El Alto de la Cruz (1735 m) o Risco de la Cruz de Hontanares, es una montaña de la Sierra de Hontanares, pequeña alineación montañosa de Ayllón nororiental perteneciente a la Sierra de la Buitrera o de Tejera Negra. El cordal se extiende con una orientación NO-N desde las inmediaciones de la Pradera de Zopégado hasta el Mirador de Piedras Llanas y constituye la prolongación noroccidental de la Cuerda de las Berceras antes de morir en la llanura segoviana. El Alto de la Cruz se encuentra en su segmento medio, entre el Cerro Merino (al S) y el Cerro de las Barderas (al N). Su cara O asoma al Valle del Riaza, mientras que la E lo hace al Barranco del Espinar y el pueblo amarillo de Martín Muñoz de Ayllón.






El risco se llama así por La Cruz que lo corona, sobre la cual versa una curiosa leyenda.

A principios del siglo VII, bajo el reinado de Don Rodrigo, comenzó la invasión musulmana del moro Tarif, extendiéndose desde Andalucía hacia el norte a gran velocidad, de forma que en pocos años se apoderaron de casi todas las provincias españolas. Los musulmanes, enemigos del cristianismo, profanaban las iglesias y destruían cuanta imagen religiosa se encontraban a su paso. Por su parte, los cristianos intentaban ocular las imágenes para evitar que fueran quemadas.
Cuenta la leyenda que los pobladores de Fontanar, viendo aproximarse a los invasores, decidieron proteger su Virgen de Hontanares escondiéndola en una grieta en la zona más escarpada y elevada de la que llamaban Sierra de Hontanares. Dejaron la imagen en la cueva junto con una lámpara de aceite para que nunca estuviese a oscuras y taparon la entrada con una gran piedra.
Muchos siglos después, tras la Reconquista, un pastor que estaba por la zona con su ganado buscó refugio en la cueva por el mal tiempo y encontró la talla junto con una lámpara y una fuente que manaba gotas de aceite para mantenerla encendida. Cuando toco la fuente, el líquido se convirtió en agua. Esta fuente es conocida actualmente con la Fuente de las Tres Gotas y en la zona de la cueva se colocó en los años cuarenta del siglo pasado una gran cruz de madera recubierta de espejos para que fuese visible desde muy lejos. En los años noventa se sustituyó por una nueva que es la que actualmente se puede ver.

