Esta semana cambiamos radicalmente de tercio y dejamos la montaña interior para dirigirnos a una sierra del litoral coruñés, concretamente, de la Costa Ártabra. Se llama así al segmento de costa atlántica gallega intercalado entre el final de la Costa de la Muerte y las Rías Altas. Aunque el término fue acuñado por el geógrafo Otero Pedrayo, ya los romanos se referían a este paraíso costero como el “Portus Magnus Artabrorum”. Los más de 100 km de costa que engloba se pueden dividir en dos zonas bien diferenciadas. Su segmento occidental es el llamado Gran Golfo Ártabro, que engloba las rías de La Coruña, Betanzos, Ares y Ferrol, un entorno resguardado del feroz oleaje Atlántico. La parte oriental, por su parte, es un intrincado litoral que va desde el Cabo Prior, al norte de Ferrol, hasta el Cabo Ortegal y la Ría de Ortigueira. En ella se esconden los acantilados más altos de Europa, «Os Cantís de Vixía de Herbeira», con más de 600 m de caída sobre el océano.


La travesía que os propongo tiene por escenario la Costa Ártabra oriental, y une el Mirador de Punta Candieira con la aldea de Santo André de Teixido siguiendo las trazas de la Ruta de los Peiraos.
La Ruta de los Peiraos es una travesía de 14 km entre Cedeira y San Andrés de Teixido, pasando por la Capela de San Antón de Corveiro, las Garitas de Eixil y do Vilar, y los Miradores de Boca de Tarroiba y de Cortes.

Quedamos en Cedeira con los que iban a ser nuestros guías, dos enormes montañeros, curtidos en mil batallas, del Club de Montaña de Ferrol: su actual presidente, Xan Ramírez, y su miembro más veterano, Luciano Leira (81 años), gran conocedor de la zona. Nuestra idea era hacer la Ruta de los Peiraos completa, pero las condiciones meteorológicas resultaron ser peores de las previstas, así que decidimos acortarla un poco partiendo de la base (224 m) del Mirador de Punta Candieira, en el Monte Purrido. Allí se llega por una pequeña carretera asfaltada que parte de Cedeira. De entrada merece la pena subir al mirador y disfrutar de las vistas de la Costa Ártabra, pero nosotros, como había niebla densa, lo dejamos para la vuelta.

Arrancamos por un sendero que sale al otro lado de la calzada en dirección E, ascendiendo suavemente entre toxos por el Monte de Vilar, estribación septentrional de Cal Espiñeiros. Abajo dejamos el Faro de Punta Candieira (o Candeeira), inaugurado en el año 1954. El ritmo lo marca Luciano, prueba inequívoca de que, si uno se cuida y la salud lo respeta, la edad es más un pretexto que un impedimento, al menos en montaña.


Tras algo más de 1 km, bajo un cortafuegos que baja desde la pequeña aldea de Vilar, enlazamos con la Ruta de los Peiraos, que llega hasta aquí bajando desde Cal Espiñeiros. Unos 200 m más arriba, culminamos la subida en el Monte Tarroiba (378 m), cuya cara N cae abruptamente sobre Punta Balteira. Hoy, por culpa de la bruma, no se veía nada, pero en un día despejado hay una vista espectacular del segmento oriental de la Costa Ártabra y el Océano Atlántico.


Descendiendo por la falda E encontramos el Mirador de Boca de Tarroiba (308 m), desde cuya barandilla de madera nos podemos asomar al peirao que hay entre Punta Balteira y los Illotes Tarroiba.



Desde allí seguimos bajando hacia Balvís, dejando a la derecha un ramal hacia la Fonte de Vilar. Al fondo vemos la aldea de Chímparra y a la derecha Cedeira, hacia la que sale otro sendero que obviamos.






La senda, estrecha pero bien definida, sigue perdiendo altura rodeando la ensenada entre helechos y matorral.

En su extremo oriental retomamos la subida por un joven eucaliptal hasta los Prados de Arriba (249 m). Puntualmente, la arboleda se interrumpe y disfrutamos de una soberbia vista de la escarpada cara NE del Monte Tarroiba y Punta Balteira, un impresionante acantilado de más de 300 m de altura.




Pasados los Prados, divisamos ya al fondo nuestro destino, Santo André de Teixido, y de nuevo toca bajar entre espinosos toxos hasta el Porto da Cabana (225 m). Abajo vemos el Peirao de Tarroiba, plagado de pequeños islotes hasta la Punta San Domingo, y por detrás de ésta, la amplia Ensenada de Santo André.




Al llegar al Paso de Fontá, una cancela nos da acceso a un camino ancho por el que atravesamos sin desnivel el Monte Ouzal, estribación occidental de la Serra da Capelada. Se trata de un extenso pinar, entre el que es frecuente ver caballos pastando en libertad.






Saliendo del mismo, afrontamos una suave subida en la que la senda se difumina un poco entre el monte bajo hasta llegar al Mirador de Cortes, desde el que vemos abajo el peirao del mismo nombre.


Unos 400 m más adelante llegamos a Chao do Monte (359 m), coronado por unas antenas de comunicaciones. A escasos metros a mano izquierda hay un mirador ilustrado sobre la ensenada y Santo André de Teixido.




Aunque se puede bajar a la aldea por carretera, nosotros lo hicimos por el Camino de A Costa Pequena, que sale a la izquierda de aquella. La senda, señalizada con letreros del «Xeoparque Cabo Ortegal», arranca pasando por la Fonte do Peregrino y desde allí desciende con más pendiente por la ladera de As Lamas, donde encontramos un curioso milladoiro coronado por una cruz de piedra.




En Galicia se llama Milladoiros a los montículos de piedras que existen al pie de algunos caminos, resultado de la tradición de arrojar un guijarro más al montón por cada caminante que pasa. Con el paso de los años, algunos llegan a ser de gran altura. En muchos casos, sobre todo en rutas de carácter religioso como el Camino de Santiago, los milladoiros están coronados por una cruz. Antiguamente, los peregrinos se arrodillaban ante ella en señal de devoción y de ahí el término «humilladoiro», que puede venir ya de la época romana, cuando se veneraba a los dioses del camino.

Santo André de Teixido nos recibió con su bullicio habitual de los días no laborables. Viajeros y peregrinos acuden en masa a esta pequeña aldea, colgada literalmente sobre el Océano Atlántico. Algunos lo hacen simplemente atraídos por su gran encanto, otros por devoción, y la mayoría por temor a la vieja leyenda que pesa sobre ella: «a San Andrés de Teixido vai de morto quen non foi de vivo«. Dicen que así como Santiago el Mayor llegó a Compostela, aquí arribó otro discípulo, Andrés, cuya barca de pescador naufragó en unos acantilados cercanos. Jesús le recompensó con la promesa de levantar un templo en su nombre, el cual sería visita obligada para todo el mundo, ya fuese de vivo, o de muerto reencarnado en un animal. Además, convirtió su maltrecha embarcación en una gran roca, hoy conocida como la «Barca de San Andrés». El enorme atractivo de este bello rincón de Galicia radica en el misterioso halo que lo envuelve, una seductora mezcla de misticismo, superstición, magia y tradición. Al efecto hechizante contribuyen también una serie de ritos ancestrales paganos matizados por la fe cristiana. Uno de ellos tiene que ver con los «sanandresiños», unas figuras de colores elaboradas por los vecinos con miga de pan cocida, que venden a los peregrinos. Estos las echan al agua y si flotan serán acompañados de por vida con buena suerte. De lo contrario, estarán condenados al infortunio. Otra de las tradiciones es la «hierba de enamorar» (en gallego «herba de namorar«), que dicen es buena para solventar los problemas de amores.

La construcción más emblemática de San Andrés es su Santuario, de estilo gótico marinero. Se sabe que en el lugar existía ya un monasterio en el año 1162, que por entonces era patrimonio de la Orden de Malta. El templo actual data de los siglos XVI y XVII, aunque solo se conserva de la construcción original la puerta lateral y algunos murales del Martirio de San Andrés. La fachada y el campanario son de finales del S.XVIII, y el retablo es de estilo barroco En torno a él se celebran al año dos romerías, los días 8 de septiembre y 30 de noviembre.








Desde la parte alta del pueblo tenemos, hacia el O, una fantástica vista del Monte Tarroiba y el cabo que lo antecede.


Merece la pena descender unos metros hacia el mar para visitar la Fuente del Santo o «de los Tres Caños«, a la que romeros y peregrinos acuden tradicionalmente para beber y pedir un deseo. A su lado, al otro lado de un regato que se pasa por una pasarela de madera, hay un viejo Muíño.





De vuelta en el coche, el tiempo mejoró y aprovechamos para subir al Mirador de Punta Candieira (258 m), una fantástica atalaya sobre el arco ártabro.




Desde el punto de vista técnico, el recorrido carece de dificultad.
En resumen, una ruta preciosa por el litoral ártabro, con vistas grandiosas y final en uno de los pueblos costeros más hermosos de Galicia.

Agradecimientos: A Xan Ramírez y a Luciano Leira, grandes anfitriones, por su hospitalidad y por habernos mostrado los secretos de esta preciosa costa.
Descubre más detalles acerca del recorrido y de la zona en los siguientes enlaces de nuestro blog y de Wikiloc:
Del Mirador de Punta Candieira a Santo André de Teixido por la Ruta de los Peiraos (Costa Ártabra)
La ruta en Wikiloc

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