Semillas

Semillas es un pequeño pueblo de la Sierra Norte de Guadalajara. Está ubicado a unos 1194 m de altitud en las estribaciones septentrionales de Sierra Gorda, entre los ríos Sorbe y Bornoba, al pie del Circo del Santotis y al NO del Embalse de Alcorlo. Actualmente cuenta con unos 29 habitantes (año 2024).

El casco urbano está construido alrededor de una espléndida fresneda, sobre el horcajo entre los Barrancos de la Covacha y de Majada Sancho. Las casas típicas, algunas todavía bien conservadas, son de sillarejo (una mezcla de pizarra, gorrones, arenisca, conglomerado y caliza) con techo de pizarra. Sus construcciones más emblemáticas son la Casa Consistorial y la Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel, de estilo rural y que cuenta con una bonita espadaña y una pila bautismal románica.

En sus proximidades hay dos pueblos abandonados, Las Cabezadas y Robredarcas. Llama la atención que en el pueblo no hay abrevaderos ni corrales. La razón, es que en el pasado cada vecino tenía su propio corral o «casilla» a 1 km del pueblo, en el lugar llamado «Casas de Fraile«, en el barranco del mismo nombre. Allí se llegaron a construir más de 30 teinadas con los mismos materiales de las casas del pueblo.

El pueblo perteneció antiguamente al Común de Atienza, para en 1456 pasar al señorío del arzobispo Alfonso Carrillo. Tras un trueque con el cardenal Pedro González, pasó a manos de del Ducado del Infantado, título nobiliario otorgado por los Reyes Católicos a Diego Hurtado de Mendoza y de la Vega a finales del S. XV. En la Casa del Infantado permaneció hasta el S. XIX. Por entonces, gran parte de la economía de la zona pasaba por la explotación de yacimientos de plomo y oro. A finales de este siglo, se registraron en la zona más de 50 minas de oro (Santa Teresa, Isabeteta, Nuevo Brasil, Santa Alejandra, San Luis, Jaffo, Mina Hueca…), las cuales generaron trabajo y hasta coplas: «Mina de las Maravillas, aunque tengas buen filón, no ganas a la Polaca, ni al Corbejón». También se trabajaba la gayuba, una planta de la que se extraía un aceite medicinal para las enfermedades renales. A mediados del S. XX (1959), una reforma administrativa liderada por el gobernador civil Pardo Gayoso pretendió unir a Semillas con sus vecinos Robredarcas y Las Cabezadas, decidiendo denominar al conjunto urbanístico «Secarro». Los habitantes de Semillas se negaron y en 1975 consiguieron que se volviera a reconocer al pueblo por su verdadero nombre.

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