco, donde caminamos justo bajo el Poblado del Atazar, ignoramos dos desvíos a mano izquierda: el primero es un camino privado del Canal y el segundo un sendero que asciende a Cabeza del Molino, bajo la cual hallamos la Almenara de Sedimentación.

Unos 700 m después, llegamos al que para mi es el rincón más bonito del río Lozoya a su paso por el Canal de la Parra, el Azud de Navarejos, el cual se inauguró en 1860, dos años después del Pontón de la Oliva, para poder retener el agua del río y solucionar el problema del bajo caudal en los meses de estío. La transparencia del agua, dejando ver la exuberante vegetación del fondo del río, genera unas tonalidades verdes realmente espectaculares.

Desde allí, continuamos rodeando Cabeza del Molino, pasando sucesivamente por la Almenara de Navarejos y el refugio del mismo nombre.

A los pies del semiderruido chozo, nos cruzamos con la Senda del Genaro, que hacia la izquierda asciende por la Cañada de la Caleriza hasta el Poblado del Atazar, y hacia la derecha cruza el Lozoya por unos bloques de hormigón y sigue por el GR-88 y el GR-300 hacia El Atazar pueblo. En este punto podríamos vadear el río y acortar la ruta accediendo directamente al Arroyo de Robledillo, pero nosotros seguimos de frente.

El Camino de Servicio del Canal muere apenas medio kilómetro después en el Azud de la Parra.

La Presa o Azud de la Parra

Desde el inicio del funcionamiento del Azud de Navarejos, se observó que algunos de los arroyos (Robledillo y de la Parra) que drenaban en él enturbiaban el agua procedente del Embalse de El Villar. Además, los arrastres del río acumulaban una gran cantidad de residuos dentro del azud, obligando a frecuentes limpiezas para evitar el enterramiento del dique. Para evitarlo, en 1904, se construyó otro embalse, el Azud de La Parra, 2 km por encima de Navarejos. Asimismo, se prolongó el canal hasta el nuevo embalse, tramo que recibió el nombre de «Canal de La Parra«. La posterior construcción del Canal de El Villar y del Embalse y el canal de El Atazar han hecho que este azud haya quedado habitualmente sin uso. No obstante, el Canal de Isabel II lo conserva «funcionante», con objeto de poder utilizarlo para el abastecimiento en caso de sequía. Su función es poder utilizar los últimos 50 hm³ almacenados en el Embalse de El Atazar, que no pueden ser extraídos desde su torre de toma. La pasarela que cruza sobre la presa da continuidad a las rutas que recorren la zona, tales como la Senda del Genaro. La presa es de gravedad, está construida en hormigón y tiene 5 m de altura.

Cruzamos el Lozoya por la pasarela de la presa (en teoría está prohibido, pero todo el mundo lo hace 😜) y nos adentramos en tierras guadalajareñas, por las que haremos la vuelta. El sendero salva inicialmente el Arroyo del Casucho por un puente y luego se dirige al Arroyo de Robledillo. Nosotros lo vadeamos por una zona favorable, pero siguiendo unos metros por el camino, se puede pasar más cómodamente.

Al otro lado, nos topamos con el GR-88 (por el que habríamos llegado si hubiésemos cruzado el río por los bloques de cemento). Lo tomamos hacia la izquierda (dirección El Atazar), pero enseguida lo abandonamos para encarar la ladera. Primero, atrochando con bastante pendiente, luego por un single-track y finalmente, por un resbaladizo cortafuegos que se salva mejor por la derecha.

Al final del mismo encontramos ya un camino al uso, por el que completamos la subida hasta el Collado de la Pedriza (897 m) con excelentes vistas del Canal de la Parra.

En el alto encontramos una trifurcación. Seguimos por el ramal del medio, una pista que desciende a lo largo de 2,5 km hasta el Barranco de Reduvia, dejando a la derecha las majadas del Corral de Manuel Ruiz.

Alcanzamos el arroyo en el puente de piedra que sobrevuela su horcajo con el Reguero del Bustar y el Arroyo Valcabezas. Merece la pena bajar al río, un buen lugar para hacer un alto y tomar un tentempié. El Barranco de Reduvia nace bajo el Collado de los Portillos, al SE del Cerro de la Torrecilla (Parque Natural Sierra Norte de Guadalajara), y desemboca en el Lozoya unos 2 km al N del Pontón de la Oliva.

Pasado el puente, nos desviamos a la derecha por el GR-10, un estrecho sendero que asciende por el margen derecho del barranco.

Tras vadear fácilmente el Barranco de la Cañada y pasar junto a las ruinas de una antigua majada ubicada bajo uno de los acueductos del Canal de Isabel II, desembocamos en el Camino de Servicio del Canal del Alto Jarama.

La pista, ancha y semiasfaltada en algunos tramos, une el Pontón de la Oliva con Alpedrete de la Sierra. Continuamos por ella hacia la derecha, pasando por varias instalaciones del Canal de Isabel II: otro de sus acueductos, la Casilla de La Lastra y el Sifón de El Pontón o Almenara de entrada.

Pasada ésta última, nos desviamos unos metros hacia la derecha para asomarnos a un promontorio rocoso (860 m) ubicado sobre los cortados calizos que conforman la pared oriental del Cañón del Lozoya. Hay que tener cuidado de no resbalar porque la caída es definitiva (abstenerse si se tiene vértigo), pero merece la pena porque la vista del valle es sencillamente espectacular.

Unos metros más adelante, hicimos lo propio desde la portilla (840 m) que se abre al cañón entre los farallones calizos.

De vuelta en el camino, pasamos sobre las impresionantes tuberías que descienden desde el Sifón hasta la presa y un kilómetro después, lo abandonamos tomando un atajo hacia la derecha por el que bajamos directamente al Pontón de la Oliva.

Tras admirar la faraónica obra, cruzamos por segunda vez el Lozoya y continuamos por la pista asfaltada hasta la M-134, desde la que atrochamos para llegar de vuelta al aparcamiento evitando el asfalto.

Desde el punto de vista técnico, el recorrido carece de complicaciones.

En resumen, una preciosa ruta de puro senderismo que combina el atractivo paisajístico del Valle Bajo del Lozoya, con el de visitar instalaciones históricas del Canal de Isabel II, las cuales fueron en su día el embrión del ambicioso y colosal proyecto que trajo el agua a la ciudad de Madrid.