Entre el Macizo de los Vosgos y el Río Rin, en el noreste de Francia, se encuentra una de las comarcas más hermosas de la Europa continental, Alsacia. Esta semana os invito a conocer esta región histórica, depositaria de una singular cultura de fusión franco-germánica, que es el resultado de su soberanía alternante entre ambos países y de su peculiar ubicación cercana a la frontera con Suiza y Alemania. Para ello os propongo un viaje de 3 días, 120 kilómetros en coche y 7 rutas a pie, en el que visitaremos sus dos ciudades más emblemáticas, Colmar y Estrasburgo, y descubriremos sus interminables hileras de viñedos, sus castillos medievales y «Las Cuatro Maravillas de Alsacia»: Eguisheim, Riquewihr, Kaysersberg y Ribeauvillé. Iconos y paradas obligadas de la célebre Ruta del Vino, estos cuatro pueblos pintorescos y llenos de encanto albergan algunos de los mercadillos navideños más célebres de Europa.

El primer día lo dedicaremos a Colmar y su barrio de «la Petite Venise», el segundo a los 4 pueblos, y el tercero al Castillo de Haut-Kœnigsbourg y a Estrasburgo.

Colmar y la Petite Venise

Con un paseo de 3 h y 8 km, que incluye una pequeña travesía en barca por el Río Lauch, descubriremos Colmar, capital del departamento del Alto Rin, y su barrio de la Krutenau, apodado «La Pequeña Venecia» y famoso por sus bucólicos canales fluviales flanqueados por casas de colores y entramado de madera (ver ruta).


Eguisheim, ‘Le Ville Fleurie’ de cuento de hadas

Eguisheim es un pueblo de cuento de hadas. Su origen se remonta al año 720, cuando el duque Eberhard fundó el castillo de «Egisheim» en homenaje a su primo carnal Egino. Pasear por su casco histórico, lleno de bucólicos rincones y conformado por infinidad de casitas típicamente alsacianas, es retrotraerse a tiempos medievales. Sus calles, adoquinadas y estrechas, se disponen característicamente de forma concéntrica alrededor del centro neurálgico, el Castillo y la Capilla de San León IX. Esta estructura circular concéntrica le ha valido el apodo de «pueblo redondel» o «el anillo de Eguisheim». En 2013 fue galardonado con el título de «Pueblo más bonito de Francia» por la asociación «Les plus beaux villages de France». Asimismo, ha sido condecorado con «cuatro flores», la máxima distinción en el etiquetado de pueblos floridos de Francia (Villes et Villages Fleuris). Su vecino más ilustre fue Bruno de Eguisheim-Dagsbourg, nacido en el año 1009 y obispo de Toul, quien fue nombrado «Papa» por la Iglesia católica como León IX y más tarde santificado. El centro y los lugares más emblemáticos de Eguisheim se pueden recorrer en apenas 1 h y cuarto (2,5 km) (ver ruta).


Kaysersberg y su Castillo, la joya medieval del Valle del Weiss

En el corazón de Alsacia, rodeada de viñedos y al abrigo de los Vosgos, se encuentra Kaysersberg, una pintoresca villa medieval surcada por el Río Weiss y dominada por su precioso castillo de principios del S.XIII. Su nombre significa “Monte del César”, haciendo referencia a los tiempos en los que fue un asentamiento romano a caballo entre el epicentro de la Galia y el Valle del Rin. En el S.XIII, gracias al Rey Adolfo de Nassau, se transformó en una ciudad imperial. En la Segunda Guerra Mundial fue duramente castigada por los nazis, pero ha sido restaurada con gusto y dedicación, siendo en la actualidad uno de los pueblos más hermosos de Alsacia y “favoritos de los franceses”, galardón que obtuvo en el año 2017. Para conocerlo os propongo una ruta de un par de horas y algo menos de 5 km, que recorre su arteria principal, la Rue du Général de Gaulle, sube hasta la parte alta del castillo (cuesta un poco pero merece la pena por la vista del Valle del Weiss) y regresa por la ribera del río (ver ruta).


Riquewihr, una perla amurallada entre viñedos

Riquewihr es un pequeño pueblo medieval amurallado, rodeado por las interminables hileras de vides que tapizan el piedemonte del Macizo de los Vosgos. Ello le ha valido el apodo de «la perla de los viñedos». Su belleza y encanto, reconocida por la asociación «Les plus beaux villages de France», ha sido fuente de inspiración para Walt Disney, quien encontró en ella el modelo para crear la aldea de Bella en la película «La Bella y la Bestia». Dicho honor es compartido con otras localidades de la zona, como Eguisheim o el mismo Colmar. Es pequeñito y un paseo de 1 h bastará para conocer sus principales puntos de interés: su calle principal, también dedicada al General de Gaulle, la Torre Dolder o Torre del Campanario (Dolder-Turm), la Puerta Alta (la Porte Haute), las dos Iglesias de Santa Margarita, la protestante y la católica, las murallas, construidas entre los siglos XIII y XVI con fines defensivos, la Torre Museo de los Ladrones (Tour des Voleurs) y la coqueta Rue de la Couronne (ver ruta).


Ribeauvillé, el Pueblo de los Juglares o de los Tres Castillos

Ribeauvillé es una colorida villa ubicada a orillas del Río Strengbach. Es conocida como la «Ciudad de los Tres Castillos» por estar emplazada bajo 3 antiguas fortalezas medievales, construidas entre los siglos XII y XIV y actualmente en ruinas: Saint-Ulrich, Girsberg y Haut-Ribeaupierre.

Su atmósfera y su coqueto casco urbano están impregnados por dos elementos determinantes en su tradición cultural: el vino y la música. Por un lado, Ribeauvillé es uno de los centros de producción vinícolas más importantes de la llamada «Ruta de los Vinos de Alsacia», como queda plasmado en la Fuente del Vinatero, que recibe al visitante y data del año 1909. Y por otro lado, la ciudad fue en el medievo morada de músicos y trovadores, lo que le ha valido el apodo de el «Pueblo de los Juglares» o la «Ciudad de los Violinistas». La huella de ambos elementos, vino y música, queda perfectamente plasmada en la Estatua de los Juglares, un simpático trovador tocando la flauta al lado de una barrica de vino, que nos encontraremos al pasear por la Grand Rue. Aunque el pueblo se puede recorrer en poco más de una hora (ver ruta), si se dispone de tiempo, merece la pena hacer una ruta de senderismo de unos 10 km visitando los tres castillos y la cercana Abadía de Dusenbach.


Castillos de Haut-Koenigsbourg y de Oedenbourg (Monte Stophanberch o Staufenberg)

Emplazado en la cima del Monte Stophanberch o Staufenberg, a unos 750 m de altitud, se encuentra el Castillo de Haut-Koenigsbourg (Château du Haut Koenigsbourg), que data del S.XII y tiene el honor de ser el único completamente restaurado de Alsacia. Visitar sus estancias es retrotraerse al Medievo y desde sus ventanas y almenas se tiene una formidable vista de la Ruta del Vino, los valles y montañas de los Vosgos, la Selva Negra e incluso, en un día despejado, de los Alpes. Aunque la visita convencional arranca en la Puerta de Honor (Portail d´Honneur), es mucho atractivo partir del parque de autocaravanas que hay en la carretera de subida y hacer una pequeña ruta de senderismo de 3 km por el bosque del Stophanberch, recorrido por múltiples senderos. De esta forma podemos ver de bajada otro castillo, el de Oedenbourg, apodado el «Castillo Roquero» y que, aunque está en ruinas, es una preciosidad (ver ruta).


La Bella Estrasburgo (Casco histórico o Grande Île, la Petite France, Ribera del Río Ill y Barrio Alemán)

La guinda del pastel, la bella Estrasburgo, ubicada a orillas del Rin y una de las tres capitales de Europa. Aunque es una de las ciudades con más bicicletas y más kilómetros de carril bici del viejo continente (más de 600), la descubriremos caminando. Una circular de 7 km y unas 3 h (a ritmo sosegado) nos permitirá conocer su casco histórico (Grande Île), La Petite France, su barrio más pintoresco, la Ribera del Río Ill y el Barrio Alemán o Imperial (Neustadt). A lo largo del recorrido pasaremos por 16 puentes sobre el Río Ill y sus canales, a cual más hermoso. El paseo puede complementarse con la subida a la aguja de la catedral, 332 escalones para llegar a una terraza a 66 m de altura y disfrutar de unas vistas increíbles de la ciudad, los Vosgos y la Selva Negra (ver ruta).

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