Jánovas, el pueblo abandonado del Valle del Ara (Sobrarbe)

FUENTE DE INFORMACIÓN: Cartografía del Instituto Geográfico Nacional, visor Iberpix 4.
FOTOGRAFÍA: iPhone 14 Pro.
ZONA: Valle del Ara, Pirineo oscense.
DESDE: Aparcamiento a la entrada del pueblo (acceso desde km 452 de la N-260).
CERCA DE: Fiscal, Broto, Boltaña, Aínsa.
ÉPOCA: junio de 2023.
TIPO DE RUTA: circular.
NIVEL DE DIFICULTAD: bajo.
Datos descargados de GPS iPhone 14 Pro: Longitud: 2,16 km. Desnivel acumulado positivo: 18 m. Desnivel acumulado negativo: 18 m. Cota máxima: 672 m. Cota mínima: 651 m. Tiempo empleado: 1 h 17 min (con calma y paradas para fotos y para tomar algo en el Club Social). Tiempo en movimiento: 31 min.
MATERIAL: no precisa.
AGUA: Fuente de Jánovas. Río Ara.
TIPO DE FIRME: sendero.
SEÑALIZACIÓN: marcas del PR-HU 40.

ITINERARIO:
Aparcamiento a la entrada del pueblo – Puente Colgante de Jánovas – PR-HU 40 – Puente sobre el Barranco Riosbes – Jánovas (713 m) – Iglesia de San Miguel – Jánovas – Puente sobre el río Ara – Aparcamiento.

Descárgate la ruta y accede a más información (mapas, waypoints, altimetrías, fotos) en el siguiente enlace de Wikiloc:
Jánovas, el pueblo abandonado del Valle del Ara (Sobrarbe)

LA RUTA:
La ruta de hoy es un breve y relajante paseo circular por el entorno de Jánovas.

Jánovas es una pequeña aldea abandonada del Pirineo Oscense. Administrativamente, pertenece al municipio de Fiscal y a la Comarca de Sobrarbe (Huesca). Está ubicada a unos 713 m de altitud, a orillas del río Ara.

Fotografía (Elena Mabelle): Jánovas desde el Mirador de la N-260.

La historia del pueblo es una historia de resistencia, lucha, intereses encontrados y sufrimiento, marcada para siempre por un controvertido proyecto de construcción de un embalse en la zona. Tiempo ha, Jánovas era el mayor asentamiento del Valle del Ara. En el año 1900 contaba con 35 casas y más de 200 vecinos, y mediado el S.XX, con 46 casas y 260 vecinos. Todo cambió el 14 de abril de 1951, cuando el Gobierno de España, liderado entonces por el General Franco, ideó un plan hidroeléctrico para el Valle del Ara que contemplaba la construcción de un pantano. El proyecto se adjudicó a la empresa Iberduero (actual Iberdrola) y suponía la inundación de Jánovas, Lavelilla y Lacort, entre otras localidades. En 1960 comenzó la expropiación forzosa de las casas y tierras. A pesar de la oposición frontal de los vecinos y de muchas luchas estériles, en 1984 abandonaron el pueblo sus últimos moradores. Las obras avanzaron muy lentamente, especialmente tras la instauración de la democracia. En 2001, se emitió en el BOE un informe desfavorable al proyecto por su coste medioambiental y finalmente, en 2005, se paralizó sine die. En 2008 se inició, por la Confederación Hidrográfica del Ebro, la reversión de los bienes expropiados a 105 afectados y se iniciaron los planes para la reconstrucción del pueblo. En 2019 se restableció el suministro eléctrico. Actualmente, los que luchan por volver al pueblo son la “tercera generación”, nietos de los que lo perdieron todo e hijos de los que heredaron huellas, que no zapatos. Por desgracia, su situación no es fácil, ya que mantienen un doble litigio: por un lado, con la compañía eléctrica para la recuperación de los inmuebles; y por otro lado, con la administración en busca de ayudas para su reconstrucción. A día de hoy, ya hay alguna casa habitada y varias en proceso de rehabilitación.

Nuestro recorrido comenzó en el aparcamiento que hay a la entrada del pueblo, al que se llega por una pista que sale desde el km 452 de la N-260. A nuestros pies podemos admirar la belleza del río Ara, titular del valle. Este río, enteramente pirenaico, nace en la falda sur del Pico Meillón (Macizo de Viñamala), en el municipio de Torla. Recibe como afluentes al Ordiso, Otal, Arazas, Sorrosal, Chate y San Juste, y después de un curso de 70 km, vierte sus aguas al Cinca en la localidad de Aínsa. Como curiosidad, los vecinos de Jánovas dicen de él que es el único río de España cuyo cauce, desde su origen hasta su desembocadura, no ha sido nunca desviado.

Arrancamos por un camino que, en poco más de 200 m, nos condujo al Puente Colgante de Jánovas, una joya arquitectónica que a duras penas se mantiene en pie. Data de 1881 y consta de dos estribos de piedra, entre los que se extienden 4 cables (que tienen la particularidad de estar formados por alambres paralelos) y un tablero de 2,5 m de ancho. Hoy por hoy, muchas de las tablas están en muy mal estado. Hace 4 o 5 años pasó a depender de Patrimonio Nacional, lo que paradójicamente ha creado una situación que apunta a la catástrofe. Patrimonio no lo arregla por falta de fondos, pero prohibe que nadie lo toque. En épocas de mucho caudal, el otro acceso al pueblo, un anodino puente ubicado 200 m río arriba, está inutilizado por quedar literalmente sumergido, con lo que el antiguo se convierte en la única opción de los vecinos para llegar a sus casas. Ello les obliga a repararlo a hurtadillas y de forma rudimentaria, con el consiguiente riesgo. Con la Administración hemos topado 🤪 !!! Aguas abajo, el Ara se encajona en un estrecho y espectacular cañón conocido como la Foz de Jánovas.

En la otra orilla encontramos las señales del PR-HU 40, por el que llegamos al pueblo.

Entramos en él cruzando el Barranco Riosbes por una pasarela. Un letrero nos recuerda que por aquí pasa el Camino de Santiago.

Al otro lado nos topamos con la fuente, uno de los tesoros de la aldea. Es de planta cuadrada y está excavada, por lo que para acceder a ella hay que bajar por unas escaleras de obra. El suelo es de losa y está protegida por un pretil. La fuente propiamente dicha está formada por una pieza en la que se han esculpido toscamente dos serpientes entrelazadas, de cuyas bocas mana el agua. El conjunto ha sido restaurado a comienzos del S.XXI por los nuevos vecinos.

Doblando la esquina está la Plaza del Nogal, donde hay un delicioso merendero a la sombra del árbol que le da nombre y cuyos frutos, dicen, son utilizados por los vecinos para hacer el tradicional “vino de nueces” por San Juan.

Al inicio de la Calle San Roque, vemos una preciosa casona de piedra que está siendo restaurada, en la que destacan los elaborados vanos de las ventanas. La mayoría del resto de las casas están semi-derruidas, pero no esconden su pretérita belleza y señorío.

En el centro de la calle, en la Placeta Escuelas, está el Club Social o Casa de Jánovas, también rehabilitado.

Y por último, visitamos el otro gran tesoro del pueblo, la Iglesia de San Miguel y su crucero, ubicados en la parte alta. En este lugar hubo una primitiva iglesia románica, de la que solo se conserva la portada. El templo actual es del S.XVI. Fue desacralizado en 1963 y ha sido restaurado en 2016 a iniciativa de la Fundación San Miguel de Jánovas. Construida con sillarejo, es de planta rectangular y cuenta con tres capillas laterales. La nave central tiene cubierta de bóveda de cañón apuntada y está dividida en tres tramos por arcos fajones. El ábside es recto y la torre consta de tres cuerpos con vanos al oeste y sur.

El interior está bastante deteriorado, pero destacan especialmente los policromados del ábside, de enorme belleza. Subir a la torre, a día de hoy, no es aconsejable por peligro de derrumbe.

De nuevo en el pueblo, pasamos por la Plaza de la Concepción y paramos en el bar, donde, con una cerveza, una amable vecina nos contó muchas de las cosas que aquí os narro (tradición oral).

La vuelta al aparcamiento la hicimos por la pasarela nueva, la que a veces se inunda, que no tiene encanto pero es funcional, ya que por ella pasan los coches.