Hayedo de Ciñera

FUENTE DE INFORMACIÓN: Cartografía del Instituto Geográfico Nacional, visor Iberpix 4.
FOTOGRAFÍA: Sony alfa 6700, iPhone 14 Pro.
ZONA: Sierra del Sadornal, Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga, Montaña Central Leonesa.
DESDE: Ciñera (1060 m), La Pola de Gordón, León.
CERCA DE: La Pola de Gordón, La Robla.
ÉPOCA: noviembre de 2025.
TIPO DE RUTA: lineal, ida y vuelta.
NIVEL DE DIFICULTAD: bajo.
DATOS DESCARGADOS DE GPS GARMIN FÉNIX 7: Longitud: 5,86 km. Desnivel acumulado positivo: 204 m. Desnivel acumulado negativo: 204 m. Cota máxima: 1172 m. Cota mínima: 1053 m. Tiempo empleado: 1 h 48 min (con calma y con paradas para sacar fotos y marcar waypoints). Tiempo en movimiento: 1 h 02 min.
MATERIAL: GPS, senderismo.
AGUA: no hay fuentes. Se cruza el Arroyo de la Cimera o del Villar.
TIPO DE FIRME: camino, senda.
SEÑALIZACIÓN: letreros.

ITINERARIO:
Ciñera, Iglesia de San Miguel Arcángel (1060 m) – Camino Olvidado – Cementerio de Ciñera – Bocamina Menos 50 – Hayedo de Ciñera – Desfiladero de Los Truébanos, y vuelta por el mismo camino de la ida.

Descárgate la ruta y accede a más información (mapas, waypoints, altimetrías, fotos) en el siguiente enlace de Wikiloc:
Hayedo de Ciñera

EL ENTORNO:
El Hayedo de Ciñera es un pequeño bosque de la Montaña Central Leonesa, ubicado entre las localidades de Villar del Puerto (Vegacervera) y Ciñera (La Pola de Gordón), y englobado en la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga. Sus apenas 20 hectáreas se extienden por los márgenes del Arroyo de Villar o de la Ciñera, al pie de la Sierra del Sadornal. A pesar de su humilde entidad comparado con otros grandes hayedos pirenaicos o de la Cordillera Cantábrica, tiene el honor de haber sido reconocido como «el mejor bosque» (2007) y «el bosque más cuidado» (2023) de España, así como el de contar con ejemplares de hayas de formas curiosas y retorcidas, muchos de los cuales superan los 30 metros de altura y los 500 años de antigüedad. Entre ellas destaca una, denominada «Fagus«, con 6,32 metros de perímetro, 23 metros de altura y que parece tener dos troncos que se abrazan. Está catalogada como uno de los 100 árboles más singulares de España y dicen que tiene una edad entre 500 y 800 años, lo que la convierte en una de las hayas más ancianas de nuestro país. Robles, chopos, matorrales de montaña y hierbas aromáticas como la salvia, menta y manzanilla, acompañan a las hayas dotando al bosque de una rica y llamativa heterogeneidad. Otro de sus grandes puntos de interés son las «Marmitas de Gigante», unas bellísimas cascadas y pozas de agua que se forman al final del hayedo, en el estrecho desfiladero de las Hoces del Villar.

Aparte de este sobresaliente valor natural, el otro gran atractivo del Hayedo de Ciñera es su fama de «bosque encantado y mágico», morada de duendes, gnomos, hadas y ninfas, y sobre el que versa una hermosa leyenda, reflejo de la eterna lucha entre el bien y el mal. Su protagonista es la Bruja Haeda, a quien los lugareños consideran su actual protectora. Cuentan que hace muchos, muchos años, en un tiempo en el que los hombres vivían al aire libre y refugiándose en cuevas para soportar los rigores del invierno, vivía en un bosque leonés una bruja con poderes sobrenaturales. El mismo diablo se los había otorgado a cambio de hacer solo el mal y so pena de que si los empleaba para hacer el bien, moriría en tres días. Así lo hizo durante mucho tiempo, pero un día no pudo evitarlo y se apiadó de una familia que vivía entre La Vid y Santa Lucía de Gordón. Los padres y sus nueve hijos fueron sorprendidos por una tormenta de nieve y luchaban por llegar a la Cueva de los Infantes para buscara refugio, enfrentándose a un sendero completamente helado. El temor a que alguno de los pequeños muriera en el intento despertó la ternura de Haeda, que arranco varios peñascos de la montaña y les prendió fuego para calentarlos. Aunque cansada, la hechicera siguió haciendo hogueras durante dos días, ayudando también a otras familias a superar la heladora ventisca. Al tercer día, la diabólica amenaza que pesaba sobre ella se cumplió, y la bruja pereció en las profundidades del «faedo«. Pasada la tormenta, solo quedaron cenizas sobre la nieve, sobre las que los afortunados supervivientes fundaron un pequeño pueblo conocido hay como Ciñera. Dicen que, aun a día de hoy, se pueden ver mechones mechones del pelo blanco de Haeda entre las hayas, y que el carbón que guarda en sus entrañas ese pueblo minero no es otra cosa que los restos carbonizados de aquellas rocas incendiadas.  

Como pasa con todos los hayedos, el mejor momento para visitar el Bosque de Ciñera es el otoño, cuando, con la llegada del frío y la lluvia, las hayas adquieren una tonalidad amarilla, ocre y rojiza, que contrasta con el verde del musgo que cubre las raíces y las rocas, creando una paleta de colores sin igual.

LA RUTA:
La ruta de hoy accede al Hayedo de Ciñera desde la localidad que le da nombre.

Partimos de la Plaza de la Iglesia de Ciñera, que acoge la Iglesia de San Miguel Arcángel y el Monumento a los Mineros (año 2017), un guiño a la época dorada del carbón en León. Al E del pueblo encontramos la salida del Camino del Faedo, que remonta el cauce del Arroyo de Villar o de la Ciñera, siguiendo las trazas del Camino Olvidado o «Camino de la Montaña«, una ruta jacobea que enlaza el Camino de Santiago Francés con el Camino del Norte.

Tras dejar a la izquierda el camposanto, el sendero discurre agradablemente y con imperceptible pendiente por el bosque de ribera, pasando por un merendero, cruzando el arroyo por un puente y dejando a la derecha la Bocamina Menos 50. En su interior, aparte de aperos de minería, hay un pequeño altar en honor a la Virgen de Santa Bárbara, patrona de la localidad. Lo de «Menos 50» hace referencia a la cota altimétrica de la galería principal de la mina, medida en metros respecto a un nivel de referencia.

Un poco más adelante, pasada una casa en ruinas, llegamos a una trifurcación en la que ignoramos el ramal de la derecha y el del medio, que conduce al Pozo Ibarra y al Mirador del Beso. Nosotros seguimos por la izquierda para enseguida volver a cruzar el río por un puente de piedra.

Al otro lado, una pasarela de madera, la primera de varias que nos vamos a encontrar a lo largo del recorrido, nos permite salvar cómodamente un pequeño desfiladero. Unos metros después, el camino se bifurca. Seguimos por la derecha cruzando por tercera vez el río y enseguida llegamos a un bucólico merendero emplazado a la vera del mismo, al amparo de un pequeño núcleo de hayas, un simple aperitivo de lo que nos espera.

Por un cuarto puente de madera nos pasamos al margen derecho del arroyo, desde el que divisamos el colorido bosque bajo las imponentes paredes rocosas de las Hoces del Villar.

Un poco más adelante (km 2,6 de ruta), una nueva pasarela hace las veces de puerta de entrada al Hayedo de Ciñera, anunciado por un cartel de «árbol del año».

Los siguientes 400 m son un puro deleite para los sentidos, disfrutando del colorido de las hayas y caminando sobre un pasillo de madera que se abre paso a través de una alfombra rojiza tejida por las hojas caídas.

En el epicentro del hayedo, junto al arroyo, encontramos a Fagus, la joya más venerada del bosque encantado, rodeado de otros ejemplares, quizá no tan viejos, pero de muy bella factura.

El recorrido terminó para nosotros en un nuevo puente, el sexto, ubicado e la entrada del escarpado Desfiladero de Los Truébanos. Unas escaleras equipadas con cadena permiten acceder a las Marmitas de Gigante, pero estaba lloviendo y la roca estaba tan resbaladiza que decidimos dejarlas para otra ocasión.

Desde el punto de vista técnico, el recorrido carece de dificultad, aunque hay que extremar las precauciones en mojado, pues la madera resbala.

En resumen, una ruta fácil y corta a uno de los hayedos más bonitos de España.