FUENTE DE INFORMACIÓN: Cartografía del Instituto Geográfico Nacional, visor Iberpix 4.
FOTOGRAFÍA: Sony alfa 6700, iPhone 14 Pro.
ZONA: Monumento Natural Desfiladero de las Xanas, Concejos de Santo Adriano y Quirós, Asturias.
DESDE: Área Recreativa El Molín de Las Xanas, km 11 de la carretera AS-228 (Trubia – Puerto Ventana), entre el pueblo de Tuñón y Villanueva (la salida coincide con el desvío de la carretera a Tenebreo y Las Caldas-Soto de Ribera).
CERCA DE: Villanueva, Proaza, Trubia.
ÉPOCA: marzo de 2024.
TIPO DE RUTA: circular.
NIVEL DE DIFICULTAD: moderado.
DATOS DESCARGADOS DE GPS GARMIN FÉNIX 7: Longitud: 10,52 km. Desnivel acumulado positivo: 568 m. Desnivel acumulado negativo: 568 m. Cota máxima: 637 m. Cota mínima: 177 m. Tiempo empleado: 3 h 32 min (despacio y con paradas para fotos y para marcar waypoints). Tiempo en movimiento: 2 h 24 min.
MATERIAL: senderismo, GPS.
AGUA: Fuente Dosango. Se cruzan los Arroyos de las Xanas, de la Boya y Rectoral, y el río La LLaguna.
TIPO DE FIRME: sendero.
SEÑALIZACIÓN: letreros y marcas del PR-AS 187.
ITINERARIO:
Área Recreativa El Molín de Las Xanas – Carretera AS-360 – PR-AS 187 – Desfiladero de las Xanas – Puente sobre el Arroyo de las Xanas – Molino de Secundino – Puente sobre el Arroyo de la Boya – Iglesia de San Antonio de Pedroveya – Pedroveya – Senda de Valdelayés (PR-AS 187) – Río La Llaguna – Dosango – Paraje de Valdolayés – AS-360 – Área Recreativa Las Xanas.
Descárgate la ruta y accede a más información (mapas, waypoints, altimetrías, fotos) en el siguiente enlace de Wikiloc:
Ruta de las Xanas (PR-AS 187): Circular por el Desfiladero, Pedroveya, Dosango y la Senda de Valdolayés

EL ENTORNO:
El Monumento Natural Desfiladero de las Xanas está ubicado en la zona centro de Asturias (Concejos de Santo Adriano y Proaza), al N del Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa. Se trata de una imponente garganta fluvial de algo más de 2 km de longitud, que el Arroyo de las Xanas, también conocido como Río Biescas, ha excavado durante millones de años en la falda oeste de la Sierra del Aramo, poco antes de encontrase con el Trubia. El desfiladero es conocido también como «el pequeño Cares«, por su gran parecido con la famosa «garganta divina» que une Caín con Poncebos. Las rutas que recorren ambos parajes son equiparables en belleza y espectacularidad, pero la de Las Xanas es más corta y desde luego está menos masificada que la de los Picos de Europa, la más transitada de la Cordillera Cantábrica. El lugar toma su nombre de un famoso personaje de la mitología asturiana, Las Xanas, unas ninfas o hadas de agua dulce, que habitan en cuevas, fuentes, cascadas y riberas de los ríos de aguas puras y cristalinas. Dice la leyenda, que se dejan ver sobre todo en la noche de San Juan, sentadas sobre una roca, cantando y sujetando un ovillo de hilo de oro y plata que suelen entregar a pastores o caminantes.
LA RUTA:
La de hoy es la llamada «Ruta de las Xanas» (PR-AS 187), una circular pasando por el desfiladero, Pedroveya, Dosango y la Senda de Valdolayés.

El recorrido parte del Área Recreativa El Molín de Las Xanas (Concejo de Santo Adriano), en la que se puede estacionar. Nosotros la empezamos un poco más abajo, ya que dejamos el coche en el aparcamiento que hay junto a la carretera, al otro lado del puente asfaltado que cruza el Arroyo de las Xanas. Arrancamos subiendo por las escaleras y luego por el lateral de la carretera (AS-360) que conduce a Tenebredo (hay acera). Tras unos 200 m, vemos a la derecha la salida del PR-AS 187 en dirección a Las Xanas.


El pedregoso sendero atraviesa inicialmente un canchal y asciende en diagonal por la ladera, dejando abajo Villanueva y el Valle del Trubia.

Coincidiendo con un giro a la izquierda, entramos en el majestuoso Desfiladero de las Xanas, que en esta parte final es algo más abierto. Un túnel hace las veces de puerta de entrada y nos da idea del trabajo que pudo suponer el hacer esta senda, un ambicioso proyecto que se llevó a cabo mediado el S.XX con el fin de comunicar los pueblos de Dosango, Pedroveya y La Rebollá con el Valle del Trubia. Dicen que la idea inicial era hacer una carretera, pero por suerte nunca llegó a terminarse. Hoy en día, todavía se pueden ver en algunos puntos las marcas de los barrenos utilizados para tallar la caliza.




La tendencia es ascendente, aunque en suave pendiente. Tramos más relajados por la ladera herbosa se alternan con otros más expuestos, en los que la senda está literalmente excavada en la roca. Una pasarela de madera permite salvar una zona de desprendimiento y algunos pasos han sido equipados con cuerdas para dar más seguridad a las personas con vértigo, aunque realmente no son necesarios. Lo que es realmente importante, como en el Cares, es no exponerse en exceso y no juguetear al borde del camino (ojo los niños), porque la caída es fatal.



Unos 100 m más abajo, encañonado entre colosales desplomes calizos de 500 m de altura, vemos el Río Biescas, el cual genera en su descenso alguna que otra cascada que hace las delicias de los amantes del barranquismo.


A la derecha, sobrevolando la garganta, quedan las rocosas puntas de los Picos Silvo y Bugones y el Mirador de la Encina, frontera natural con el Concejo de Proaza.



Y a la izquierda el Pico Valle Grande, bajo cuya vertical pared rocosa está el paso más expuesto del recorrido, pero también el más espectacular.






A continuación, llegamos a la zona más estrecha del desfiladero, donde las paredes rocosas casi se tocan.

Al final de la misma, atravesamos un segundo túnel que prácticamente pone fin a la foz, ya que unos 100 m después, el escenario cambia radicalmente.



La senda se adentra de repente en un precioso bosque de ribera poblado por robles, castaños, avellanos, fresnos, tilos, arces y hayas, y coquetea con el arroyo discurriendo casi a su nivel. De hecho, hay un punto en el que, haciendo un fácil y corto destrepe, podemos bajar a su vera y recrearnos con su alegre correteo antes de precipitarse hacia el desfiladero en busca del Trubia.


Tras dejar a la izquierda una vieja mina de hierro abandonada y a la derecha una mini-cascada, cruzamos el río por un puente de madera.







Al otro lado encontramos las ruinas del Molino de Secundino, entre las que todavía se pueden identificar las piedras de moler y parte del canal de entrada del agua.



Unos 100 m después, el camino se bifurca. El PR continúa por la derecha, adentrándose temporalmente en el Concejo de Quirós para cruzar por un puente el Arroyo de la Boya. A él llegamos subiendo por tramos de escaleras de traviesas y girando a la izquierda por una pista de cemento en una intersección.





Enseguida salimos de la arboleda y transitamos por una deliciosa pradera, desde la que divisamos los pueblos que se asientan en el valle que se abre al otro lado del desfiladero: Pedroveya, Dosango y La Rebollá. Al fondo de la misma está la Iglesia de San Antonio de Pedroveya, un sencillo templo erigido sobre un altozano en honor a San Antonio de Padua. Data del S.XVIII, es de estilo barroco asturiano y fue restaurada en la década de los 90. A su lado hay un tejo centenario de gran porte, cosa relativamente frecuente en los lugares religiosos de la cornisa cantábrica, ya que los antiguos lo consideraban un árbol sagrado e inmortal.








Para los que hacen la ruta lineal, el recorrido termina en este punto. Nosotros continuamos por la carretera que pasa por el lateral de la iglesia (MO-5) hacia Pedroveya, cruzando en el camino el Arroyo Rectoral.




El pueblo, ubicado en la ladera O del Pico La Mostayal o Pena la Vara, última estribación de relevancia al N de la Sierra del Aramo, es una preciosidad. Construido en piedra y madera, es rico en hórreos y paneras, y en esta época rezuma colorido por las flores y mazorcas colgadas de sus balcones. Si tenemos suerte y hay sitio, podemos tomar un piscolabis en Casa Generosa y si no, siempre podemos hacernos con una buena vara o bastón en la tienda de artesanía de la madera, regentada por un abuelo entrañable.









En el extremo N de la aldea está la salida de la Senda de Valdolayés, por la que va a discurrir la segunda parte de la ruta. Inicialmente se trata de una pista hormigonada que desciende hasta cruzar por un puente el río La Llaguna. Este riachuelo, que nace algo más arriba, en la Cruz de Viescas, es el precursor del Arroyo de las Xanas.



Luego sube a Dosango trazando varias revueltas, desde las que tenemos una bonita vista de Pedroveya, el valle y la Sierra del Aramo.


Dosango es un pueblo con más de 1000 años de antigüedad, a juzgar por su citación en documentos del año 891. Entre sus construcciones, esparcidas en cuesta por la ladera, destaca la Casa de la Lledra o de la Yedra, antiguo lugar de reunión de los regidores de los Concejos del Áramo y sus estribaciones para acordar el manejo de los pastos. También cuenta con algún hórreo y una fuente de buena agua.







Desde allí seguimos subiendo entre muretes de piedra hasta desembocar en una carretera, por la que giramos a la izquierda para empezar a bajar. A los 500 m, nos desviamos por un sendero que sale a la izquierda, que desciende cómodamente por el Paraje de Valdolayés. Abajo divisamos el precioso Valle del Trubia.



Poco antes de desembocar en la carretera, nos desviamos a la izquierda por un sendero que nos ahorra medio kilómetro de asfalto. Eso sí, los últimos 800 m por el lateral de la calzada hasta llegar de vuelta al Área Recreativa no hay quién nos los quite.




Desde el punto de vista técnico, el recorrido carece de dificultad. Como he comentado, la senda del desfiladero es expuesta en algunos tramos, pero teniendo las debidas precauciones no tiene mayor peligro. Si se tiene vértigo, siempre se puede pegar uno a la pared y evitar malas sensaciones, porque el sendero es lo suficientemente ancho.
En resumen, una ruta preciosa y llena de encanto por uno de los parajes más espectaculares y sorprendentes de la Cordillera Cantábrica. Qué bonita es Asturias !!! Cuanto más voy, más me gusta.
