Cascada del Cancho Litero desde Los Llanos (Villavieja del Lozoya)

FUENTE DE INFORMACIÓN: Cartografía del Instituto Geográfico Nacional, visor Iberpix 4.
FOTOGRAFÍA: iPhone 11 Pro.
ZONA: Vertiente meridional de los Montes Carpetanos, Valle de Matambre o del Arroyo de los Robles - Sierra de Guadarrama, Sistema Central.
DESDE: Calle del Chorrillo, parte alta de la Urbanización Los Llanos (1150 m), Villavieja del Lozoya.
CERCA DE: Villavieja del Lozoya, Gascones, Braojos, La Serna del Monte.
ÉPOCA: marzo de 2021. Tiempo: cubierto.
TIPO DE RUTA: circular.
NIVEL DE DIFICULTAD: moderado.
Datos descargados de GPS iPhone 11 Pro: Longitud: 10,57 km. Desnivel acumulado positivo: 329 m. Desnivel acumulado negativo: 329 m. Cota máxima: 1402 m. Cota mínima: 1146 m. Tiempo empleado: 3 h 59 min (con calma y paradas para fotos y para marcar waypoints). Tiempo en movimiento: 2 h 26 min.
MATERIAL: GPS, senderismo (sin nieve).
AGUA: varios abrevaderos para el ganado. Se cruzan los arroyos de las Cortes, de los Robles, del Collado del Espino, del Montarrón y del Zarzoso o del Berrocazo, así como algún pequeño riachuelo.
TIPO DE FIRME: pista forestal, sendero, trocha.
SEÑALIZACIÓN: hitos en la subida a La Atalaya. Señales y paneles informativos en la Colada de la Solana.

ITINERARIO:
Urbanización Los Llanos – Malmorir – Cañada o Camino de Gallegos – Puente sobre la vía férrea – Depósito de agua de Villavieja del Lozoya – Robledal de la ladera de Los Collados (rebollar) – Matahambre – Arroyo de las Cortes, Descansadero y Sextil del Raso de la Cruz – Puente sobre el Arroyo de los Robles – El Moto y Cancho Litero – Pinar del Tablaillo – Cruce del Arroyo Collado del Espino – Promontorio rocoso o farallón de La Atalaya (1372 m) – Cascada del Cancho Litero (1370 m) – Arroyo del Montarrón – Colada de la Solana – Los Zarzosos – Arroyo de El Berrocazo, Quiñón de Baeza – El Pilón y el Salegar (Quiñón de las Esparteras) – Majada del Cabrero – Camino de los Batanes – Cruce del Arroyo de los Robles – Antigua Fragua, Estanque – Camino de Gallegos – Los Llanos.

Descárgate la ruta y accede a más información (mapas, waypoints, altimetrías, fotos) en el siguiente enlace de Wikiloc:
Cascada del Cancho Litero desde Los Llanos (Villavieja del Lozoya)

EL ENTORNO:
Descubre más acerca de la zona en los siguientes enlaces de nuestro blog:
La Sierra de Guadarrama
Los Montes Carpetanos

LA RUTA:
La ruta de hoy une la Urbanización Los Llanos (Villavieja del Lozoya) con la Cascada del Cancho Litero, subiendo por el Camino de los Gallegos y bajando por la Colada de la Solana y el Camino de los Batanes.

Día gris pero temperatura agradable, ideal para caminar. Partimos de la parte más alta del Barrio de Los Llanos (1150 m), donde es fácil dejar el coche en cualquier callejuela (nosotros lo hicimos en la Calle del Chorrillo). También se puede comenzar la ruta en Villavieja del Lozoya, pero se alarga unos 4 km que tampoco merecen tanto la pena. Salimos atrochando unos metros hasta alcanzar, en la zona de Malmorir, la pista que remonta la ladera occidental del valle surcado por el Arroyo de los Robles. Es la denominada Cañada o Camino de Gallegos, una antigua vía que conduce hasta el Puerto de Linera (1831 m).

Continuamos por ella hacia la izquierda. Enseguida pasamos por un puente sobre la antigua vía férrea Madrid-Irún y poco después por una cancela con un paso canadiense. Al otro lado, encontramos una bifurcación. Por la derecha sale el Camino de los Batanes, que baja al río y por el que luego volveremos. Ahora seguimos de frente.

Un poco más arriba, dejamos a la izquierda un depósito de agua de Villavieja del Lozoya (hacia el que sale un ramal que ignoramos), enfrente del cual hay un abrevadero para el ganado.

A partir de ahí, nos adentramos en el bonito robledal (rebollar) de la ladera de Los Collados, hoy totalmente denudado por lo avanzado del invierno.

Al llegar a la zona de Matahambre, salimos de nuevo a terreno despejado y pasamos sucesivamente junto a otro abrevadero, un teórico manantial (que en realidad no es tal, sino una arqueta de canalización del agua) y un acebo gigante.

A unos 1300 m de altitud, llegamos a un pequeño alto desde el que ya se divisa perfectamente el Desfiladero del Cancho Litero, una estrecha grieta abierta entre grandes peñascos graníticos que se insinúa hacia la cuerda carpetana entre los cerros de La Peñota (fácilmente identificable por la cicatriz de su cortafuegos) y del Espino.

Escasos metros después, en el punto en el que la pista cruza sobre el Arroyo de las Cortes, pasamos una barrera. Un cartel nos indica que estamos sobre el Descansadero y Sextil del Raso de la Cruz, un praderío donde antiguamente descansaba y bebía el ganado antes de subir al puerto por el Cordel de los Gallegos. Este lugar albergaba también una casa para el guarda conocida como «La Casa de los Pinos», que al parecer fue derruida en los años 50 porque daba cobijo a los maquis.

Bajando unos metros, podemos visitar el lugar a la vera del arroyo.

De vuelta en la pista, encontramos una bifurcación. Ignoramos el ramal de la izquierda, que remonta el curso del Arroyo de los Robles, y seguimos por la derecha, sin ganar altura, para cruzar éste por un bonito puente de piedra. En el camino se pueden ver a la izquierda unos curiosos hitos de gran tamaño que llaman la atención. Al parecer se denominan «motos» y servían para delimitar terrenos expropiados.

El Arroyo de los Robles nace en la vertiente meridional de la cuerda carpetana, en la zona de Los Gustares, al S de La Peñota. Tras recibir las aguas de varios arroyos cercanos (de Villavieja, del Tajo, del Collado del Espino, del Montarrón y de las Cortes), discurre por el Valle de Matambre. Este valle fue conocido primero como "Valle del Paraíso" (Privilegio de la bolsilla, 1208) y posteriormente como "Garganta hermosa" (Libro de Montería, 1350). En la actualidad, el nombre de "Arroyo de la Garganta" aún se conserva para referirse a alguno de los tramos del río. Un poco por encima de Villavieja del Lozoya, al lado de los Huertos de Mara, en un lugar conocido como Los Pontones, el Arroyo de los Robles se junta con el Buitraguillo para finalmente, bajo una u otra denominación según las fuentes que se consulten, desembocar en el río Lozoya a las afueras de Buitrago.

Un poco más adelante, pasamos bajo el cortafuegos de La Peñota (donde hay un letrero indicativo) y retomamos la subida. Otro panel explicativo nos informa de que estamos en la zona de «El Moto y Cancho Litero«.

A los pocos metros, abandonamos la pista para adentrarnos en el Pinar del Tablaillo y bajar ligeramente hasta cruzar el Arroyo Collado del Espino. Sorteando los pinos, de reforestación y corteza anaranjada (Pino Silvestre o de Valsaín), a cuya sombra crece algún que otro acebo, hay una trocha, aunque por momentos se difumina por la gran cantidad de ramas caídas. Antes de llegar al cauce, nos topamos con un pequeño afluente fácil de saltar, pero vadear el arroyo no es tan fácil en esta época debido a su gran caudal (imagino que en verano será diferente). Nosotros lo hicimos por una rudimentaria pasarela de troncos, hábilmente instalada a tal efecto.

Al otro lado, empezamos a subir en dirección N. Inicialmente se sigue el curso del arroyo, pero llega un momento en el que las rocas nos bloquean el paso, obligándonos a sortearlas por la derecha con mayor pendiente. A medida que ascendemos, son más frecuentes los hitos que nos ayudan a identificar la senda, aunque en más de una ocasión parece haber varias alternativas válidas.

Llegando arriba, vemos a mano izquierda un farallón o promontorio rocoso que asoma al desfiladero. Hay quien lo llama La Atalaya (1372 m) y su caída vertical es de unos 40 m. Si no se tiene vértigo y siempre teniendo cuidado de no exponerse demasiado, merece la pena encaramarse a él porque la vista es impresionante y única. Abajo se puede ver el arroyo formando pequeños saltos entre los peñascos.

La ascensión culmina a unos 1390 m de altitud y a partir de ahí, hay que bajar ligeramente por una estrecha pero diáfana trocha para acceder a la cascada.

La Chorrera del Cancho Litero está escondida a unos 1370 m de altitud, en las profundidades del desfiladero, en un idílico rincón que solo es visible cuando se llega él, ya que antes está tapado por la espesa arboleda. Las aguas del arroyo se precipitan desde una altura de unos 10 m por una grieta abierta entre dos peñascos, cayendo sobre una pequeña poza de aguas cristalinas. En esta época de deshielo, el chorro es ancho y su violento impacto contra el agua remansada a sus pies es lo único rompe el silencio y la paz de lugar.

Siendo puristas y según los mapas del IGN, el arroyo que da lugar a la cascada es el Collado del Espino y no el de Cancho Litero. Este último, que nace bajo el Puerto de Linera y que recibe por la derecha las aguas del Arroyo de Linera, se une con el Arroyo Hondo (que nace bajo Peña Berrocosa) un poco por encima de la cascada para dar origen al Arroyo Collado del Espino, el cual desemboca en el Arroyo de los Robles, a su vez afluente del Lozoya. 

Iniciamos la vuelta deshaciendo lo andado, no sin antes bajar unos metros hasta el arroyo para contemplar el desague del mismo hacia el desfiladero y apreciar la impresionante pared vertical de La Atalaya.

A medio camino del río, nos desviamos a la izquierda para hacer una diagonal por el pinar en dirección SE. A día de hoy, cualquier atisbo de trocha (que la hay) queda difuminado por el caos de troncos acumulados en el suelo, reflejo de que la nevada del temporal Filomena no sólo asoló los pinos de la capital. Este tramo fue más una gincana que otra cosa.

Ya en el margen del pinar, cruzamos fácilmente el Arroyo del Montarrón. Al otro lado, justo a un poste de madera indicativo, arranca la Colada de la Solana o Cañada de las Solanas, una vía pecuaria que baja, a cielo abierto y a media ladera, por la vertiente oriental del Valle del Arroyo de los Robles hasta Villavieja del Lozoya.

Las cañadas y coladas son un tipo de vías pecuarias que servían para facilitar el desplazamiento de personas y ganado. En tiempos, tuvieron mucha relevancia para la trashumancia. Tanto es así, que el rey Alfonso X creó la "mesta", una asociación que velaba por los intereses de los ganaderos revisando el buen estado de las vías, descansaderos y fuentes, y cuidando de que ningún vecino usurpase parte de las mismas para su propio beneficio. Dependiendo de su anchura y su longitud, las vías pecuarias tienen varias denominaciones: cañadas reales, cordeles, veredas, coladas o callejas.

Inicialmente, es un estrecho sendero que, entre jabinos o enebros rastreros, rosales silvestres, retamas, acebos y helechos, discurre sin casi perder altura por la zona de Los Zarzosos, hasta cruzar el Arroyo del Berrocazo o del Zarzoso en el Quiñón de Baeza.

A partir de ahí, se nos abre una fantástica perspectiva del Embalse de Riosequillo y el Valle Medio del Lozoya, antes de que el camino serpentee por una zona un tanto anegada y cerrada por alguna que otra zarza o arbusto espinoso, en la que encontramos el «Salegar» y el «Pilón» (por este orden). Estamos en el conocido como Quiñón de las Esparteras. Al parecer, las «Esparteras» o «atochas» son los cepellones o macollas que forma el «esparto» (Macrochloa tenacissima), una planta mediterránea de la familia de las gramíneas. Pueden llegar a tener hasta 1 m de altura y son muy apreciadas en cestería y para hacer escobas. El «Salegar» son unas piedras desprovistas de musgo donde tradicionalmente se le echaba sal al ganado (como aporte mineral), y el «Pilón» es un abrevadero que recoge las aguas de las «Tollas del Sacedillo» para dar de beber a las reses. Como quiera que haciendo la ruta en este sentido, el panel informativo está al final, pues nosotros vimos el pilón pero no reparamos en el salegar.

Un poco más adelante, la senda se bifurca. Nosotros seguimos por la izquierda, aunque da un poco igual porque los dos ramales se unen más adelante. Si vamos por la derecha, pasaremos por la «Piedra de los mil hombres«, un bolo granítico incrustado en el muro de la derecha que, según contaba un cartel ahora desaparecido, debe su nombre a que fue porteada hasta aquí desde el río por un millar de hombres. Al parecer, la piedra no es para tanto y la leyenda es tan incierta como exagerada. Escasos metros después, dejamos el camino principal y nos desviamos a la derecha, para continuar por un sendero que discurre entre dos muros de piedra que delimitan sendas fincas anexas. También podríamos continuar por el que traíamos, pero daríamos un pequeño rodeo.

Tras unos 800 m, desembocamos de nuevo en un camino ancho, por el que enseguida llegamos a la Majada del Cabrero, por debajo de la cual pasa uno de los túneles de la abandonada línea de ferrocarril Madrid-Burgos.

La Línea Madrid-Burgos por Aranda de Duero se empezó a construir en 1928 y se terminó en 1968 tras un parón por la Guerra Civil. Tenía la ventaja de que ahorraba 90 kilómetros con respecto al antiguo trazado Madrid-Irún por Avila (del año 1864). Fue utilizada incluso por el Expreso de Paris y se comenzó a dejar de usar en la década de 1990, quedando definitivamente fuera de servicio en 1998. Actualmente, solo esta en funcionamiento el tramo Madrid-Colmenar Viejo para trenes de cercanías.

Aquí dejamos la colada, que sigue de frente hacia Villavieja, para continuar por el ramal de la derecha. Se trata del Camino de los Batanes, un sendero de algo más de 1 km que cruza transversalmente el valle, sirviendo de enlace entre el Camino de Gallegos y la Cañada de las Solanas. Inicialmente, con el Cerro de la Mesilla enfrente y al mismo tiempo que vadeamos un exiguo riachuelo, pasamos sobre la boca del túnel del ferrocarril. Un pequeño panel de la Ruta 4 de Villavieja del Lozoya nos explica, no lo que vemos desde aquí, sino las construcciones que nos vamos a encontrar un poco más adelante, las cuales sirvieron de apoyo a las obras de la línea del ferrocarril Madrid-Burgos.

Posteriormente, con algo más de pendiente y dejando a la izquierda una construcción en ruinas (creo que la casa de máquinas, mencionada en el panel y en la que se alojaban unos compresores, aunque no he podido contrastarlo), descendimos hasta cruzar el Arroyo de los Robles. Lo hicimos por un rudimentario puente de madera (1932), en un bucólico lugar en el que el cauce del río, antes de perderse por un túnel bajo la vía del tren, se desvía por una acequiareguera madre» o «caz«) que riega los huertos que hay al N de Los Llanos (Huerta de la Reguera). El mantenimiento la acequia corre a cargo de los vecinos, que anualmente y convocados por el «Alcalde de Reguera» se encargan de limpiarla, retirando la maleza y los restos de materia orgánica. Al otro lado del puente, nos encontramos las ruinas de una antigua fragua que data de los años 30. En ella, utilizando la energía hidráulica, los obreros afilaban las herramientas que empleaban para construir el túnel y la vía férrea. Unos metros más arriba, hay un pequeño estanque que era también utilizado por los operarios.

Los últimos 500 m antes de enlazar con el track de la ida son en suave subida.

Una vez en el Camino de Gallegos, regresamos a Los Llanos por donde empezamos la ruta.

Desde el punto de vista técnico, el recorrido no entraña dificultad, a excepción del mencionado acceso a la cima del farallón de La Atalaya (totalmente evitable), que requiere poner los cinco sentidos.

En resumen, una ruta fácil de media montaña por el Valle de Matambre, en pleno piedemonte carpetano, visitando una de las cascadas más recónditas de la Sierra de Guadarrama, la Chorrera del Cancho Litero. A la belleza salvaje del paraje que acoge la cascada, el escarpado Desfiladero del Cancho Litero, hay que añadir la formidable vista del Valle Medio del Lozoya desde la Colada de la Solana y por supuesto, el encanto del Pinar del Tablaillo y los múltiples arroyos que surcan el valle. Ideal para hacer en época de deshielo, ya que el caudal del chorro y de los ríos hará todo mas espectacular.