FUENTE DE INFORMACIÓN: Cartografía del Instituto Geográfico Nacional, visor Iberpix 4.
FOTOGRAFÍA: Sony alfa 6700, iPhone 14 Pro.
ZONA: Sierra de Gistredo y Alto Boeza - Alto Sil, Bierzo Alto, Montes de León. Comarca de Omaña.
DESDE: Colinas del Campo de Martín Moro Toledano (1066 m), provincia de León.
CERCA DE: Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, Fasgar, Igüeña, Folgoso de la Ribera, Bembibre.
ÉPOCA: junio de 2024.
ÉPOCA RECOMENDADA: cualquiera.
TIPO DE RUTA: lineal, ida y vuelta.
NIVEL DE DIFICULTAD: moderado.
DATOS DESCARGADOS DE GPS GARMIN FÉNIX 7: Longitud: 15,38 km. Desnivel acumulado positivo: 542 m. Desnivel acumulado negativo: 542 m. Cota máxima: 1495 m. Cota mínima: 1066 m. Tiempo empleado: 5 h 59 min (con calma y paradas para sacar fotos y marcar waypoints). Tiempo en movimiento: 3 h 36 min.
MATERIAL: GPS, senderismo (sin nieve).
AGUA: Fuentes San Juliano y de Oscar. Se cruza el río Boeza o del Campo y el Arroyo de Miromalo.
TIPO DE FIRME: camino, sendero.
SEÑALIZACIÓN: flechas amarillas del Camino Olvidado y postes.
ITINERARIO:
Colinas del Campo de Martín Moro Toledano (1066 m) – Camino Olvidado – Fuente de San Juliano – Pontón de las Palombas (río Boeza o del Campo) – Bosque del Paleiro – Pontón del Salgueirón (río Boeza) – Fuente de Óscar – Peña Infiesta – Ermita de Santiago, Campo de Santiago o de Martín Moro (1485 m), y vuelta por el mismo camino.
Descárgate la ruta y accede a más información (mapas, waypoints, altimetrías, fotos) en el siguiente enlace de Wikiloc:
Ermita de Santiago desde Colinas del Campo de Martín Moro Toledano por el Camino Olvidado

EL ENTORNO:
Descubre más detalles acerca de la zona en el siguiente enlace de nuestro blog:
Sierra de Gistredo
LA RUTA:
La ruta de hoy asciende a la Ermita de Santiago desde Colinas del Campo de Martín Moro Toledano siguiendo el Camino Olvidado.
Partimos de Colinas del Campo de Martín Moro Toledano (1066 m), una pintoresca pedanía de Igüeña con poco más de 70 habitantes, ubicada en el NE de la comarca leonesa del Bierzo Alto. Dicen que en la antigüedad fue asentamiento romano y posteriormente bastión templario. Su privilegiado enclave en el fondo del Valle del Boeza, al pie de las Sierras de Gistredo y Cilleros, sus cuidadas calles empedradas y sus casas de piedra en perfecto estado de conservación con cierto aire pirenaico, han motivado su declaración de «Conjunto histórico artístico» en 1994. El pueblo está dividido en dos barrios por el río Boeza o del Campo, tributario del Sil, que la atraviesa de N a S. Su rimbombante nombre, que dicen que es el más largo de los registrados en España para referirse a una localidad, guarda relación con una pradera de alta montaña ubicada al N de la aldea, a unos 1500 m de altitud, conocida como «Campo de Santiago o de Martín Moro«, nuestro destino.
Colinas es final de trayecto de la carretera LE-5330. Lo normal es dejar el coche en el aparcamiento que hay justo antes del letrero que anuncia el pueblo, junto al que hay una fuente. Sin embargo, como hoy no había apenas gente, nosotros lo dejamos en una pequeña explanada que hay bajo el Mesón El Aguzo, junto a un puente de madera que cruza el Río Boeza.


Arrancamos bajo un delicioso orballo calle arriba, pasando bajo la Ermita del Santo Cristo y dejando a la izquierda el barrio oriental, llegamos al puente medieval. A un lado y otro del mismo salen las dos principales rutas que parten del pueblo: por la izquierda la Senda del Catoute (PR-LE 45) y por la derecha la del Campo.





El sendero, como ilustra un cartel que hay al inicio, sigue las trazas del Camino Olvidado o «Camino de la Montaña«, una ruta jacobea que enlaza el Camino de Santiago Francés con el Camino del Norte. Más concretamente, de su etapa 18, que une Igüeña con Fasgar pasando por Colinas.


Los primeros 4 km son prácticamente un paseo, ya que discurren por un camino ancho y cómodo, en un ligero ascenso casi imperceptible. A nuestra izquierda el Río Boeza o del Campo, que de entrada se oye más que se ve, y cuyo curso vamos a remontar hasta casi su nacimiento. El único punto que puede generar dudas es una bifurcación que hay casi al inicio (km 1 de ruta), donde hemos de seguir por la izquierda.



Pasada ésta, dejamos a la derecha la Fuente de San Juliano, que dicen posee la mejor agua de la zona, y abajo a la izquierda un par de puentes de madera. El segundo de ellos, llamado el Pontón de Suso, cruza el río hacia las alturas del Catoute.








A continuación, atravesamos una gran campa en la que terminan varios canchales que se desprenden por la ladera N de Torres de Lliriella, el pico que se alza al E de Colinas.


Tras vadear fácilmente el Arroyo de Miromalo, cruzamos por primera vez el Boeza por el Pontón de las Palombas, una doble pasarela de madera levantada escasos metros aguas arriba de la antigua, que a duras penas se mantiene en pie.





Este es el punto de inflexión de la ruta, ya que a partir de aquí, el ancho camino se torna en un estrecho sendero que enseguida gana altura sobre un río encañonado en el Desfiladero del Brañueto.



Pasado este corto tramo a cielo abierto, nos sumergimos en el Bosque del Paleiro, una densa masa boscosa que tapiza la parte baja de la escarpada y pizarrosa ladera O de los Picos de Arcos del Agua. Feudo ancestral del urogallo y el oso, está formado principalmente por robles, aunque no faltan los sauces, alisos, tejos y acebos. Sobre él versa la vieja historia del «tributo del oso», según la cual los mozos del lugar cazaban cada año un oso y regalaban la piel del mismo al Rey Alfonso IX de León, que a cambio les mantenía exentos del servicio de armas y de otras contribuciones a las arcas reales.






Entre la arboleda encontramos unos pequeños pero hermosos saltos de agua, que el Boeza forma un poco por debajo del Pontón del Salgueirón, por el que lo cruzamos por segunda vez. Muy cerca del mismo hay un antiguo y rústico paso realizado sobre troncos trenzados, ya inservible.




Al otro lado, el sendero discurre agradablemente a la vera del río pasando por la Fuente de Óscar, un manantial amenazado con ser devorado por la exuberante vegetación circundante.





A la altura de Peña Infiesta, la pendiente se endurece un poco, pero a cambio pasamos por varias atalayas rocosas desde las que se tiene una fantástica vista del valle.


Un poco más adelante, unos letreros sobre un poste de madera nos señalan los caminos a la ermita (de frente) y a la Cabaña del Corral de las Yeguas (izquierda). Por desgracia, a día de hoy solo queda en pie el primero de los letreros. El refugio, en buen estado, se puede ver al otro lado del río sobre una pequeña pradera ubicada al pie de la rocosa ladera E de Torres de Vizbueno, en la que dicen hubo en tiempos un asentamiento prerromano.




Bajo el Cáscaro de la Vallina Escura o del Pallón, una gran losa granítica grabada nos indica que abandonamos las tierras bercianas para adentrarnos en la Comarca de Omaña. Enseguida, tras pasar junto a un recién nacido Boeza, llegamos al Campo de Martín Moro o de Santiago, teñido en esta época del intenso amarillo de los piornos en flor. Presidiendo el mismo desde su extremo SE se encuentra la sencilla Ermita de Santiago.




Cuenta la leyenda, que en el S.X se libró en este paraje una cruenta batalla entre las tropas cristianas del rey Ramiro II de León y las huestes musulmanas de Almanzor comandadas por Martín Moro. Los primeros atribuyeron su victoria a la intercesión de Santiago Matamoros y para conmemorarlo levantaron en el lugar una ermita en honor al apóstol. El templo original se derrumbó en 1796 y fue reconstruido en 1858 por los vecinos de Colinas y Fasgar, quienes cada 25 de julio, día de Santiago, celebran allí una romería.



A nuestro alrededor podemos contemplar el fantástico circo de montañas que enmarca la vega, conformado de izquierda a derecha por Torres de Vizbueno (1986 m) y Las Peñonas, el Pico de la Cernella (2119 m), el Pico de la Rebeza (2034 m), la Peñona de Brañalibrán (2118 m), Las Garabas de Valdoso (2007 m) y el Alto de las Canalices (1786 m). En el fondo de la hoya glaciar, donde confluyen varios arroyos para dar lugar al Río Boeza, vemos la Casa Donato, que sirve de establo para el ganado en los meses del estío.


La vuelta la hicimos por el mismo camino de la ida y la rematamos con un pequeño homenaje en el Mesón El Aguzo, con mucho sabor montañero.




Desde el punto de vista técnico, el recorrido carece de dificultad.
En resumen, una ruta corta y fácil por el precioso entorno del Río Boeza, que puede ser un buen complemento, o alternativa, a la exigente subida al Pico Catoute desde Colinas.
