Lugares con encanto

Parque Nacional Tortuguero: la Amazonia Costarricense a orillas del Mar Caribe

El Parque Nacional Tortuguero es un espacio natural protegido ubicado en el noreste de Costa Rica, en la provincia de Limón, a orillas del Mar Caribe. Además de por su belleza salvaje, que le ha valido el apodo de «El Pequeño Amazonas» o «El Amazonas Tico», es conocido internacionalmente por albergar la playa de anidación de tortugas verdes más importante del hemisferio occidental, lo convierte en uno de los principales iconos turísticos del país centroamericano. Desde que fue declarado Parque Nacional en 1970, ha sufrido 3 ampliaciones de territorio. Actualmente cuenta con 76.937 hectáreas, de las cuales 50.284 son marinas y 26.653 son terrestres. El lugar es solo accesible por vía fluvial, marítima o por aire. El sector terrestre está cubierto por un exuberante bosque tropical lluvioso y manglares, surcados por una serie de canales artificiales y ríos que comunican el puerto de Moín, en el sureste, con Barra del Colorado, en la frontera con Nicaragua.

Esta semana os invito a conocer este maravilloso y alejado rincón del mundo y para ello os propongo una ruta doble. Primero, una travesía de 20 km en bote a motor entre La Pavona y Tortuguero, pasando por el Río La Suerte, Laguna Penitencia, San Francisco, Lagunas del Tortuguero y el Río Tortuguero. Este es el acceso habitual al Parque Nacional por vía fluvial. Y en segundo lugar, un paseo entre el Mawamba Lodge y el colorido pueblo de Tortuguero, yendo por la playa y volviendo por una senda interior, prolongación septentrional del Sendero El Jaguar.

Partimos del Embarcadero de La Pavona, ubicado en el Cantón de Pococí, a orillas del Río La Suerte, que nace en las Llanuras del Caribe Norte y después de 24 km entrega sus aguas al Mar Caribe bajo el nombre de Río Colorado.

Arrancamos en dirección E siguiendo el curso del río y enseguida nos encontramos los restos semi-sumergidos de un viejo barco abandonado.

A partir de ahí, el río surca la densa selva tropical trazando sinuosos meandros. A ambos lados podemos ver aves y animales exóticos, que convierten la experiencia en un auténtico safari fotográfico.

Tras unos 9,5 km abandonamos el Río La Suerte, que gira a la izquierda hacia la Barra del Colorado y la Laguna Samay, y el paisaje se abre en la preciosa Laguna Penitencia.

Bajo el Volcán o Cerro Tortuguero, el canal fluvial cambia su nombre por el de Lagunas del Tortuguero, cuya puerta de entrada es el bonito poblado de San Francisco.

Frente a la Isla Cuatro Esquinas desembocamos en el Río Tortuguero, que viene por la derecha desde su lugar de nacimiento en el Río Toro Amarillo. Hacia allí quedan también los Caños Chiquero y Mora, destinos habituales de otras rutas por el Parque.

Nosotros giramos a la izquierda hacia el Mar Caribe, donde el río pone fin a su cauce de 66,8 km. Enseguida avistamos Tortuguero, un pintoresco pueblo ribereño que bien pudo ser portada del antiguo album «Vida y Color«.

Un kilómetro aguas abajo pusimos punto final a nuestra travesía en barco en el Mawamba Lodge, ubicado en la Barra de Tortuguero, a medio camino entre el pueblo y el aeropuerto. Desde allí disfrutamos de una espectacular puesta de sol.

Al día siguiente partimos del complejo para realizar nuestra ruta a pie. En sus aledaños se pueden ver algunos ejemplares de animales exóticos como perezosos, iguanas o tucanes.

El Perezosofolívoro o filófago, es un mamífero placentario neotropical, endémico de las selvas húmedas de América Central y del Sur. Bautizado con uno de los Siete Pecados capitales, habita La Tierra desde antes de la desaparición de los dinosaurios. A pesar de su especial parecido con los primates, no guarda ningún parentesco con ellos, sino más bien con el oso hormiguero y el armadillo. Destaca especialmente por su extrema lentitud y por su facies alegre, que simula una sonrisa permanente. Pasa el 90% de su vida en los árboles, de los que solo baja una vez por semana para hacer sus necesidades. Es prácticamente ciego a la luz del día y daltónico. Su dieta a base de hojas es muy poco energética, pero la compensa reduciendo al máximo sus necesidades metabólicas con su parsimonia y 10-15 horas diarias de sueño reparador. Su pelaje es un microcosmos viviente, que alberga algas, insectos, bacterias y hongos. Mantienen una relación simbiótica especial con las algas clorofíceas, que les proporcionan alimento y les ayudan a mimetizarse con el medio y escapar de los depredadores. Son extremadamente fuertes, muy buenos nadadores y suelen vivir entre 10 y 20 años. Actualmente existen 6 especies de perezosos, que se pueden clasificar en dos géneros en función del número de dedos de sus manos: Bradypus (3 dedos) y Choloepus (2 dedos). En las patas traseras todos tienen 3 dedos.

Desde allí pasamos a la Playa de Tortuguero, famosa porque a ella acuden anualmente, entre los meses de junio y octubre, más de 100.000 tortugas a poner sus huevos. Concretamente, 4 especies de tortugas: la Tortuga Baula o Laud (Dermochelys coricea), la Cabezona (Caretta caretta), la Carey (Eretmochelys imbricate) y la Tortuga Verde (Chelonia mydas). De ellas, la más especial es la Tortuga verde, una especie en peligro de extinción que debe su nombre al color de su grasa y no al de su caparazón. Su peso medio oscila entre los 75 y los 200 kg, y sus aletas pueden llegar a medir un metro de largo. Tortuguero es el lugar de desove de la tortuga verde más importante del hemisferio occidental. La curiosa vida de esta singular criatura está marcada por el hecho de que, tras vagar por los océanos durante años, son capaces de regresar a desovar a la misma playa en la que nacieron. Lo sorprendente de este largo y apasionante viaje, que puede ser de hasta 2600 km, es que lo llevan a cabo sin GPS y con la única ayuda de su sinigual sentido de la orientación.

Tras recorrer unos 1300 m por la orilla del Caribe norte, nos desviamos a la derecha para entrar en Tortuguero, un pequeño pueblo lleno de contrastes y con una historia relativamente corta.

La comunidad de Tortuguero fue fundada en los años 30 del siglo pasado por una familia colombiana de San Andrés, que se desplazó allí para exportar coco y tortugas marinas. En los años 40 experimentó una notable expansión demográfica, fruto de la instalación de empresas americanas dedicadas al comercio de la madera. Para facilitar el transporte de la misma, por esa época se construyó una importante red de canales, hoy convertidos en reductos de biodiversidad. Actualmente, el pueblo cuenta con unos 580 habitantes, en su mayoría dedicados a la actividad turística y a la pesca. Su singular enclave en la Barra de Tortuguero, una estrecha franja de tierra estrangulada entre el Mar Caribe y el río Tortuguero, y el hecho de no ser accesible por vía terrestre, lo convierten en un lugar aislado de la civilización. Lo primero que llama la atención cuando uno entra en Tortuguero es su llamativo colorido. Su gente es alegre, disfrutona, abierta, amante del fútbol, de sus fiestas y de sus tradiciones religiosas. Abundan los niños y escasean los ancianos. La diversa procedencia de sus pobladores ha derivado en un importante mestizaje. Hay ticos, afrocaribeños (en su mayoría jamaicanos descendientes de inmigrantes del África negra que llegaron aquí como esclavos), nicaragüenses y también algún norteamericano, australiano y europeo. Sus en torno a 145 casas parecen hechas de retales y a pesar de sus vivos colores, destilan pobreza, al menos con la mirada occidental.

Su embarcadero principal, llamado de La Culebra por la famosa discoteca que hay al lado, está en el centro y acoge los botes que llegan de La Pavona. Es una puerta al mundo, pero que por desgracia solo se abre en una sola dirección, la de los turistas que acuden a ver las tortugas y a sacar una foto de la más bella puesta de sol. Para los de dentro, carentes de oportunidades, está lamentablemente cerrada.

Su calle principal es luminosa, animada y llena de vida. No faltan las tiendas, en las que por cierto se sigue fiando, los animados bares y restaurantes, y por supuesto, las flores.

Al final de la misma está el otro embarcadero, conocido como el de Los Pájaros por las llamativas estatuas del tucán y el guacamayo, y ligeramente a la derecha, la escuela.

La vuelta la hicimos por un sendero interior paralelo a la playa, acompañados por alguno de los muchos perros que vagan por el pueblo, sorprendentemente bonitos para ser callejeros, pero que por desgracia suelen comerse los huevos de tortuga y atacar a los perezosos.

Descubre más detalles acerca del recorrido y de la zona en los siguientes enlaces de nuestro blog y de Wikiloc:
De La Pavona a Tortuguero por el Río La Suerte y Laguna Penitencia (Parque Nacional Tortuguero, Costa Rica)
La ruta en Wikiloc

Una vuelta por la Barra de Tortuguero
La ruta en Wikiloc

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