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Alquézar y las Pasarelas del Vero: Historia Medieval y Naturaleza al pie de la Sierra de Guara

En la comarca oscense de Somontano de Barbastro, al pie de la prepirenaica Sierra de Guara, se encuentra el que dicen es uno de los Pueblos Más Bonitos de España, Alquézar. Se trata de una villa medieval de origen árabe, como atestigua su nombre primitivo «Al-Qasr Banu Jasaf», «la fortaleza de los descendientes de Jasaf», que pasó a manos cristianas allá por el año 1067. Su encanto radica en su cuidado casco histórico, en su rico patrimonio cultural y monumental, y muy especialmente, en su privilegiada ubicación, en lo alto de una loma acabalgada entre el Barranco de la Fuente y el Cañón del Río Vero, afluente del Cinca.

Esta semana os invito a conocer Alquézar realizando la llamada Ruta de las Pasarelas del Vero, para la que se requiere sacar y pagar entrada. El recorrido parte de las inmediaciones de la Plaza Rafael Ayerbe, concretamente, de la Calle de la Iglesia, y comienza bajando por el Barranco de la Fuente o de Poyuela. En la pared norte del mismo, bajo el Collado de San Lucas y la Peña Castibián, vemos la Cueva Palomera, un conjunto de covachos y cavernas donde antiguamente acudían los vecinos a cazar palomas y donde se conservan fragmentos de pinturas rupestres. Y en la margen derecha, dominando la escarpada pared sur del barranco, está la Colegiata-Castillo de Santa María la Mayor, que fue construida en el S.IX por Jalaf ibn Rasid para frenar a los reinos cristianos del norte. Un cartel nos recuerda que transitamos por el tramo del GR-11 que discurre entre Alquézar y Asque, catalogado como «sendero turístico de Aragón».

El descenso está facilitado por unas pasarelas de madera y durante el mismo hemos de cruzar hasta en 4 ocasiones el cauce del arroyo, seco en esta época.

El barranco termina desembocando en el Río Vero junto a un pequeño arenal, en el que encontramos una bifurcación. La ruta sigue por la derecha, pero merece la pena recorrer los 100 m del ramal de la izquierda y visitar la Cueva de Picamartillo o Picamartillos, una curiosa oquedad labrada en la imponente pared del margen izquierdo del Cañón del Vero. El río, que desciende hasta aquí desde la Sierra de Guara, traza en este punto un meandro de izquierda a derecha. El impacto constante del agua ha ido erosionando la caliza a lo largo de miles de años hasta generar una gran visera de roca bajo la que se abre paso, dejando al otro lado una amplia playa de grava. Se cuenta que antiguamente, por efecto del eco, se podía oír en ella el repicar de los martillos de las herrerías del pueblo, y de ahí su curioso nombre.

De vuelta en el GR, iniciamos nuestro recorrido por el margen derecho del Cañón del Vero con un primer tramo de pasarelas, colgadas literalmente de la vertical pared de roca.

A continuación, tras un corto tramo a la vera del río, llegamos a un precioso azud. Sus orígenes se remontan al Medievo y su función era retener el agua y elevar su nivel, para luego desviarla por una acequia hasta un viejo molino, ya desaparecido. Siglos más tarde, en el año 1909, la presa fue recrecida con obra de cemento y se construyó la acequia que hoy vemos para llevar el agua hasta las turbinas de una minicentral hidroeléctrica instalada aguas abajo. No obstante, la producción de electricidad era tan limitada que solo permitía encender una bombilla por cada casa de Alquézar. Posteriormente, entre 1912 y 1913, la presa se elevó hasta los 5 m de altura, permitiendo que el río se desprenda enérgicamente, dando lugar a la hermosa cascada que vemos hoy en día.

Un poco más adelante, un curioso túnel natural bajo una enorme roca caída de forma caprichosa, nos da paso a un segundo tramo de pasarelas, el cual sobrevuela el llamado «caos de bloques«. Se trata de una sucesión de grandes fragmentos rocosos repartidos caóticamente por el cauce del río, cuyo color blanquecino contrasta con el azul turquesa de las pozas que los acogen. Lo más probable es que se hayan desprendido por efecto de la erosión de las paredes del cañón, muy estrecho en esta zona, pero hay quien dice que provienen del techo de una antigua cueva colapsada.

Las pasarelas modernas discurren sobre el antiguo paso apoyado en pilares de piedra (que todavía puede verse), antes de terminar en la minicentral hidroeléctrica de Alquézar, lugar de aprovechamiento de la fuerza del Vero. Construida al mismo tiempo que el azud y la acequia sobre los restos de un molino del S.XV, quedó seriamente dañada en 1965 por una riada y ha sido restaurada en 2009.

Tras una breve subida, hemos de obviar un atajo a la derecha que conduce a Alquézar, por el que antes se completaba la circular. Nosotros continuamos de frente, bajando por un sendero entre viejos olivos y disfrutando de una estupenda vista atrás del cañón.

De nuevo junto al cauce del río, entramos en el tercer y último tramo de pasarelas. Fruto de una ampliación de la ruta acometida en 2018, tiene unos 225 m de longitud y goza de una gran espectacularidad, porque las plataformas están enclavadas a 20-25 m de altura en los cantiles del cañón.

El paso finaliza atravesando un barranco lateral por un puente metálico de 15 m de longitud, al final del cual hay un sistema de puertas sin retorno que impide que volvamos sobre nuestros pasos y realicemos la ruta en sentido contrario.

Frente a nosotros vemos el Mirador del Vero, al que llegamos con una pequeña subida y desde el que disfrutamos de una impresionante panorámica de la villa de Alquézar y el Cañón del Vero, que en esta zona cambia las aristadas paredes calcáreas por conglomerados redondeados. 

En este punto, la Ruta de las Pasarelas y el GR-11 enlazan con el Camino Natural del Somontano, que hacia la derecha conduce de vuelta al pueblo y hacia la izquierda parte en dirección a Asque. Aunque está fuera del trazado oficial de la ruta, merece la pena bajar unos 200 m y visitar el Puente de Fuendebaños, también conocido como Puente de Asque porque el camino de la orilla izquierda remonta por esta localidad hasta Colungo y Naval. Consta de 3 arcos de medio punto y su nombre principal guarda relación con una fuente situada unos metros más abajo, cuya agua sale a una temperatura constante, dando la sensación de ser caliente en invierno. De hecho, en algunos documentos medievales se refieren a ella como «Fontes Caldas» y le atribuyen poderes curativos por su contenido en hierro y azufre. La presencia de un puente en este lugar está directamente relacionada con el cercano molino harinero, pues el acceso a éste con las caballería cargadas de cereal requería un mínimo de seguridad cuando el Vero bajaba crecido.

Una estrecha senda paralela al río pasa por detrás del molino y nos permite admirarlo entre la espesa vegetación. En algunas publicaciones se refieren a él como el «molino de los franceses«. No he encontrado la explicación, pero quizá guarde relación con el hecho de que las piedras utilizadas para la molienda provenían de Francia, concretamente, de la localidad de La Ferté sous Jouarre, donde se elaboran las mejores debido a la calidad de sus rocas silíceas (ver referencia). Algunos documentos históricos corroboran que en este lugar hubo un batán allá por el año 1190, un artilugio que, aprovechando la fuerza del agua de un azud próximo, tupía los tejidos a base de golpes de mazos conectados a una rueda. Más tarde, entre los siglos XIV y XV, el azud se puso al servicio del molino harinero, hoy privado. Para no depender del caudal del Vero, el agua conducida por una acequia se acumulaba en un balsal y desde allí era engullida por el molino a través de los saetines, ponía en marcha la muela y volvía a salir por los cárcavos.

Aunque un tanto anegada, pedregosa y amenazada por la maleza, la senda continúa hasta unas preciosas cascadas ubicadas bajo la confluencia de los barrancos Rosino y del Vero.

Desde allí, remontando la ladera, llegamos de nuevo al Mirador del Vero, donde ahora tomamos el camino, empinado y pedregoso, que asciende a Alquézar entre olivos, almendros y frondosos huertos. Es el tramo más exigente de la ruta, pero lo compensan las preciosas vistas de la villa medieval.

Una vez arriba, completamos la circular pasando por la Iglesia de San Miguel Arcángel (barroca, 1681-1708), la Plaza Central, el Portalón Gótico coronado por el escudo de la villa, y el Pasador de Casa Lailla («La Eslizadera»).

Descubre más detalles acerca del recorrido y de la zona en los siguientes enlaces de nuestro blog y de Wikiloc: 
Ruta de las Pasarelas de Alquézar (Cañón del Río Vero)
La ruta en Wikiloc

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