Lugares con encanto Rutas de senderismo y alpinismo

Hayedo de Tejera Negra: la acuarela otoñal del Valle del Río Lillas

El otoño es tiempo de hayedos, un tipo de bosque caducifolio originario del Continente Europeo, que se localiza en zonas húmedas, sombrías y templadas. Esta semana os invito a conocer uno de los 17 hayedos más bonitos de España según el National Geographic. Se trata del de Tejera Negra, que forma parte del cuarteto de hayedos más meridionales de la Península Ibérica, un selecto grupo completado por el Hayedo de Montejo (Valle Alto del Jarama, límite entre Madrid y Guadalajara), el de La Pedrosa (Valle del río Riaza, Segovia) y el de Puertos de Beceite (Tarragona). En torno a ellos se ha creado el falso mito de que son los más meridionales de Europa, pero no es cierto, ya que hay hayedos más al sur en Grecia y en Sicilia. El Hayedo de Tejera Negra está ubicado en la zona nororiental de la Sierra de Ayllón, concretamente, en el Valle del Lillas, un río que nace en la vertiente oriental de la Sierra de la Buitrera y que es uno de los embriones del Sorbe. Administrativamente pertenece a Cantalojas, un municipio del noroeste de la provincia de Guadalajara.

Para descubrirlo os propongo una ruta de 23 km que combina las dos travesías más emblemáticas de este espacio natural, actualmente incluido en el Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara: la Senda del Robledal, una circular por el Valle del Río Lillas, y la Senda de Carretas, una vuelta por el hayedo.

Partimos del Centro de Interpretación del Parque Natural Hayedo de la Tejera Negra, ubicado unos 2,5 km al O de Cantalojas. Al pueblo se llega por la GU-146 y del extremo S del mismo parte una pequeña carretera hacia el centro de visitantes. De allí sale la Senda del Robledal, que tiene unos 17 km y está señalizada en verde. Hay sitio para dejar el coche y no hay que pagar por ello. Si lo que queremos es ver solo el hayedo, tenemos la opción de continuar por la carretera unos 7,5 km hasta el aparcamiento de El Casarejo, y hacer solo la Senda de Carretas (6 km y señalizada en azul). En otoño, esta última opción requiere hacer la reserva con antelación y pagar la tarifa correspondiente para que nos dejen seguir carretera arriba y aparcar. Existe una tercera opción, que es hacer una ruta en bicicleta hasta el Río Zarza (21 km y señalizada en rojo).

Arrancamos por el lateral de la carretera en dirección al valle. A los 700 m, tras cruzar un paso canadiense o, en su defecto, una cancilla que hay a la derecha, dejamos el asfalto para tomar un desvío señalizado a mano izquierda.

La estrecha senda desciende por una pequeña vaguada hasta cruzar el Río Lillas por un puente de pizarra.

Al otro lado nos encontramos con las Tainas del Río, en estado ruinoso, pero no lo suficiente como para no dejar entrever los socorridos apriscos que un día fueron.

Continuamos por la derecha de las mismas, ascendiendo por un precioso robledal al Cerro de La Plaza de Toros (1496 m), primera estación de un cordal que separa el Valle del Río Zarza o Arroyo de la Hoz (a nuestra izquierda) del Valle del Río Lillas (a la derecha). A media subida cruzamos una pista por la que discurre la Ruta ciclable del Río Zarzas.

La cima es una vasta pradera que a alguno lo debió recordar a un coso taurino, y de ahí el nombre.

Desde allí bajamos fácilmente al Collado de la Hoya (1471 m), para a continuación subir al Alto de la Torrecilla (1551 m), coronado por un enorme hito y que alberga un extraordinario mirador de Ayllón nororiental y el Hayedo de Tejera Negra. Hoy la niebla nos ocultaba la impresionante Cresta del Dragón, pero no así el resto de picos.

Unos 500 m más adelante hay un desvío hacia el Roble Centenario de las Güensas, un excepcional ejemplar de Quercus pyrenaica de 4,20 m de perímetro de tronco. Son apenas 50 m y merece la pena verlo.

De vuelta en el sendero, afrontamos una cómoda bajada de medio kilómetro con la Sierra de la Buitrera como telón de fondo. Luego, tras pasar un pequeño cerrillo sin nombre (La Torrecilla), desembocamos en una pista ancha por la que giramos a la izquierda. Aquí contactamos de nuevo con la Senda ciclable del Río Zarzas, que durante un tramo de algo más de 3 km comparte trazado con nuestra ruta. Unos 300 m después llegamos al Collado de las Huensas o de las Güensas (1509 m), cruce de caminos en el que hemos de seguir de frente, obviando un camino transversal que conecta los dos valles.

A partir de ahí retomamos la subida, suave y entre rebollos marescentes, por la Loma de la Torrecilla. En la parte alta de la misma, en un pequeño collado (1633 m) donde confluye con la Loma de la Junta, hemos de ignorar un ramal a la izquierda que desciende a las Hoyas de las Lilas. Desde allí disfrutamos de una soberbia vista de la cabecera del Valle del Lillas y los picos circundantes.

La siguiente estación es el Collado del Hornillo (1626 m), puerta de entrada al Hayedo de Tejera Negra. Antes de llegar a él dejamos a la izquierda una frondosa haya, preludio de lo que nos espera, y poco después vemos un singular serbal de los cazadores, cuyo otoñal tono rojizo contrasta con el ocre de las hayas que tapizan la ladera oriental de la Loma de Calamorro.

El desvío hacia el Hayedo de Tejera Negra está a mano derecha, escasos metros antes de llegar a la parte alta del collado, pero merece la pena seguir unos metros por la pista para ver la vista del Valle del Río Zarza o Arroyo de la Hoz.

En este punto abandonamos la senda ciclable, que sigue de frente hacia el Refugio del Hornillo, y deshaciendo ligeramente lo andado, retomamos la Senda del Robledal, que se estrecha rodeando sin desnivel por el NE el Alto del Hornillo. Poco a poco los pinos van dando paso a las hayas y el suelo se va tupiendo de un llamativo manto rojizo.

Tras abandonar la Senda del Robledal (que se va ladera abajo) y recibir por la derecha a la Senda de Carretas, que asciende hasta aquí desde el aparcamiento de El Casarejo, pasamos junto a un espectacular tejo milenario, una de las joyas del bosque.

Como en todos los hayedos, la parte más bonita y que alberga los mejores ejemplares de Fagus sylvtica se concentra alrededor de los arroyos. En esta parte alta cruzamos los dos riachuelos que confluyen para dar origen al Arroyo de las Carretas, separados entre sí por apenas 500 m. Pasado el primero, casi sin agua, tenemos una bonita vista atrás del hayedo.

El segundo de los barrancos, que desciende bajo la Peña de Mata Redonda, un risco al pie de la ladera este del Alto de la Escaleruela, tiene algo más de entidad, pero se vadea también sin mayor problema.

Bajo los peñascos salimos de la arboleda y junto a un letrero que anuncia el desvío al Mirador de la Pradera de Mata Redonda, tenemos una de las mejores vistas del hayedo, enriquecido cromáticamente por otro imponente serbal.

Las Sendas de Carretas sigue por la derecha, pero merece la pena acercarse al mirador, ya que son apenas 300 m y las vistas de la Sierra de la Buitrera y el hayedo son realmente buenas.

Iniciamos la vuelta con un empinado descenso por el Barranco de las Carretas, en el que cruzamos de nuevo los dos riachuelos, el primero por una rudimentaria pasarela y el segundo por un pontón justo antes de la confluencia de ambos.

Ya con menos pendiente, seguimos paralelos al arroyo, constituido ya como tal, y un poco más abajo encontramos La Carbonera, donde antiguamente se acumulaban los restos de la tala y la poda para la obtención de carbón vegetal.

Dejando atrás el hayedo, la senda pasa dos veces de un lado a otro del cauce, primero por un puente de madera y luego por otra pasarela, metros antes de que el arroyo vierta sus aguas al Río Lillas.

A partir de ahí, caminamos agradablemente a la vera del titular del valle y atravesando la alargada Pradera del Ramo, llegamos al aparcamiento de El Casarejo. En la amplia explanada, donde hay una fuente de piedra, finaliza la Senda de Carretas y nosotros retomamos la Senda del Robledal, anunciada de nuevo junto a un viejo chozo de pizarra.

Por delante, el último y más cómodo tramo de la ruta, unos 7,5 km valle abajo con un pendiente casi imperceptible. La cosa no empieza fácil, porque hemos de cruzar el Lillas por un vado de pisones, que si están mojados tiene su miga.

Al otro lado, la senda discurre agradablemente por la orilla del río, que en esta época nos regala bucólicos rincones entre sus meandros. Ocasionalmente, se tira un poco ladera arriba para salvar algún talud, y hemos de pelearnos un poco con la arboleda y el matorral, pero es algo puntual.

Justo antes de llegar a las ruinas de la Taina Grande, encontramos un curioso árbol, cuya copa es compartida armónicamente por un roble y un haya, parientes lejanos.

Unos 2 kilómetros y medio más adelante, tras vadear sucesivamente los Arroyos del Puerto y de la Tonda antes de su desembocadura en el Lillas, llegamos al puente por el que cruza el río la carretera que sube a El Casarejo.

El último kilómetro y medio es por asfalto, aunque se trata de una pista apenas transitada, a un lado y otro de la cual hay varios grupos de tainas.

Descubre más detalles acerca del recorrido y de la zona en los siguientes enlaces de nuestro blog y de Wikiloc:
Hayedo de Tejera Negra: Sendas del Robledal y de Carretas
La ruta en Wikiloc

6 comments on “Hayedo de Tejera Negra: la acuarela otoñal del Valle del Río Lillas

Descubre más desde Montaña y Corazón

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo